Ana fue mía y de muchos

Una reflexión sobre una tragedia familiar, una historia de vida y el tratamiento mediático que recibió.

Mi amiga Ana fue mía y de muchos. 

Nos conocimos de nenas jugando en el patio de otra amiga en común. Había nacido en el 74. Su papá asesinado por la maquinaria de la dictadura y su mamá en cana por pensar distinto. A su tía, Ana Graciela Santamaría, la habían sacado de su casa, mientras ella estaba ahí, y continúa desaparecida. La conocí cuando las trenzas que le hacía su abuela le llegaban a la cintura. Después hicimos la secundaria de Bellas Artes juntas. Fueron años hermosos. Ambas conocimos ahí a quienes son hasta hoy nuestras parejas, Leandro y Santiago.

Ana y Santiago tuvieron tres hijos: Victor Hugo (como el papá de Ana), Nazareno y Julián.

Ana se recibó de comunicadora social y trabajó en distintos espacios vinculados a la educación social, con niños, con adultos. Siempre solidaria y generosa, su alegría nos reunía en su casa ante cualquier excusa de festejo.

Como decía lo que pensaba y hacía lo que decía no me sorprendió cuando me llamó una mañana emocionada y asustada a la vez para contarme que por fin le darían la guarda de unos hermanitos, pero que no iban a ser dos, sino cuatro ya que no querían separarlos.

Así conocimos a Rodrigo, Gabriel, Antonella y Benjamín. Los sumamos rápido al corazón. Ella y Santiago, amigueros natos, pusieron a disposición de esos chicos, como antes lo habían hecho con los propios, a todos los que los queríamos. Y fuimos tíos, tías, primos, hermanos y amigos.

Cuando ayer su casa amaneció ardiendo Ana se fue como vivió: tratando de darse por los otros.

Murió con dos de sus hijos, Rodrigo y Gabriel.

Y ya no hay más anécdotas de hijos en su muro de Facebook ni su humor llenando mi vida por la mañana ni el abrazo perfecto en el umbral de su nido en Corralitos (cómo ama mi hijo esa casa de puertas abierta y pies descalzos en el verano…. Cómo vamos a hacer ahora Manu?)

Querida amiga, escribo esta carta para que te saquen de las noticias policiales. No es justo. Ni tu casa ni tu vida eran precarias. Enseñar a vivir sin lujos, con la bandera de lo humano por delante es lo opuesto a precario….por eso seguís haciendo falta Anita.

Quedate tranquila, esa red de corazones que Santiago y vos han tejido va a sostener y acompañar a los tuyos. Por lo menos aprendimos eso.


Laura Rudman, artista plástica.