En este otoño que camina aceleradamente hacia el invierno, los árboles fueron virando del verde al amarillo, luego al naranja, al rojo, al ocre y ya a esta altura están quedándose pelados. Pero hoy todo vuelve a ser de un naranja fuerte, prepotente. Porque hoy es Halloween y todo, absolutamente todo, se viste de naranja furioso y de negro. Calabazas por todos lados, casas y negocios decorados, y gente disfrazada haciendo sus compras o un trámite en el banco. Es una de las fiestas más importantes del año, junto con la de Acción de Gracias en noviembre y la Navidad.
Algunos datos que pueden llamar la atención, como para dimensionar la magnitud del fenómeno social. Según la Oficina de Censos de Estados Unidos , en el país hay unos 40 millones de niños de entre 5 y 14 años, de los cuales alrededor de 30 millones saldrán esta noche a la calle disfrazados y golpearán un promedio de cuatro puertas con el clásico “treat or trick” (dulce o truco).
La Asociación de Casas Embrujadas calcula para hoy una venta de entradas de alrededor de 500 millones de dólares, mientras que la inversión anual total llega a unos 50 millones de dólares. El negocio es redondo, como las calabazas usadas para ahuecar y dibujar caritas caladas que luego se iluminarán por dentro. Este año se destinarán a la fiesta unos 900 millones de calabazas, lo que representa el 80 por ciento de su cosecha anual y ganancias de 113 millones de dólares.
Pero las golosinas son el centro de atención. La industria del rubro destina el 10 por ciento de su producción anual para estas fechas, lo que representa 2.000 millones de dólares.
Ni los animales se salvan, y en concepto de disfraces para mascotas se gastarán este año cerca de 400 millones de dólares. El más popular obviamente es el de calabaza, y hay desde para perros hasta para caballos.
En total, la fiesta de Halloween mueve por año unos 10.000 millones de dólares, una cifra nada despreciable para una economía que todavía no se termina de recuperar de la crisis financiera y económica de 2008. Cada familia gastará para hoy en promedio unos 80 dólares.
Fiesta espiritual
Sin embargo, no siempre Halloween fue lo que es hoy. En sus inicios fue una fiesta celta muy interesante que se celebraba en toda la isla de Irlanda y en Escocia.
Los pueblos gaélicos, como muchos pueblos originarios en el mundo, tienen una concepción circular del tiempo, no lineal como los occidentales. Creen en los ciclos de la naturaleza y desde hace milenios, ellos celebraban para esta época la inminente llegada del invierno como inicio del nuevo ciclo de purificación de la tierra. De hecho, nuestros pueblos originarios celebran el año nuevo (el año que regresa mejor dicho) en junio. El Wiñoy Xipantu en el pueblo nación Mapuche y el Inti Raymi en los pueblos andinos del norte (quechuas, aymaras, etc).
Pero no terminan allí los paralelismos. Los celtas, como nuestros originarios, también creían que los ancestros nos acompañan, que no quedaron atrás sino que están siempre adelante, y que vuelven permanentemente para ayudarnos en el presente.
Por eso, para esta fiesta de Halloween que significaba el inicio de un nuevo ciclo, los celtas llamaban en su ayuda a sus seres queridos muertos. Aquí también vemos una gran similitud con el Día de los Muertos que se celebra mañana 1° de noviembre, tanto en México como en muchos lugares de Latinoamérica, incluida la propia Argentina.
Con el tiempo, la representación de los muertos fue adquiriendo distintas connotaciones y formas, hasta derivar en una festividad entre sagrada (para esas culturas) y profana. Por supuesto que desde la Iglesia siempre se la vio como una fecha pagana.
Hasta que terminó en una burda caricatura de sí misma, sobre todo aquí en Estados Unidos, que es el país donde se ha extendido más, aunque últimamente la influencia llega a todo el mundo, incluso a la Argentina.
Mariano Saravia.