Esa mañana mi viejo vino muy temprano a nuestra pieza a despertarnos. Lagrimeaba.
-Mataron a John Lennon. Un loco. En Nueva York.
Mi primo Cuqui, que se había quedado a dormir y que tenía nada más que seis años, preguntó, queriéndose hacer el gracioso:
-¿A quién? ¿A Juan Limón?
Era una tragedia. Salté de la cama. Me senté en la mesa de mimbre del living y puse Piedra Libre, el programa que tenía Juan Alberto Badía en Radio Del Plata, en un radio grabador JVC. La vieja Hebe que trabajaba en casa me trajo un tazón de café con leche. Grabé todas las canciones que pasaron en un casette TDK de noventa minutos. Ya estaban difundiendo los temas del disco nuevo de Lennon que no iba a salir en Argentina, Doble Fantasía, pero que terminó saliendo, por cuestiones obviamente comerciales.
También me acuerdo que ese día estaba invitada al programa China Zorrilla y que le preguntaron qué tema de Lennon más le gustaba y que dijo Penny Lane. Era de Mc Cartney, pero esa mañana no importaba. Eran los Beatles y lo pasaron igual y yo apreté play y REC a la vez.
Ya de pibitos mis viejos nos habían inculcado el gusto por los Beatles. Un domingo a la mañana mi vieja me llamó desde su pieza.
-Rodrigo. ¿Nos traerías el desayuno a la cama?
-No- contesté calentito desde mi cama.
-¿No? Mirá que hay premio, eh.
Estaban desesperados por hacer que laburara en casa. No movía un dedo, no ayudaba en nada. (Hoy, mi mujer me recrimina exactamente lo mismo).
Dudé, pero seguí incólume en mi cama, la de arriba, la alta de las dos camas marineras.
Entonces el que preguntó fue mi viejo.
-¿Gonza? ¿Nos traés el desayuno vos?
Gonzalo, mi mellizo, se levantó. Y les llevó el café con leche y las tostadas con mermeladas. Y se ligó de premio el LP Rubber Soul, nada menos.
Pero ese disco fue patrimonio de toda la familia. Lo gastamos de oírlo tantas veces en el living en nuestro tocadiscos Winco, que tenía un parlante metálico de esos que si te acercabas como que te picaba.
Sigue siendo, si me apurás, mi disco favorito. Es el disco en que los Beatles van hasta la yugular con la música negra americana: el soul pero también el country y el folk. Está lleno de soul desde el tema uno: Drive my car, pero también con You won´t see me, y está ese soul divino que es de Lennon y se llama The Word, un lado b de los Beatles que entre tanta belleza pasó desapercibido. Y hay la parte country/ folk (I´m looking trough you, what goes on?, Run fur your life). Y hay un coqueteo con la cultura sureña yanqui hasta en las pilchas, con esas fotos de Harrison de cowboy en la contratapa. Y está la marca de otro americano, la marca Dylanesca en las letras. Dylan los había cagado a pedos por no aprovechar el idioma y les había pedido que se jugaran más con lo autobiográfico. Lennon recogió el guante al toque y escribió canciones muy Dylan, como Madera noruega, también un himno folk, muy personales y hasta casi literarias. Y Dylan, sarcástico como pocos, al sentir que Madera noruega parecía casi una canción de él (por la letra pero también por el sonido acústico y también por el ritmo, el famoso 6 por 8 que era su marca) casi que le plagió Madera noruega en Blonde on blonde, y les hizo una broma con 4th time around (escúchenla, la música es casi exacta) y no se fueron a las manos con Lennon de pedo.
Después en casa compramos Abbey Road pero en cassette y también lo gastamos de tanto escucharlo. En algún momento clave de nuestra vida descubrimos que hay discos de los Beatles que, sacándole uno de los dos lados al balance, antes de que se inventara el Karaoke, desaparecían las voces y quedaba solo la música. O sea que podíamos cantar arriba. O sea, que mi mellizo Gonza o yo hacíamos la primera voz, la líder y mi hermano Mariano o Coty cantaban las segundas. Eramos re pendejos, pero ya armonizábamos. Eso, en fútbol, se llama jugar de memoria. Teníamos un talento que no sabíamos que teníamos y una década después íbamos a empezar a ganarnos la vida haciendo lo que hacíamos como un juego en nuestra pieza de la calle Lincoln, tirados contra el piso de baldosas bordó, sacándole uno de los dos lados del estéreo a un grabador barato de botones anchos.
