- Sí, yo escuché que Lanata había denunciado
a la Cristina, pero no sé por qué.
- Por la plata que se ha robado y se llevó a la isla esa.
(Diálogo entre dos mujeres escuchado al pasar)
En la excelente novela de Umberto Eco El péndulo de Foucault, un grupo de amigos se involucra en un juego por el cual hacen circular la falsa versión de que tienen un dato más que importante sobre un misterio milenario. En una síntesis que espero que no ofenda a quienes leyeron el libro, sectas ocultas comienzan a perseguirlos, entonces el juego se torna en extremo peligroso, y cuando los fanáticos (imagínense cómo vendrá de pesada la mano, que son los templarios los que están detrás de todo esto) por fin dan con ellos (de a uno, claro) no se resignan a que sea todo falso, por el contrario, entran en un círculo vicioso que (vaya casualidad) se parece mucho al que instala cierto tipo periodismo: el del juego imaginario de que si lo niegan, es porque es verdad.
Los protagonistas de El péndulo de Foucault caen en la misma trampa en la que los creyentes de los ovnis quieren hacer caer a todos los que les prestan oídos: si el Gobierno de Estados Unidos niega que en el Área 51 tiene oculto un plato volador es porque, seguro, lo tiene oculto.
En ambos casos, en el de la novela de Eco (que es una exquisitez, un thriller de los mejores escritos) y en el de los ovnis que nadie ha visto pero en que todos creen, los creyentes no tienen más que sospechas, ni siquiera tienen pruebas materiales, o a lo sumo llegan a tener una prueba material, pero siempre con dudas.
A qué viene todo esto, estará preguntándose el lector que sabe que en este espacio no hablamos de literatura ni de ovnis. Pues vamos hacia allá.
Desde su ingreso a Canal 13 con su programa Periodismo para todos, Jorge Lanata parece haber potenciado su imagen como el reservorio moral no sólo del periodismo, sino también de la Argentina.
Su estilo investigativo fue el que lo llevó a ser uno de los periodistas más prestigiosos del país y uno de los más confiables. Desde cada uno de los espacios que ocupó (en diarios, revistas, televisión, radio), siempre denunció chanchullos de políticos y de empresarios, y sin tapujos una vez llegó a hacer un informe (cuando conducía Día D) que involucraba a uno de sus auspiciantes. Sin dudas, era por entonces una suerte de luz a seguir por quienes están contra la corrupción y demás males que aquejan a las sociedades.
Pero de un tiempo a esta parte, o mejor, desde que se puso en la vereda de enfrente del Gobierno, su capacidad periodística ha ido decayendo hasta convertirse en un mero actor que hace un lindo programa de televisión con mucho rating los domingos a la noche pero, sin dudas, peligroso, porque lo suyo cada vez dista más del periodismo y se parece más a propaganda.
Dice el viejo adagio que periodismo es decir lo que nadie quiere escuchar, y lo que viene haciendo Lanata es justamente lo contrario, decir lo que todos los que sintonizan Canal 13 el domingo a la noche quieren escuchar. Y cada domingo echa mano a ese recurso para vender.
Estimo que ha llegado el momento de aclarar, por enésima vez, lo que tantas veces he aclarado: no soy kirchnerista, cristinista ni peronista. Lo digo para que, justamente, no esperen que diga lo que todos quieren escuchar, ni los lanatistas ni los seisieteochistas, si se me permiten tales neologismos.
De esta manera, mientras que en 6.7.8 no hacen periodismo sino que presentan opiniones como si fuera periodismo, en Periodismo para todos lo que hacen es mostrar recortes intencionados que orienten la opinión.
A ver. Otra aclaración. Si Cristina y su gabinete y sus acólitos son corruptos, deberían ir presos. Pero (y se viene la última aclaración) para ir presos debe demostrarse que son culpables.
En este sentido, lo que Lanata hace todos los domingos desde su programa (con lo que luego, el lunes, muchos más hacen “noticias”, amén de lo que sigue diciendo él mismo en la radio) no es más que instalar sospechas.
A esta altura varios estarán pensando restregarme en la cara las “pruebas” que presenta Lanata. Antes de que lo hagan, primero deberían detenerse a ver cuáles y de qué calidad son esas pruebas.
El programa del último domingo volvió a demostrarlo.
Y lo más claro de todo es que lo que intenta hacer Lanata es establecer la teoría de que todos los caminos conducen a Néstor y Cristina, pero en esa dirección no tiene (y no ofrece) más que sospechas. ¿Se acuerdan de aquellos que iban tras los protagonistas de El péndulo de Foucault y de los perseguidores de ovnis?
Es más, ¿se acuerdan de esto?
Existe la posibilidad de que en algún momento, de tanto escarbar y escarbar, Lanata acceda a pruebas contundentes sobre la participación de Néstor y Cristina en hechos de corrupción, pero, hasta entonces, lo único a lo que apunta es a que se vulnere el principio de que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, porque lo que hace ya supera eso de presentar noticias como un show mediático y llega a la instalación de “un olor a”. El ejemplo más claro es el del video que se ha cansado de repetir y al que hace referencia en cuanto tiene la oportunidad, ese en el que se ve a Néstor Kirchner emocionándose ante una caja fuerte, una bóveda. Esa imagen le es suficiente para instalar la idea de que “acá hay olor a corrupción”. No parece tener entre manos mucho más.
Entonces se dan conversaciones como la que se cita más arriba, en las que la gente da por ciertos hechos sobre los que todavía no hay pruebas suficientes. Además de que tenemos que convenir en que el sistema y el método de comunicación del Gobierno no contribuye mucho a que su imagen mejore.
Y sobre esto hay algo más que, como buen conocedor del paño (iba a escribir “buen conocedor de los bueyes con los que ara”, pero no quiero ofender a nadie), manejó de manera casi magistral. Desde que realizó la denuncia contra Lázaro Báez, todos los domingos contaba los meses, días y horas que habían pasado desde entonces, tiempo durante el cual el Gobierno no había respondido, y daba a entender que si no había reacción de parte de Cristina era porque, claro, algo tenía que ocultar. Pero el domingo pasó algo extraño: de inmediato el Gobierno comenzó a repartir por las redes sociales documentos que demostraban que lo que Lanata decía estaba, al menos, errado, entonces la hipótesis del ex periodista y ahora propagandista y de todos sus acólitos fue la siguiente: si tienen la necesidad de salir a responder tan rápido es porque, seguro, algo tienen que ocultar.
Vamos entonces, por última vez, con la misma pregunta: ¿Se acuerdan de aquellos que iban tras los protagonistas de El péndulo de Foucault y de los perseguidores de ovnis?