"Todos somos americanos": EEUU y Cuba abren un nuevo capítulo

Aun cuando el duro embargo se mantiene tras el primer contacto político directo al más alto nivel desde 1961, muchos respiran ahora aliviados en ambos países.

 Rara vez sucede que una llamada de teléfono entre dos políticos genera una decisión histórica. Pero eso fue exactamente lo que sucedió en la conversación del martes entre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su homólogo en Cuba, Raúl Castro: ambos dieron un enorme paso político tras más de 50 años de tensas relaciones entre ambos países.

Durante casi una hora hablaron el martes por teléfono Obama y Castro rodeados de sus principales asesores en las residencias presidenciales. Cuando ambos hablaron ante las cámaras a la misma hora exacta, las emisoras de televisión ofrecieron una imagen inusual, casi imposible e impensable hace sólo unas horas: a un lado de la pantalla, el jefe de Estado de Cuba en uniforme militar verde olivo; en el otro, el presidente de Estados Unidos con traje oscuro y bandera de su país en la solapa.

Fue casi una rueda de prensa conjunta, sólo que estaban separados por 1.800 kilómetros en línea recta.

Washington y La Habana quieren normalizar paso a paso sus relaciones. Están previstos en los próximos meses la apertura de una embajada estadounidense en la capital cubana y un encuentro diplomático al más alto nivel.

Los estadounidenses ya no tendrán que justificar visitas de familia, proyectos de investigación o eventos religiosos para poder volar a la isla. Ya se podrá pagar con las tarjetas de crédito estadounidenses y llevar de vuelta a casa tabaco y ron por un valor máximo de 100 dólares.

Especialmente satisfecha está la familia del contratista Alan Gross, que tras cinco años en una prisión cubana volvió a casa junto a un espía estadounidense y a cambio de tres de los llamados "Cinco" espías cubanos que aún estaban encarcelados en Estados Unidos.

Ambos países han estado enfrentados desde el triunfo de la revolución y la toma de poder de Fidel Castro en 1959. Su giro al comunismo condujo a que Estados Unidos implantara un embargo económico y comercial total a partir de 1962 para tratar de aislar al gobierno de la isla .

La fracasada invasión de Bahía Cochinos en 1961, liderada por exiliados cubanos con ayuda de agentes de la CIA, marcó el punto más bajo de la relación entre ambos países. Poco después le siguió la Crisis de los Misiles soviéticos instalados en la isla, que casi condujo al mundo a una guerra nuclear.

En 1977 se retomó cierto contacto con ayuda de Suiza. Hasta hoy la Sección de Intereses de Cuba en Washington está formalmente instalada en la embajada del país europeo, lo mismo que la Sección de Intereses norteamericana en La Habana.

Tras las reformas económicas de mercado aprobadas por Cuba, Obama levantó en 2009 ciertas prohibiciones. Y gracias a la mediación del papa Francisco y al apoyo de Canadá, ambos países se fueron acercando. El diario "The New York Times" iba publicando en las últimas semanas una serie de editoriales que permitían reconocer que algo se movía entre bambalinas.

"Si una política estadounidense ha alcanzado la fecha de caducidad, ésa es la relacionada con Cuba", comentó hoy un representante del gobierno en Washington.

"Esta decisión del presidente Obama merece el respeto y reconocimiento de nuestro pueblo", reconoció por su parte Raúl Castro en su discurso.

"Desde mi elección como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, he reiterado en múltiples ocasiones nuestra disposición a sostener con el gobierno de los Estados Unidos un diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana", dijo también Castro al iniciar su intervención.

En su discurso de 15 minutos, Obama cambió de idioma y aseguró en español: "Todos somos americanos".

Ambos se encontrarán en la esperada Cumbre de las Américas a mitad de abril del próximo año en Panamá. La Casa Blanca confirmó que Obama estará el 10 y 11 de abril en una cita para la que Castro ya anunció presencia. Será la primera vez que haya un encuentro oficial en décadas tras el rápido apretón de manos en 2013 con motivo del funeral por la muerte de Nelson Mandela en Sudáfrica.