Ayer martes fue un día de contrastes en mis últimos días de visita en Nueva York.
Por la mañana estuve en el edificio de la Organización de las Naciones Unidas, en una reunión organizada por la Misión Argentina y con la participación de las misiones de los países latinoamericanos.
Por la tarde, me quedé a un costado de la Quinta Avenida mirando el desfile por el Día del Veterano de Guerra.
Por la paz y el cambio
Por la mañana, como dije, la embajadora en la ONU, Marita Perceval, convocó a un desayuno de trabajo con las otras misiones latinoamericanas y la presencia de Ricardo Forster, el secretario de Pensamiento Nacional. Tuve la suerte de estar invitado y asistir a una reunión importante donde se repasó la política de Estado que nuestro país lleva adelante con el tema de la memoria, la verdad y la justicia en defensa de los Derechos Humanos.
Forster destacó las políticas llevadas adelante en la última década, conjuntamente con la primera parte del gobierno de Raúl Alfonsín, con el juicio a las juntas incluido.
Luego, la embajadora Perceval destacó también la recuperación de la política en Sudamérica, principalmente en países como Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Brasil. Y destacó que “nuestro continente es el continente que piensa futuro, mientras Europa vive de su pasado, África vive en un presente permanente y trágico, y Asia vive en una dimensión sin tiempo”.
A su turno, hablaron los representantes de Bolivia, Venezuela y Panamá. Quizá lo más destacado fue el discurso distinto de la representante del nuevo gobierno de Panamá (Juan Carlos Varela asumió el pasado 1° de julio) que incluso recordó la invasión que sufrió su país por parte de los Estados Unidos en 1989, con un saldo extraoficial de más de 3.000 muertos.
Exhaltación de la guerra
Y ya que mencionamos la invasión de Estados Unidos a Panamá, pasemos al otro tema. Fue realmente sorprendente para mí el desfile por el Día del Veterano. Todos los años se celebra para esta fecha en recuerdo de que el 11 de noviembre de 1919 se firmó el armisticio entre Estados Unidos y Alemania, con lo cual se puso fin a la Primera Guerra Mundial.
Pero en esta fecha se honra a todos los veteranos de las distintas guerras. Y mire que hay para hacer dulce, hay de todas las edades, desde los ancianos de la Segunda Guerra Mundial, pasando por los pocos que participaron de la Guerra de Corea (la primera de la Guerra Fría), la Guerra de Vietnam, las invasiones de los años ´80 y ´90 en distintos lugares de América Central, el Caribe, África y Asia, hasta los veteranos más jóvenes de Afganistán, Irak y otras invasiones en Medio Oriente y Asia Central.
Pero lo que sorprende es el nivel de chauvinismo de parte de la población que, apostada a los costados de la glamorosa Quinta Avenida, agitaba banderitas de franjas y estrellas y gritaba su “gracias por sus servicios”. Los “servicios” se refieren a haber andado por el mundo invadiendo pueblos y asesinando, en muchos casos a civiles inocentes.
Es como si los argentinos nos enorgulleciéramos de la Guerra de la Triple Alianza, guerra genocida encabezada por un genocida, Bartolomé Mitre. Bueno, ahora que lo pienso, lo tenemos en el billete de 100 pesos…
Pero volviendo a Nueva York y a la Quinta Avenida, me resultó chocante ver este espectáculo. Justamente en el corazón del Imperio. No me pareció una demostración de arrogancia ni de soberbia todopoderosa, sino más bien una patética muestra de que la descomposición final de este Imperio se ha iniciado inexorablemente, junto con su descomposición moral.
Fue un día de contrastes. Por la mañana pude vivir la experiencia de estar en medio de las misiones de los países latinoamericanos que discutían en la ONU su presente y sobre todo su futuro como continente de cambios profundos en marcha (en algunos casos verdaderas revoluciones sociales, políticas y económicas) pero con un agregado: es el continente más pacífico del mundo. Salvo la especial situación de México, en el resto del continente no se viven las tragedias que se viven en África o Asia, ni la muerte lenta de Europa. Hoy, sin dudas, Sudamérica en particular (Latinoamérica en general) es “pura vida”, como dicen los costarricenses.
Por la tarde, vi con mis propios ojos todo lo contrario. Un canto a la muerte por las calles del Imperio. Me hizo recordar a los camisas negras del fascismo italiano o a los falangistas españoles cuando desfilaban cantando “De cara al sol”.
Mariano Saravia.