El principio del fin en un solo acto. Y no es esto apocalíptico, ni faccioso, ni ninguna otra cosa que quiera mal interpretar alguno de los sectores involucrados.
La Ultra Maratón Aconcagua, programada desde hace más de un año, acaba de fracasar. No digo de finalizar, que sería distinto si se hubiera podido realizar en un ámbito de respeto y sin mezquindades político partidarias, gremiales, coyunturales, etc.
El principio de un interesante desarrollo turístico en la actividad de las maratones de montaña, como se realizan en todas partes del mundo se vio tristemente empañada, no por un problema climático, que lo hubo y de los duros, sino por la falta total de previsión y toma de decisiones adecuadas antes que sucedieran los lamentables hechos que ocurrieron en el Parque Provincial Aconcagua producto de la desidia, irresponsabilidad e ineficiencia en la gestión pública
Un Parque que es de todos, no solo de los mendocinos o de quienes allí trabajan, es un Parque universal, donde en esta oportunidad hubiéramos tenido la gran posibilidad de proyectarnos al mundo y demostrar que los argentinos somos capaces, respetuosos y “un país con buena gente”. Pero una vez más mostramos la hilacha y sin necesidad de buscar culpables a diestra y siniestra nos encontramos con un estado sobredimensionado en casi todos sus aspectos, excepto en el del sentido común, del dialogo, del consenso y el respeto.
Aquellos que tomamos la montaña como una filosofía de vida y una buena razón para vivir, sentimos vergüenza ajena, desazón, impotencia, frustración y mucha pena. Aquellos que intentamos cumplir con nuestras obligaciones en la medida que esta triste realidad nos permite, que apostamos al desarrollo de zonas postergadas, pero de un gran potencial y que nos ofrezca la posibilidad de continuar brindando cada vez mejores servicios a quienes esperan recibir de Mendoza lo mejor, nos vemos estafados una vez más por nuestros gobernantes, quienes con su habitual soberbia minimizan los reclamos, sean estos de quienes fueren, sean gremios o simplemente ciudadanos preocupados y convencidos que todo puede y debe ser mejor.
Y por ello el inicio de un gran desafío como el que se vio truncado para siempre, era una nueva posibilidad. Pero no fue. Y todos perdimos: los participantes argentinos y del resto del mundo, el gobierno, los gremios, los comerciantes, la actividad turística, la población, la imagen de “un país con supuesta buena gente”.
¿A dónde vamos con esta carrera de mediocres, inescrupulosos, ineptos e insensibles? Nuestras provincias vecinas agradecidas por tanta generosidad, el mundo del deporte, la cordura y el progreso indignados y con una pena irreparable.