El país se ha puesto difícil y la provincia, también. Con pocas horas de diferencia, un matrimonio mató y quemó a su hija en la provincia de Buenos Aires. En Mendoza, el Estado que supimos engordar con más de 30.000 nuevos empleados en diez años no observó con eficacia un asunto social muy complejo de una familia empobrecida, marginal y con antecedentes delictivos, y el resultado fue que murió maltratada una nena de tres años, luego de pasarse diez meses en distintas instancias sociales. Es decir, estaba “institucionalizada”. Llevaron a sus dos hermanitas al Notti y la que hablaba pedía “la papa”. Tenían hambre a pocas cuadras del Kilómetro Cero.
Sobre fines del año pasado, entre Navidad y Año Nuevo, supimos del crimen salvaje del joven Gustavo Pelegrina en un encuentro de fútbol de salón, por una guerra estúpida entre barras. El principal sospechoso es un adolescente de 15 años con una frondosa carrera delictiva en su historial.
La protesta de semanas enteras de los municipales recién se acabó cuando una organización social de prácticas violentas –la Tupac Amaru- logró infundir un miedo razonable como para que los gremialistas de ATE, que venían practicando la metodología del “escrache” aún a familiares del intendente Righi, aceptaran las propuestas del jefe comunal.
Mientras, veníamos del mes de los saqueos y las protestas al borde de la sedición. En Buenos Aires, los miles y miles sin luz comenzaron a protagonizar protestas furiosas. Ayer la TV repartió hasta el cansancio imágenes de una familia destruyendo a palazos las instalaciones de una empresa distribuidora de energía. El calor, la falta de agua y de luz, los terminó transformando casi en salvajes, como si fuesen objeto de un oscuro experimento psiquiátrico de un científico loco.
El fin de 2013 y el principio de 2014 mostraron la cruda realidad de un presente que preocupa, donde casi nadie respeta nada, y en la que nos hemos acostumbrado a no trabajar porque total alguien paga la cuenta, y que si un chico se saca un 0 (cero) no importa, total alguien lo hace pasar de grado para engrosar las estadísticas. Si llega a los 17 años transformado en un ignorante sujeto ideal del clientelismo, el delito, el narcotráfico, o negocios sucios de la política –que los hay- no importa. Lo importante es que en los papeles diga que aprobó.
Son numerosas las cuestiones a resolver con racionalidad y asumiendo los costos políticos que correspondan, tanto el gobierno como la oposición. Debe hacerse a través del diálogo aunque haya costo político. Patear hacia adelante medidas antipáticas que igualmente sobrevendrán, como un fuerte ajuste fiscal y por medio de las tarifas de los servicios públicos que hoy están casi regaladas; sólo hará más grave cualquier tipo de situación y además demorará las soluciones.
La situación fiscal del país no da para más, lo mismo que en muchas provincias incluso Mendoza. Pese al aumento en la carga tributaria y la mejora de la recaudación fiscal, el déficit provincial creciente y constante es insostenible en el tiempo. La situación financiera nacional y las dificultades para conseguir créditos a tasas razonables, no hacen más que agravar los números provinciales. El hecho de autofinanciarse con la demora en el pago a los proveedores, más la alta tasa de inflación real, licua la deuda del Estado pero provoca efectos tremendos en una larga cadena de pagos que también forma parte de la economía local. Los proveedores atrasados, atrasan sus pagos salariales, no invierten, demoran compromisos con sus propios proveedores y el efecto inmediato es la disminución de la actividad económica general.
La provincia entera, y las dirigencias oficialista y opositoras, deben solucionar el problema presupuestario, con realismo, servicio a los ciudadanos y coraje. Seguramente habrá costos pero la provincia no se puede seguir endeudando de manera indefinida en un contexto nacional e internacional malo para la Argentina.
Hay que ponerle fin al clientelismo y la nueva discusión del presupuesto, aunque atrasada, es la oportunidad. El peso del exagerado empleo público del que henos dado numerosos ejemplos en un trabajo publicado hace un mes, ha terminado por asfixiar al Estado provincial y se ha extendido a los municipios y organismos autónomos. Hoy vemos municipalidades que ya no tienen recursos propios para pagar los sueldos y deben esperar con a boca abierta y la lengua hinchada de sed por el dinero de la participación provincial. Los organismos oficiales prácticamente funcionan como agencias de empleo que pagan salarios y prestan servicios mínimos y en pobres condiciones.
Para retomar el camino correcto, de las medidas razonables, hay que volver al orden. La palabra “orden” tiene mala prensa. Remite a gobiernos autoritarios, a la dictadura, a la vieja escuela de los reglazos en los dedos, a la ausencia de participación ciudadana, a los unicatos. El “orden” es de la derecha conservadora que se opone a la revolución socialista que muchos creen estar emprendiendo. El “orden” está en los confesionarios, los cementerios, y los cuarteles militares. La mayoría del supuesto “progresismo” argentino que muchos funcionarios encarnan rechaza la palabra “orden”. Pero en democracia hay muchos modos del orden, que nos van a dar justamente más calidad democrática. Es “orden” que los presupuestos sean equilibrados y cumplibles. Es “orden” que los que no estudian y se sacan un 0 (cero) o un 1 (uno), deben estudiar para superarse. Es “orden” que no pasen de grado ni promocionen si no lo consiguen. Es “orden” cobrar los servicios por lo que valen y subsidiar al que realmente lo necesita y no al que simplemente vive en un lugar que define elecciones. Es “orden” educar en serio y con preocupación a niños y adolescentes, para que lleguen a la universidad con la base mínima necesaria como para completar su formación. “Orden” es respetar al otro y escuchar. “Orden” es no emborracharse hasta morir literalmente aplastado abajo o adentro o afuera de un auto. “Orden” es respeto. “Orden” es que haya suficiente policía donde tiene que haberla y que los ciudadanos observen sus indicaciones, porque se supone que deben cuidarnos a todos. Es “orden” cuidar de las normas de tránsito y denunciar a los que roban ya sea un vuelto en el Estado o un kiosco en el barrio.
