Es un post chiquito y no exento de polémica. Pero está bueno para pensar, al menos como me hizo pensar a mí un pedacito de una columna de opinión de Ricardo Lagos – ex presidente chileno-, escrito con extremo realismo: “Sé que los consensos son necesarios, pero a ratos es necesario marcar las líneas rojas porque la ciudadanía necesita ver las diferencias básicas en torno a la sociedad que se desea construir”.
Esas palabras son las mismas que he usado en algún otro escrito, básicas para entender qué son los “gobiernos ofertistas”. Es decir, aquellos gobiernos que no se vuelven políticamente correctos respetando cuanta convención social, política e histórica exista, sino que corren el límite de lo posible, asignando o rediscutiendo nuevos valores en una sociedad, tal la exigencia de todo sistema político según lo señalaba hace décadas David Easton.
Es ahí donde los consensos adquieren realismo, porque no son consensos fáciles -cuando los hay- y porque la institucionalidad pétrea -en sentido amplio, y ni siquiera me restrinjo al sistema legal- queda en terreno de pura disputa. Aun reconociendo que esta reflexión se inmiscuye en el dilema/problema de lo que Mangabeira Unger plantea como una frecuente antinomia: política transformadora antiinstitucional versus política institucional antitransformadora. Es preocupante ese reduccionismo.
Creo firmemente en la voluntad transformadora, pero también defiendo los controles y los límites. Necesarios para todo. Quizás en una zona difusa, sea el propio Lagos quien responde a este dilema en su frase: “de a ratos”.
No sé bien cuándo y cuántos serían los ratos. Tampoco debiera responder sobre los fines de ese ofertismo gubernamental. No tengo nada que decir yo, cada ideología propugnará el suyo. Sí tengo que decir que, a diferencia de la frase respecto que muchas veces tenemos las respuestas, lo que no tenemos son las preguntas, esta reflexión plantea lo contrario, enormes interrogantes para nuestra región. Y tal vez deba responderse con respuestas casuísticas, no generales. Ya bien dice la ironía que las reglas generales que rigen a los hombres sólo fallan cuando las aplicamos a casos particulares…
(*) Leé más de Mario Riorda en su blog: www.MarioRiorda.com