Entablar el debate de las juventudes en la política hoy parece impuesto desde el relato del Gobierno nacional (que pretende hacernos creer que los jóvenes llegaron a la política a partir de 2003); lo correcto sería verlo y analizarlo desde una perspectiva histórica, es hipócrita, manipulador y sobre todo falso querer esparcir un relato en el cual la juventud hoy ha despertado a la vida política, razones para decir esto sobran, tan sólo hace falta hacer un breve repaso por las experiencias juveniles incontables en las que la política ha aflorado como una expresión pura y espontánea desde la juventud.
Experiencias como la Unión Cívica de la Juventud, que allá por 1889 daría origen a los partidos políticos argentinos más importantes de la primera mitad del siglo XX -la Unión Cívica Radical, la Unión Cívica Nacional, el Partido Socialista y el Partido Demócrata Progresista-, en 1955 se crea la Juventud Peronista para resistir las proscripciones del proceso, en 1967 nace la Franja Morada, heredera de la reforma universitaria y brazo universitario del radicalismo, que fue la cabeza visible que resistió al intento de arancelar la educación universitaria en los 90 (mientras otros miraban para el costado), y así podríamos seguir hasta la actualidad mostrando y expresando experiencias militantes de la juventud, inclusive la derecha supo tener representación juvenil, la llamada UPAU, en la cual militó el actual vicepresidente de la Nación, Amado Boudou.
Párrafo aparte de una expresión juvenil es la Reforma Universitaria en 1918. El 15 de junio de ese año, en la ciudad de Córdoba, comenzó un proceso que luego iba a expandirse por todo el continente conocido como Reforma Universitaria. El “destino heroico de la juventud”, del que hablaba el famoso Manifiesto Liminar de la Reforma, ha sido retomado a lo largo de la historia argentina y latinoamericana como un puntapié para plantear la vinculación del movimiento estudiantil universitario con horizontes de cambio social.
Sin embargo, hoy desde el oficialismo nacional y varios medios de comunicación se empeñan en destacar a la juventud militante como un mérito del modelo, cosa que, como he dicho y demostrado, no es cierto.
Pero, además, es preocupante el uso que se está haciendo sobre las mismas, convirtiendo o, mejor dicho, intentando convertirlas en simples reproductores de la voz oficial. Violando la ley de educación y un conjunto de tratados internacionales referidos a los derechos del niño y del adolecente cuando entran a las escuelas, usando el aparato oficial para difundir SU propaganda política o identificándose con pecheras a la hora de ser “solidarios”.
Es fundamental para el país, para la democracia, para nuestra sociedad, que la juventud se acerque a la política con ideas, con sueños, con banderas propias, con rebeldía inclusive, que entienda a la política como una herramienta para transformar la vida cotidiana.
Es acá donde el Estado debe cumplir con un rol trascendental, que es el de formar ciudadanos, y la pregunta es: ¿cómo se forma un ciudadano?, ¿es a través de una ley que estos mágicamente se constituyen?, ¿o es a través de una serie de políticas públicas que logren avanzar progresivamente en una construcción de un ciudadano activo, crítico interesado, que busque obtener crecientes niveles de conciencia, de capacidad autogestora y organizativa, de posibilidad de asumir compromisos y responsabilidades tanto en relación con cuestiones personales como sociales?
Es lamentable observar cómo las organizaciones obsecuentes a la Casa Rosada no tienen límites ni problemas en ejecutar todas las tareas que le son encomendadas sin reparo alguno, como no les importa usar instituciones del Estado para realizar tareas proselitistas, irrumpir en instituciones escolares para hablar sobre el modelo o intentar romper con una federación universitaria símbolo en el mundo y con más de 94 años de historia como es la FUA con tal de no decepcionar a sus líderes y jefes políticos. En el ámbito académico, el ejemplo más cercano del uso del aparto está en la elecciones de graduados en la Facultad de Derecho en la UBA, donde, con los autos oficiales y a fuerza de empadronar a todo abogado que trabaja en el Ejecutivos nacional, no llegaron al 20 por ciento, frente al sector progresista y reformista (integrado por Franja Morada), que llegó al 80 por ciento. Esto alcanza para demostrar que no toda elección se gana usando los recursos del Estado, que hace falta llevar ideas, propuestas, tener historia y ser creíble.
Es por todo lo expuesto y como herederos de la tradición militante joven histórica que ha tenido este país, donde los jóvenes levantaron siempre banderas de lucha en pos de cambios sociales, que debemos salir del relato oficial y recordar los procesos históricos que nacieron en la búsqueda de una Argentina que nos contenga a todos.
A 95 años de la Reforma Universitaria y a casi 30 de recuperada la democracia “los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”.