Macri: La revolución de la normalidad

Argentina en las últimas décadas ha tomado caminos tan equivocados en casi todas las áreas de gobierno, que lo revolucionario sería volver a la normalidad.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

 En los años 70 hubo movimientos políticos que buscaban la revolución marxista en muchos países de América Latina y el mundo.

Argentina en las últimas décadas ha tomado caminos tan equivocados en casi todas las áreas de gobierno, que lo revolucionario sería volver a la normalidad; regresar a la senda que siguen, casi sin excepción, todos los países que han logrado el desarrollo humano de su población

Lo que plantea Mauricio Macri en términos políticos es eso, una revolución, pero de normalidad, un baño de sensatez, cualidad que venimos extraviando hace mucho tiempo.

En esa revolución debería estar claro que las escuelas son para estudiar y aprender y no sólo para “contener”. La contención debería ser una consecuencia de la excelencia y de la recuperación de las aulas como motor de la movilidad social ascendente, como lo fueron en nuestro país. Para eso no hay que romper el termómetro, sino por el contrario evaluar las ventajas y falencias del sistema. Lo contrario es pulverizar la escuela pública y hacer de la educación de calidad un privilegio para quienes pueden pagarla. La gestión de Mauricio Macri en Buenos Aires, ha dado muestras de eso, siendo el único distrito del país donde la matrícula de las escuelas públicas ha crecido respecto de la privada en estos últimos años.

En materia económica, tener una inflación que oscila el 40% anual y hace estragos en los salarios de la gente es una anomalía absoluta, en estos tiempos en los que la inmensa mayoría de los países encienden sus alarmas cuando la una inflación supera el 5% anual. Para ello hay que saber administrar, no derrochar los recursos públicos y combatir la corrupción que desborda presupuestos con sobreprecios. Además, es increíble que cuando todos los países buscan colocar sus productos en el exterior, aquí prohibamos la exportación de nuestros emblemas como la carne y el trigo. Nuestros competidores, muy contentos.

Las relaciones exteriores están hechas para abrir las puertas al país y sus ciudadanos y no para pelearnos con todo el mundo. Hoy nos encontramos aislados producto de la mala praxis y de la improvisación.

En definitiva, lo que propone Mauricio Macri como revolucionario, es simplemente, volver a ser un país normal, en el cual el progreso y el desarrollo humano sean un norte inclaudicable.