Así que si nosotros ya teníamos en casa una matriz fuertemente beatle, bueno, la muerte de John Lennon, a los doce años de los mellizos, a los diez de Mariano y a los ocho de mi hermana Coty terminó fanatizándonos más. La casa de Francia 3377 fue desde entonces otra filial de Strawberry Fields. Si repaso los nombres de mis bandas me sonrojo: La Banda de los Corazones Solitarios y Ella es Tan Cargosa. Y, en el medio, el nombre del Juan Alberto Badía flameando aún entre nosotros.
Ese verano no fuimos a Gesell sino que viajamos en Tandem con otras familias (Los Caratti, los Santisteban y los Alvarez Noble) a Brasil y después a Uruguay. Era enero de 1981 y la banda de sonido de ese viaje fueron el Album Rojo, el Album Azul y ese disco amarillo que había muy hábilmente sacado Canal 7 (entonces llamado por los milicos ATC, Argentina Televisora Color) con las caritas de los cuatro Beatles dibujados, con veinte número uno de los cuatro de Liverpool, que calculo, en ese entonces, tiene que haber rozado el millón de copias.
La historia es conocida. John Lennon venía de cinco años sin sacar un disco ni tocar en vivo. Estaba retirado del mercado y volvía con todo. En Estados Unidos lo daban casi como una ex figura, como un acabado.
Lennon había escuchado en su departamento el funk bailable "Coming up", el single inolvidable del olvidable Mc Cartney 2 de su ex compañero Paul y se había vuelto loco con esa canción y había decidido que era hora de volver.
En la Argentina embrutecida de los militares también se consideraba a Lennon un artista fuera de catálogo y ni se lo pensaba editar. Un loco de mierda iba a cambiar todo.
Doble Fantasía hubiese sido un discazo si Lennon no se hubiese empecinado en sacar solo siete y no catorce temas suyos; y no en intercalar esas canciones con otras tantas de su mujer, Yoko. Yo no la odio y, con las años, la banco a full. Eso sí: no me pidan que la escuche. Con suerte, puedo fumarme una vez cada tanto de ese disco Kiss kiss me love, y hasta por ahí nomás. Mis amigos más fanas hasta se le animan y lo oyen completo con temas de Ono y todo. Yo la salteo.
Las otras siete canciones que Lennon no decidió terminar quedaron inconclusas, demeadas y fueron luego publicadas en Milk and honey. Hay varias perlas, como Grow old with me, Borrowed time o Nobody told me. Era un disco perfecto de catorce bellezas, pero Lennon estaba de vuelta y dejó su ego de lado para complacer a su mujer, que tanto se lo había fumado, que tanto lo había empujado desde los pastizales de la banquina para traerlo otra vez a la ruta de la música y del trabajo saludable.
Ese Lennon de jeans y campera de jean, aparentemente calmo, que camina New York con el aplomo que se supone que da la madurez, ese Lennon de los cuarenta pisando lo más pancho el Central Park es algo que compro y que va de la mano con el Lennon que escuchamos en Doble Fantasía. John supo plasmar unas canciones fabulosas en ese disco. Y entre esas siete canciones de están nada menos que (just like) Starting over, Woman, Beautiful boy, I´m losing you o Watching the weels. Supongamos –me gusta jugar a suponer- que Lennon no fue Lennon, y que solo compuso esas canciones (y no Imagine, ni Revolution, ni In my life, ni Help, All you nees is love, Strawberry fields, ni Jealous guy ni nada). Cualquier compositor en la tierra estaría justificado sólo con esas maravillas. Cualquier cantante nuevo ganaría todos los Grammys cantando como cantó ese señor de cuarenta pirulos en ese disco. Cualquier artista del mundo hubiese merecido todos los premios del planeta por haber escrito esa oda a la mujer como es Woman.
Se cumplen treinta y cuatro años desde aquella mañana en que mi viejo entró a mi pieza y mi primo Juan Cruz dijo lo de Juan Limón. Es una parva de tiempo. Es casi la edad que tuvo Lennon no al morir, sino al dejar de hacer discos y los escenarios.
El sábado escuchamos ese disco en la versión Naked: el mismo disco, pero con la voz al frente, bien al palo y casi sin efectos. Mamita. Cómo canta ese muchacho. Como nuestro Carlitos Gardel, pasa el tiempo y cada día canta, pero también escribe y compone mejor.
Por Rodrigo Manigot (cantante y compositor de la banda Ella es tan cargosa)