Se cumplen 40 años del Navarrazo, único ejemplo de golpe policial en la Argentina. O mejor deberíamos decir golpe cívico-policial. Fue un golpe de Estado provincial, que aquel 28 de febrero de 1974 derrocó al gobierno popular de Ricardo Obregón Cano y Atilio López.
No fue algo aislado. Otros gobiernos provinciales populares, vinculados a la izquierda peronista. En Buenos Aires Oscar Bidegain fue obligado a renunciar el 24 de enero, un mes antes del Navarrazo. Luego en junio, en Mendoza le dieron un golpe legislativo disfrazado de juicio político a Alberto Martínez Vaca. Y después de la muerte de Perón, su esposa devenida en presidenta, Isabelita, intervino primero la Santa Cruz de Jorge Cepernic el 7 de octubre y más tarde la Salta de Miguel Ragone el 23 de noviembre.
A 40 años de aquel hecho, es más vigente que nunca la experiencia que debería servir para el presente y el futuro. Porque lamentablemente tenemos la misma Policía que la que dio aquel golpe de Estado, tan antidemocrática y tan antipopular como en aquel entonces. Y porque los exponentes del establishment político argentino también son tan reaccionarios como entonces. De hecho, desde la derecha peronista, desde algunos sectores del radicalismo y sobre todo desde la prensa hegemónica, se habla sin ningún pudor ni empacho de una “posible salida anticipada” de la presidenta. Casi como una expresión de deseo.
Algo parecido está pasando en otros lugares del mundo, donde el mismo espíritu golpista de hace 40 años se repite, quizá con otros métodos y por otras causas.
En Venezuela la oposición no acudió a la conferencia por la paz convocada por el presidente Nicolás Maduro. Eso es una clara muestra de que el único objetivo de la oposición venezolana es la destitución del presidente. Esa es la oposición golpista que tanto festejan Ernesto Sanz, Julio Cleto Cobos, Oscar Aguad, Macri, Massa y compañía.
En Ucrania, el golpe tuvo éxito y esta semana destituyeron a Víctor Yanukovich, ahora exiliado en Rusia. Si en Venezuela los motivos del Imperio para apoyar el golpe son principalmente ideológicos, en Ucrania son de real politik. En el fondo, hay una pelea de pesos pesados entre Estados Unidos y Rusia, que van tomando distintos escenarios, puede ser Siria, puede ser Ucrania. La Unión Europea, devenida en vergonzoso apéndice del Imperio, hizo el trabajo sucio en este caso. Y le mojaron la oreja al Oso Blanco que ahora está reaccionando en Crimea, de mayoría étnica rusa, donde se está al borde de una verdadera guerra civil por la secesión de esa península sobre el Mar Negro. Se trata de una zona geoestratégica importantísima, donde Rusia mantiene una flota entera y que no está dispuesta a ceder.
En Tailandia, la oposición a la primer ministra Yingluck Shinawatra, mantiene en vilo al país con protestas violentas y tomas de edificios públicos. Aquí, en cambio, el motivo principal son las acusaciones de supuesta corrupción por parte de Yingluck y de su hermano mayor Thaksin Shinawatra, quien fuera derrocado por un golpe militar en 2006. La oposición mantiene las protestas violentas que ya han dejado más de 20 muertos, pero su único objetivo, igual que en Venezuela y en Ucrania, es la renuncia de la primer ministra. Incluso hubo elecciones el pasado dos de febrero, elecciones que fueron boicoteadas por la oposición.
Definitivamente hemos entrado en la era del neogolpe, golpe bando o golpe suave. Golpes que a veces de suaves no tienen nada, como en estos tres casos nombrados. Pero si que son muy distintos a los de hace 40 años, como fue el Navarrazo, con tanques en la calle. Hoy, los golpes se dan con las ONGs y con los medios de prensa hegemónicos, manipulando a sectores de la población.
Luego del Navarrazo, vino la intervención de Córdoba con Lacabanne y comenzó a actuar en esta provincia el Comando Libertadores de América, versión local de la Triple A. Por consiguiente, el terrorismo de Estado comenzó mucho antes del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976. De hecho, en Córdoba ya se había perpetrado un golpe dos años antes.
¿Para qué? Primero para terminar con la experiencia de un gobierno popular por fuera del Partido Cordobés. Luego para experimentar el terrorismo de Estado antes que a nivel nacional. Y por último y quizá lo más importante, para disciplinar a la clase trabajadora cordobesa, una de las más concientizadas y politizadas de Latinoamérica. Esa clase obrera cordobesa estaba encabezada por el sindicalismo legalista de la UTA de Atilio López, el sindicalismo independiente de Luz y Fuerza con Agustín Tosco y el sindicalismo clasista del SMATA con René Salamanca. El resto de los sindicatos grandes del país estaban en manos de la corriente ortodoxa, mejor llamada burocracia sindical. Y el Navarrazo sirvió para poner orden en Córdoba, lo cual se traducía en una lección ejemplarizadora para el resto del sindicalismo y del pueblo trabajador en Argentina.
Salvando las distancias, y con sus enormes diferencias entre sí, Venezuela, Ucrania y Tailandia también son naciones que por distintos motivos han mostrado que no siguen al rebaño occidental en torno al Imperio. Por eso es necesario disciplinarlas, y que también se constituyan en una lección ejemplizadora para el resto del mundo.
Mariano Saravia.
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El golpe en el mundo, como hace 40 años acá
El analista Mariano Saravia, al cumplirse 40 años del Navarrazo, único caso de golpe policial en Argentina, reflexiona sobre distintas metodologías destituyentes.