Pedagogía en movimiento

El BID y el programa "Aulear". ¿Qué es?

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

 El neologismo que se propone, Aulear, apunta a pensar el espacio del aula de una manera nueva. Se trata de poder desmarcarse de la noción de Aula como una institución estática y férreamente normada, en la medida en que los roles de profesor y alumno permanecen fijos con las responsabilidades que le caben a cada quien, los programas están ya determinados, los horarios, la forma de ocupar el espacio en filas, los movimientos, el asunto de la disciplina en el aula y en el espacio escolar, la estructura jerárquica de la institución escuela, la manera de evaluar, etc., y se podría seguir abundando en normativas que rigidizan el espacio interpersonal donde se pretende que algo pueda aprenderse.

Este modelo educacional se parece más al funcionamiento de un batallón del ejército que a un espacio donde el aprendizaje ha de tener lugar. Se ignora en esta estructura un factor determinante en el aprender que es la curiosidad infantil, motor de la interrogación y por tanto del aprendizaje. Pero el caso es de que la curiosidad no sigue patrones instituidos sino que por el contrario se autogenera en su mismo espacio como movimiento y por tanto como fuerza instituyente, aunque pueda parecer al principio en forma un tanto desordenada.

En todo caso, no hay duda de que el modelo oficial de aprendizaje es productor de una serie de síntomas en el sistema ya que se basa en el orden y por tanto en la represión de las necesidades e inquietudes individuales, en la homogenización, en la necesidad de meter en un mismo saco a todos los niños. Al no haber espacio para la diferencia y la diversidad no hay tampoco espacio para la curiosidad singular lo que hace que el niño se aburra. No solamente lo hace porque muchas veces no le encuentra sentido a lo que estudia sino que se aburre porque no es escuchado en su individualidad y acogido significativamente en un medio que lo respeta como persona. También, porque el enfoque oficial ha de dejar fuera todo vestigio de respuesta emocional del aprendiz en aras de privilegiar la eficiencia del aprender. Sin duda una situación que transforma al estudiante en una máquina, alienando al sujeto en su propio acto productivo.

La propuesta de Aulear, hacia la pedagogía del acontecimiento (Editorial Universitaria-Chile), supone poner las cosas de pie, vale decir, pensar el espacio de encuentro entre dos o mas personas, las que han de conservar esa característica humana durante el acto de aprender.Enfatizar la escucha que se ha de tener de las necesidades, los deseos y los anhelos que se visualizan, producto de la curiosidad y operar en consecuencia. Y esto puede hacerse en grupo como se demuestra con las experiencias que se relatan en el libro y que sirven para mostrar formas posibles de Aulear, lo que no significa ni que sean las únicas ni que tampoco sean tomadas como propuestas de cómo ha de organizarse el movimiento del aula: no son recetas.

Aulear es convertir el encuentro en uno de tipo creativo permanentemente, en el que cualquier cosa pueda ser materia de aprendizaje, basta que la curiosidad del aprendiz conduzca a ello. Vale decir, pensar más en la acción de “enseñaje” en el que se disuelve la enseñanza y el aprendizaje, lo cual supone que no solamente el profesor enseña sino que también lo hacen los aprendices entre si y de manera muy eficiente, y hasta pueden avanzar sin rol del que se supone que todo lo sabe. Tal vez pueda pensarse en la necesidad de horizontalizar las relaciones más que ejercer el poder, que siempre es coercitivo durante la permanencia en el Aula. Por algo el sistema oficial ha sido acusado de transmitir en realidad un curriculum oculto, en el sentido de que “enseña” más a vivir sometido que las asignaturas del plan de estudio.

Cuando se profundiza en la dinámica de los ejemplos que se desarrollan en el libro se descubre que en el fondo de la practica pedagógica auleada están algunos valores difíciles de despreciar: solidaridad, colaboración, pensamiento en cadena, capacidad crítica, creatividad y sobre todo una estructura de grupo que sostiene la interacción entre las personas y establece espontáneamente un orden. Nada que se parezca al fenómeno de la taylorización en el trabajo, con sus consecuencias nefastas para la subjetividad trasladado a la enseñanza.

Lo sorprendente es que la disciplina escolar (y todas las regulaciones y reglamentaciones que se han establecido para controlarla) es un tema que no aparece en estas propuestas pedagógicas alternativas como problema.

Y esto es tan obvio porque en vez de que la disciplina se convierta en condición del aprendizaje como en el sistema oficial, la disciplina es el resultado del trabajo del grupo, una respuesta que ha puesto en primer lugar la inquietud, la curiosidad, y cuando ésta se desarrolla es impensable siquiera un acto de indisciplina. La queja permanente del sistema educativo oficial opresor y a la que se suman los maestros y docentes, resulta que no es tema en estas propuestas creativas.

Entonces por qué seguir insistiendo en algo que tiene solución tan solo si se lo mira desde otro ángulo.

Centrar el trabajo en el grupo es al mismo tiempo abrir a la escucha de lo que el grupo dice. Dicho de otro modo, de un aprendizaje basado en lo que dice el maestro y en el silencio del aprendiz, se puede pasar a un proceso centrado en el discurso del grupo de aprendices… si se encuentra un maestro que pueda, sepa y quiera escuchar.

¿Es tan difícil pensar en el aprendizaje siguiendo el modelo del arte más que sobre la alternativa de la capacitación inoculadora y el entrenamiento? Aulear juega con la acción más que con la transmisión de ideas puras o verdades eternas.