El oso Arturo y el papel de nuestros zoológicos

¿Cuál es la función de los zoológicos? ¿Qué tipo de especies deberían albergar? Algunas preguntas que responde un científico.

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

La última e intensa ola de calor provocó muchas reacciones novedosas en nuestra fauna. Desde ataques feroces de palometas y tarariras a bañistas en Santa Fé y en Misiones hasta muertes masivas de sábalos en los Lagos de Palermo. Pero también fuimos testigos del sufrimiento, por el intenso y sostenido calor, de un oso polar llamado Arturo en el Zoológico de Mendoza. Esto fue en parte debido a la falta de infraestructura adecuada para mantener un animal proveniente del Ártico en la Región Cuyana. Los osos polares pueden vivir hasta los 30 años aproximadamente. El oso Arturo cumplirá 29 años en noviembre y lleva 21 viviendo en Mendoza.

No es el primer oso polar que sufre los avatares de un cautiverio de baja calidad. En diciembre de 2012 el oso polar Winner del Zoo porteño murió, a sus 16 años, a causa de una hipertermia debido a las altas temperaturas, agravada por la pirotecnia de esa Nochebuena. Estos tristes sucesos nos llevan a hacernos algunas preguntas:

(1) ¿Cuál es la función de los Zoológicos? (2) ¿Qué tipo de especies deberían albergar? (3) ¿Dada la coyuntura, fue correcta la decisión del Zoológico de Mendoza de no trasladar a Arturo a una Reserva en Canadá? (4) ¿Por qué la insistencia de las organizaciones ambientalistas internacionales con la campaña a favor del traslado?

Desde la antigüedad, gobernantes de países tan diversos como Egipto y China han tenido colecciones de animales cautivos, pero el concepto de parque o jardín zoológico, en el que los animales cuentan con una cierta libertad de movimientos, es más reciente.

Los primeros parques zoológicos modernos fueron la Casa Imperial de Fieras establecida en Viena en 1752 e inaugurada al público en 1765, y el zoo creado en 1793 en conexión con el Jardín Botánico de París. El parque zoológico de Regent's Park, en Londres, fue creado en 1828 por la Sociedad Zoológica de Londres.

El zoo más antiguo de los Estados Unidos fue inaugurado en el Central Park de Nueva York en 1864. Nuestro Zoo Porteño tuvo entidad propia un 30 de octubre de 1888, si bien desde 1875 formaba parte del Parque Tres de Febrero. La función original de estos Zoológicos era meramente de exhibición de animales. A medida que fue avanzando la historia se fue tomando conciencia de que estos espacios además eran importantes también como áreas de conservación, de educación y de investigación científica. Como Zoológico modelo en la actualidad podemos mencionar al de San Diego, California que lleva adelante muchos proyectos de investigación de altísimo nivel y posee una infraestructura de excelencia. En nuestro Zoo Porteño tenemos, entre otros, el exitoso proyecto para la cría y repoblamiento de cóndores en la Cordillera de Los Andes. También tenemos la Fundación Temaikén (Acuario y Zoológico) que estudia, registra y comunica información relevante sobre biología general, manejo, enfermedades, asistencia médica, reproducción y nutrición en especies amenazadas para aplicarlo en decisiones de conservación. Si bien es cierto que a muchos ciudadanos la primera impresión que le dan los Zoológicos es de rechazo, debido al cautiverio de los animales, es imperioso informar a la población acerca de las investigaciones que se realizan en los mismos y de sus resultados para empezar a revertir esta imagen. Es también importante acrecentar los vínculos entre los Zoológicos, los institutos de investigación del Conicet y las Universidades Nacionales para poder permitir el desarrollo de proyectos de investigación y tesis doctorales con el fin de incrementar el conocimiento sobre nuestra fauna, mejorar su hábitat en las condiciones de cautiverio, trabajar fuertemente en lograr la reproducción de los animales que se mantienen en estos sitios y apuntar a proyectos de repoblamiento en distintas regiones del país.

Esto no justifica para nada que por falta de infraestructura, carencia de recursos y negligencia los animales deban sufrir situaciones estresantes que los lleven a enfermar o morir y por eso la segunda pregunta apunta a qué especies debe haber en un Zoológico.  El modelo ideal de Zoológico sería aquel que tenga una mayor proporción de especies autóctonas de la región que representa y de las cuales se investigue su biología, su salud y su reproducción ligada siempre a posibles proyectos de repoblamiento para el caso de especies vulnerables y amenazadas. También sería necesario contar una proporción de especies exóticas vistosas, es decir de otras regiones, que sean atractivas para los visitantes en tanto y en cuanto se cuente con la infraestructura y los recursos humanos y económicos para lograr el bienestar de estos especímenes.

Para finalizar quiero destacar que considero sumamente razonable y valiente la decisión de la junta de veterinarios de los zoológicos de Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Temaiken, Uruguay y de la reserva de Canadá, que estuvieron reunidos en Mendoza y coincido con ellos en el riesgo de vida de someter a un animal de tan avanzada edad a un viaje tan largo que además del estrés implicaría la aplicación de altas dosis de anestesia para mantenerlo sedado muchas horas para finalmente lograr una difícil adaptación a un nuevo hábitat. Debemos ser cuidadosos con las presiones que a veces ejercen las organizaciones ambientalistas internacionales, aprovechándose del impacto mediático de ciertas noticias, y de la previsible sensibilidad de la ciudadanía ante el sufrimiento de un animal.

Algunas de estas organizaciones promueven siempre sus acciones, consignas y slogans utilizando animales grandes y vistosos como las ballenas, las focas, los yaguaretés y, en este caso, los osos polares. Es claro que de haberse producido el traslado estas organizaciones hubieran adquirido mucho prestigio por su “presión salvadora” y seguramente hubieran recibido grandes donaciones de muchos ciudadanos bienintencionados. Pero por suerte esta vez la palabra de los médicos veterinarios, su conocimiento académico, su experiencia y una decisión tomada desde la ciencia y no desde el golpe mediático, evitó que se realice un traslado irresponsable. Resta esperar ahora que el Zoológico de Mendoza mejore el hábitat del oso Arturo para que este añoso animal termine sus días de forma digna y con el mayor bienestar posible.

*Matías Pandolfi es biólogo e Investigador del Conicet. Profesor de la UBA.