Arde Estados Unidos

La potencia mundial desnuda a pleno sus desigualdades sociales.

Con epicentro en Ferguson, la violencia racial se expande por todos los Estados Unidos. La llama volvió a prenderse en ese suburbio de San Luis, capital del estado de Misuri, cuando el lunes la Justicia de ese estado decidió no enjuiciar a Derren Wilson, el policía blanco que el 9 de agosto pasado asesinó de seis balazos, dos de ellos en la cabeza, a Michael Brown, un joven de 18 años que estaba desarmado y cuyo único pecado era ser afroamericano.

A partir de esta decisión de dejar impune al asesino policial, volvió a explotar la olla a presión que de vez en cuando se destapa en Estados Unidos. En la noche del lunes los manifestantes incendiaron varios negocios y autos en Ferguson, pero luego la ciudad fue totalmente ocupada por la policía y por la Guardia Nacional, una fuerza militar manejada por cada estado. Entonces, desde el martes en adelante, las protestas se multiplicaron a más de 100 ciudades, principalmente a Chicago, Boston, Nueva York, Denver, Oakland y Los Ángeles, donde el miércoles la policía se llevó presas a 150 personas.

Más allá del hecho puntual del asesinato de Brown, lo que está ocurriendo en todo Estados Unidos muestra que la segregación racial no es algo del pasado sino un problema presente, que en general se tapa pero que cada tanto explota nuevamente.

Haciendo un repaso para atrás, revisamos los hechos que tuvieron más repercusión:

-En 2012 la policía de Sanford, Florida, asesinó a Trayvon Martin. La versión oficial fue que los efectivos dispararon porque el chico iba caminando con capucha y les pareció sospechoso.

-En 2009 en Oakland, California, la Policía mató a Oscar Grand, de 22 años.

-En 2001 en Cincinatti, Ohio, la Policía mató a Timothy Thomas, de 19 años. Fue el cuarto afroamericano asesinado por el gatillo fácil en un año en Ohio.

-En 1991, cuatro policías de Los Ángeles asesinaron a patadas a Rodney King, lo que originó una oleada de protestas en esa ciudad en 1992 que dejó 53 muertos y 2.000 heridos.

Éstos son sólo los casos que produjeron las más fuertes protestas sociales de los últimos tiempos. Pero los casos de brutalidad policial y de asesinatos contra afroamericanos (también contra latinoamericanos y contra pobres en general) son permanentes.

Esta brutalidad policial hace de la sociedad estadounidense una sociedad del miedo, donde la vigilancia y la amenaza es una constante en el día a día.

Acabo de volver de una estadía de tres meses dando clases en universidades de Estados Unidos y me consta lo que escribo. Apenas llegado, los colegas profesores de la Universidad de Wisconsin-Green Bay me dieron una recomendación: “Si te para la policía en el auto, no te muevas, porque si te ven cara de sospechoso, no te van a meter un tiro, te van a meter seis tiros, para asegurarse de que no hables”. En otra oportunidad, la policía del propio campus universitario entró en el departamento de unos estudiantes para controlar la edad de ellos ya que estaban bebiendo alcohol. Esto sucede habitualmente, sin orden judicial. Por último, una estudiante de nombre Heba Mohamed le pidió al concejal de su zona que gestionara transporte gratuito para el día de las pasadas elecciones legislativas del 4 de noviembre. La respuesta increíble del concejal fue: “¿Usted con ese apellido no será simpatizante de Hamas o del Estado Islámico?”.

Estas cosas siguen pasando día a día en Estados Unidos, donde de vez en cuando, el asesinato policial destapa nuevamente la olla a presión.

Hace exactamente 50 años, en Estados Unidos se sancionaba el Acta de Derechos Civiles, que ponía fin al Jim Crown, las leyes de segregación racial que, aunque usted no lo crea, obligaba a los afroamericanos a usar baños distintos, lugares distinto en espacios públicos. El movimiento de resistencia había empezado en Montgomery cuando Rosa Parks, una modista afroamericana, se negó a darle su asiento en el colectivo a un hombre blanco, como mandaba la ley. Luego vendrían las luchas de Malcom X y de Marthin Luther King, asesinado en 1968. En ese mismo año, en los Juegos Olímpicos de México, dos atletas negros festejaron en el podio con su puño enguantado en alto en símbolo del “black power”, pero nunca más pudieron competir por el Comité Olímpico de Estados Unidos.

Hoy, en pleno siglo XXI, con un presidente negro, la segregación racial y la brutalidad policial sigue siendo una constante en el supuesto “país de la libertad”. En medio de todo esto, Obama se da tiempo para “amnistiar” a dos pavos en el Día de Acción de Gracias.


Mariano Saravia.