El orden como conducta social traerá aparejada la obligatoria convivencia política sustentada en valores. Y es en ese orden en que se puede construir diálogo, aun con disenso. Tal vez así se pueda avanzar sin agresiones y con realismo. Estado y gremios estatales tienen que poner en funcionamiento la ley de empleo público, sin privilegios corporativos, sin defensa -año tras año- de contratados clientelares, y con el compromiso del gobierno de no engrosar, bajo ningún subterfugio, la ya inmensa planta de empleados. Mendoza ya no sostiene la enorme cantidad de personas que por necesidad o por irresponsabilidad dirigencial, aumentan inexorablemente la planta estatal. Deben negociarse salarios dignos y no pedir ni aceptar porcentajes imposibles de sostener por las finanzas provinciales. Para ello, hay que congelar seriamente toda contratación y capacitar y premiar a los mejores servidores públicos. Un plan de retiro anticipado, racional y posible de cumplir, es una solución a evaluar.
La sociedad civil tiene mucho que hacer, a través de la participación política, en ONG, en cuestiones de responsabilidad social, o en iniciativas solidarias donando aunque fuere tiempo para trabajar en favor de los que menos tienen.
Rosendo Fraga decía en MDZ Radio que las crisis argentinas se originaban en la política y desde allí derramaba a la economía y generaba una crisis social, tal como ocurrió en 2001 con un presidente debilitado, como era Fernando de la Rúa. También dijo que hoy sucede a la inversa. La crisis social producto de la inflación y la pobreza creciente más la falta de educación y de valores de convivencia, tiende a derramarse sobre la política y la economía. Días atrás, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA dijo que los pobres ya son diez millones y en aumento. Y que se deterioró entre 2004 y 2012 el acceso a empleo formal, salud, vivienda y educación. El caso del adolescente “Tonga” y de sus cientos de amigos que hacen apología de la violencia, el robo, la delincuencia y el odio a quienes les fue mejor en la vida; muestra a las claras de qué viene esta crisis. Economía insuficiente, educación insuficiente, y aumento de la marginalidad, en medio de un Estado que no acierta a cómo educarlos. El plantel docente tiene que ser el lógico en una provincia como Mendoza, y no “3 x 1” como es hoy: tres puestos por cada docente frente al aula. La pobreza curricular y la formación deficiente los maestros sería materia de nuevos análisis. Volvemos al concepto del orden: Debemos plantear una educación moderna, sin gremios que cogobiernen, con disciplina en el colegio, padres responsables y no padres agresivos, con notas y reconocimiento al estudio, y con sanciones equilibradas que sirvan de ejemplo y corrección. La represión escolar indiscriminada o la permisividad absoluta no conducen buenos resultados.
La crisis económica que ya no es disimulable ni apta para ser maquillada, la exclusión social, y la educación de baja calidad están muy interrelacionadas y todas golpean y aumentan fuertemente la Inseguridad. Gobierno y oposición deben, con urgencia y responsabilidad, resolver estos puntos mínimos y necesarios. En paralelo, y con los actores económicos, deben plantearse soluciones de productividad aun con riesgo político, como en los emprendimientos energéticos o mineros.
La crisis es grande y están todos bailando en el barco. La distancia y el funcionamiento lógico de las actividades normales y necesarias de la vida en comunidad, en un país también con problemas, pero previsible y con normas y sistemas, sirven para valorar con claridad la locura argentina.
Unos y otros -con acciones y omisiones- nos están llevando y empujando a una provincia pobre, desigual, insegura y con problemas sociales inmensos y de difícil solución posible.
Hay mucha tarea por hacer. Habría que empezar con: 1) Una revolución educativa para cambiar en dos generaciones la "cultura nuestra". 2) Aplicar las normas para conseguir un orden mínimo. 3) Promover e Instaurar los valores republicanos con instituciones valoradas, sin que aquellas se transformen en poco tiempo en cotos de caza clientelar y de amigos de los funcionarios de turno. 4) Hay que trabajar en el servicio a los ciudadanos y en una ética democrática y republicana. 5) Debemos trabajar responsablemente con los actores civiles, sociales y económicos para que cada uno supere los intereses corporativos y piense en el bien común. 6) Necesitamos una justicia "justa", equilibrada, honesta y responsable. Los jueces son el último dique de contención para ciudadanos indefensos atacados por el sistema, o por otros ciudadanos con intereses más atractivos que los de ellos. Sin justicia no hay democracia ni país posible.
Cualquiera de los ciudadanos de Mendoza podría suscribir este editorial. El verdadero desafío es dejar de mirar cada uno su ombligo y emprender las reformas, los trabajos y adoptar las conductas necesarias. Sólo así el cambio es posible. La flecha que apunta en dirección contraria, lleva al precipicio.