Si bien las épocas, la idiosincrasia de sus pueblos, y las formas y estilos de gobierno difieren, la pirámide social brasilera de la actualidad se parece bastante a la del primer peronismo, época en la que las clases bajas se transformaron en clases medias y ocuparon un lugar impensado hasta ese entonces en la escena social y política de la Argentina.
Según datos de la CEPAL, desde el primer mandato de Lula (2003) hasta el año 2013, tiempos en los que transcurría la primera presidencia de Dilma Rouseff, la pobreza pasó del 36,4% al 18,6%. El desempleo, en tanto, mantuvo una reducción constante, nunca dejó de caer, pasó de 12, 4% (año 2003) a 6,7% (año 2010).
Unos 35 millones de personas salieron de la pobreza durante las tres gestiones del PT (Partido de los Trabajadores) en ello tuvieron una clara incidencia varios factores entre los que se destacan además de la baja en el desempleo, antes mencionada, la incidencia de los programas sociales, en particular del Bolsa Familia, que llega a 11,3 millones de familias, lo que equivale a 46 millones de personas, casi el 26% de la población; y el aumento constante del salario mínimo.
Quiénes conozcan un poco la realidad brasilera podrán argumentar que lo que muchos economistas denominaron “milagro brasileño” no es un fenómeno de la última década y lo harán con justa razón. A partir de la década del 60 y hasta mediados de los años 80 el PBI brasileño se multiplicó por cuatro, su parque industrial creció exponencialmente a través de, entre otras cosas, una sustitución de importaciones bien planificada. Sin embargo y pese a dicho crecimiento la pirámide social mantenía una gran diferencia entre quiénes más y quiénes menos tenían. Para muchos brasileros el país en el que habitaban no era Brasil sino “Belindia” término acuñado por el economista Edmar Bacha, un país en el que convivían dos países: Bélgica (rico pero pequeño) e India (grande pero pobre). Un país fracturado en dos partes diametralmente opuestas.
Desde la asunción de Luiz Inácio Lula Da Silva (año 2003) la economía creció, al igual que gran parte de las economías de la región. Datos para demostrar el crecimiento de la última década brasilera hay de sobra: Brasil es en la actualidad la sexta economía mundial, tiene superávit comercial con casi todos los países de la región excepto Bolivia, es el primer exportador mundial de carne (mito argentino derribado) hierro, café y azúcar, sus empresas se despliegan por todo el mundo y en la región particularmente: Topper, Quilmes, Peugeot, Paty, Ibope, Olimpikus, Brahma, Petrobras, Sibarita y otras tantas tienen llegada directa a miles de hogares argentinos.
Lo que aquí se sostiene es que con la llegada de Lula, hubo una clara intención política de que Brasil dejara atrás a “Belindia” y diera origen a un nuevo Brasil, el Brasil de la clase media. Uno de los cimientos de la construcción lulista fue la reducción de la desigualdad. En ése contexto se produjo el surgimiento de una nueva clase media, la denominada Clase C (C de casa, crédito y coche).
La clase C brasilera se ubica en el medio de la pirámide social, justo entre los sectores pobres y las clases medias, entre 2003 y 2014, 35 millones de brasileros salieron de la pobreza para incorporarse a la clase C, que pasó de representar al 52% de la población, convirtiéndose en el sector más numeroso de la pirámide social, con 105 millones de personas.
La comparación con aquella Argentina peronista, la de “las patas en la fuente” no es errónea ni desacertada, ambas gestiones se propusieron terminar con la desigualdad, permitiendo la aparición en calidad de protagonista de los sectores que se transformaron en actores principales de la escena política de sus países. En ambas ocasiones, además, el Estado asumió el rol decisor que antes le correspondía a las clases dominantes y al Mercado.
En un futuro no muy lejano deberán resolverse algunos asuntos de vital importancia para Brasil así como para toda la región, la peligrosa posibilidad del retorno a la primarización económica y el fin de la etapa de crecimiento fácil son dos de los principales. El ineficiente transporte público es otro de los problemas que afecta a diario la vida de millones de brasileros, que pasan varias horas del día viajando. Por ejemplo, un ómnibus viaja en promedio a 12 km/h en la ciudad de San Pablo.
Hay una canción del gran artista brasilero “Chico Buarque” que muestra a la perfección el avance que la sociedad brasilera ha logrado en la última década, en el tema llamado “Meu gurí” una madre cuenta que cuando su hijo vino al mundo nada tenía para brindarle “Cuando maestro nació mi retoño no era buen momento para retoñar, ya fue naciendo con cara de hambre y yo no tenía ni nombre para dar, como fui tirando no le sé explicar, siendo cachorro mi hijo un día me dijo que él iba a llegar”
En el Brasil de la actualidad y en casi toda la región ése gurí (en Brasil) ése pibe (en Argentina) ése botija (en Uruguay) y ése chango (en Bolivia) probablemente ahora si “Van a llegar”