Bolivia nos regaló un contundente triunfo político a todos los sudamericanos. Porque el triunfo de Evo Morales el domingo pasado fue un espaldarazo para los proyectos progresistas de toda la región. Principalmente para los de Dilma en Brasil que en 10 días enfrentará al pasado con la cara de Aecio Neves. Y para Uruguay, que ese mismo domingo 26 pondrá en juego su futuro. Allí se enfrentarán un Frente Amplio cada vez más tibio y edulcorado con la más virulenta reacción liberal conservadora, encarnada por el Partido Blanco. Está claro que para Dilma y para Tabaré, el triunfo de Evo es un empujoncito y un punto de apoyo.
Esto porque Bolivia sigue siendo importante, como siempre lo fue, a pesar de algunas miradas racistas que miran con desprecio la realidad o la historia de Bolivia. La muestra de su importancia es que el Che la eligió para su foco guerrillero, a sabiendas que lo que sucede en Bolivia, indefectiblemente se propaga hacia toda Sudamérica, por su influencia geoestratégica, pero también cultural y social.
Por todo esto, hay que felicitar al pueblo boliviano, no sólo porque ratificó el rumbo de su revolución democrática y purinacional, sino porque además tiene un sistema electoral elogiado por todos los observadores internacionales.
Para empezar a desgranar el asunto hay que decir que según los números oficiales del conteo de votos, Evo obtuvo cerca del 60 por ciento de los votos, pero con las proyecciones podría llegar hasta al 65 por ciento, porque faltan datos del interior del país, donde se supone que el apoyo a Evo es mayor.
En este punto, habría que aclarar algunos puntos debido a las informaciones y opiniones tendenciosas o tergiversadas de los medios hegemónicos.
Esta es la tercera elección presidencial que gana Evo, la primera fue en diciembre de 2005 con el 54 por ciento de los votos.
Luego, se convocó a un referendum para la reforma de la Constitución. Se reformó la Constitución, se refundó el país, nació el Estado Plurinacional, Evo puso a disposición su cargo y entonces se llamó a elecciones para diciembre de 2009. En esas elecciones Evo ganó por 64 por ciento de los votos. Esa es considerada la primera elección de Evo en el nuevo Estado Plurinacional.
Por eso ésta es la primera reelección, técnicamente y legalmente y gobernará hasta 2.020.
Además de esa explicación hay que remarcar el doble tamiz y la hipocresía de la mayoría de los periodistas de las secciones de política internacional. Ángela Merkel inicia su tercer mandato y es una líder mundial. Evo Morales inicia su tercer mandato (con las salvedades hechas) y es un peligroso caudillo sudamericano que no respeta la alternancia en el poder y con ella la mismísima democracia. Basta de hipocresía, basta de mentir. Y dejen de sangrar por la herida, ante el avance de nuestros pueblos.
La novedad de esta elección es que el triunfo fue mucho más parejo en todo el territorio nacional, con amplia mayoría en todos lados.
De los 9 departamentos en que se divide Bolivia administrativamente, ganó en 8, quedando sólo Beni (en el norte, con poca población, zona sojera) en manos de la oposición.
Ganó por primera vez con mayoría absoluta en Santa Cruz de la Sierra, obteniendo el 50,7 por ciento. Es el histórico bastión opositor, donde surgió y se intentó el golpe cívico-prefectural de 2008, con el intento sesesionista de la Media Luna rica en petróleo y gas.
La otra clave de estas elecciones es la obtención de los dos tercios en el Congreso (Asamblea Legislativa Plurinacional), pero hay que esperar números más finos porque el conteo rápido le daba al MAS (el partido de Evo) 82 diputados y 25 senadores, un total de 107 legisladores, y necesita llegar a 111. O sea que le faltan cuatro diputados, que los podría conseguir en el recuento exhaustivo. Evo habló ayer y garantizó que así será.
Es decir, que luego de 9 años de gobierno, Evo logró los nuevos desafíos que se planteó para estas elecciones: 1-ganar; 2-ganar en primera vuelta; 3-ganar también en Santa Cruz de la Sierra y con mayoría absoluta; 4-obtener los dos tercios del Congreso para evitar que la oposición complique la gobernabilidad.
Pero los desafíos más importantes de Evo son seguir revolucionando su revolución, no caer en el inmovilismo y mantenerse fiel a la dialéctica hegeliana y marxista, combinando eso con el buen vivir de la cultura andina.
En definitiva, el mayor mérito de Evo es haber podido combinar las luchas indigenistas con las clasistas de la más tradicional izquierda latinoamericana. Durante muchos años, estos dos mundos no se entendieron y hasta se dieron la espalda. Hasta ahora. Como me dijo Evo cuando vino a Córdoba en 2011: “El mundo necesita una nueva teoría política y va a surgir desde aquí”. Lo está demostrando a fuerza de pensamiento, acción y triunfo.
Mariano Saravia.