La elección de Andrea Sofía Haudet como reina de la Vendimia generó un conjunto de repercusiones sobre las que vale la pena reflexionar.
Está abierta la discusión sobre la axiología que supone elegir una reina, básicamente, por su belleza física. También se polemiza sobre la naturaleza de la fiesta. No entraré en estos debates.
La Fiesta de la Vendimia y la elección de la reina, como todos aquellos eventos que involucran profundamente al pueblo, a las tradiciones, a los símbolos colectivos tienen vastas implicancias en la construcción de los discursos sociales.
Al día siguiente de la elección de Sofía apareció la noticia de que “sería” militante de una agrupación kirchnerista.
Preguntada, vaciló o se contradijo. ¿Cómo no vacilaría una chica joven inquirida, más, “acusada” de militante y para colmo kirchnerista? ¿Cómo no lo haría ganada por la sorpresa en ese momento en que se le anuncia su acusación?
Los hechos nunca son sólo los hechos. En las sociedades la verdad de los hechos tiene que ver con la interpretación postulada, con los instrumentos de legitimación.
Que un cronista “acuse” a alguien de militar en una agrupación kirchnerista no es una novedad. Antes existieron otras acusaciones. Épocas más rigurosas aún. Ser anarquista o comunista a fines de siglo XIX o inicios del siglo XX en Argentina podía suponer cárcel, deportación, persecuciones, torturas.
A lo largo de la historia las acusaciones variaron. Hoy está claro qué produce escozor al poder: un/a kirchnerista.
Lo vivieron también yrigoyenistas, peronistas, socialistas.
Al paroxismo se llegó durante la última dictadura. El sambenito de subversivo utilizado por alguno de los medios que revuelve este estofado suponía, ése sí, un viaje de ida. Todavía estamos conociendo esos casos a través de los juicios.
Apenas tomado el control por la Junta Militar en marzo del ’76 se creó una “Oficina de Lectura Previa”. Claro, el órgano de la censura. Cada medio gráfico debía mandar previo a su publicación todo su material. Funcionó un mes. La censura no era necesaria.
Así funcionaron estos discursos sociales y sus enunciadores.
Hay grados por supuesto. El pasaje a la acción siempre es un límite. Pero de ninguna manera es admisible pensar que el decir va por un lado y el hacer va por otro. Fue la cobertura mediática (mejor, el impulso mediático) el que llevo a militares a cometer genocidio.
El nombre más explicativo de este patrón de legitimación de la persecución política es macartismo.
Y detrás de las preguntas a Sofía, en el modo de presentar las respuestas, en los títulos y en las insinuaciones hay un viejo, tradicional, un siempre vigente, macartismo.
Afortunadamente han reaccionado muchísimas personas que se dan cuenta de la feroz injusticia que se comete con una chica a la que se somete a semejante presión y ataque.
También se “culpabiliza” la militancia.
La militancia es tan diversa y heterogénea que cuesta encerrarla en un mismo concepto.
Hay quien milita, como aparentemente lo hacía Sofía, recorriendo barrios humildes, organizando ayuda social y hay quien lo hace desde lo intelectual-discursivo. Merecen aquí destacarse los comentaristas de las notas en los diarios electrónicos, verdaderos militantes semióticos apasionados. Ellos, antes que nadie, saben cuánto peso tienen sus intervenciones desde una perspectiva militante.
Evidentemente hay un problema cuando el argumento de la militancia se convierte en una descalificación radical.
mariab | 10/03/2014 | 21:21 hs
#63
1. TIENEN NECESIDAD DE QUEDAR TAN EXPUESTOS CON UN FRAUDE EN LA ELECCION DE LA REINA DE LA VENDIMIA....LA CORRUPCION EN TODOS LOS NIVELES ....ESTA MILITONTA K QUE HASTA TIENE FALSO EL COLOR DE LOS OJOS LO QUE DEBERIA HACER SI TIENE DIGNIDAD ES RENUNCIAR...
catinimonte | 10/03/2014 | 12:51 hs
#29
1. MAS BASURA K
2.
Esta línea de exposición es un problema que tenemos solucionar como sociedad. Muestra varias cosas, una de ellas el injusto ataque recibido por Sofía, otra la responsabilidad social de medios y periodistas.
La defensa y universalización de los Derechos Humanos nos permite imaginarnos un horizonte de paz, deberíamos tratar de preservar las reglas mínimas de convivencia para no poner en riesgo lo más valioso que tenemos. Este episodio también se trató de esto.
Carlos Almenara