Revisando el relato exitista de quienes alimentan la historia corta del modelo (esa en la que el 25 de mayo se festejan los 10 años K y no los 203 años de la Revolución de Mayo), descubrimos algunas cosas buenas e innumerables contradicciones y mentiras que quieren hacernos creer.
En honor a la verdad, existen un conjunto de políticas que a primera vista pueden ser compartidas y valoradas por todo el arco verdaderamente progresista de nuestro país. Así encontramos la Asignación Universal por Hijo, la Ley de Medios, el matrimonio igualitario, la estatización de YPF, la recuperación de los fondos previsionales en manos del Estado, los DDHH, las netbooks en las escuelas y el voto a los 16 años…, puff… la verdad que es un conjunto de medidas que, a simple vista, hablan de un país que incluye, que cree en la libertad de expresión, que gestiona políticas energéticas nacionalizando su petróleo, que cree en la educación como movilizadora social y que brega por el bienestar de nuestros viejos.
Esto no alcanza para decir que se ganó una década, estas son medidas compartidas y que en muchos casos surgieron de otros partidos y sectores gremiales como propuestas en el Congreso y que fueron apropiadas de manera oportunista por el Gobierno nacional, ya que después fueron deformadas y usadas para lograr el principal objetivo del modelo K: lograr la concentración total del poder, concentrar el poder sobre los jueces, sobre la prensa, sobre los que opinan distinto o sobre los que militan otro proyecto político.
El modelo de inclusión y distribución de la riqueza en la “década ganada”, en realidad, nos ha dividido como sociedad: ellos y el pueblo contra los que opinamos distintos y, por ende, somos tildados automáticamente de oligarcas, golpistas, gorilas, traidores a la Patria, etc.
La altísima inflación, que ellos se niegan a reconocer con un Indec mentiroso, esa inflación es la que devora día a día los ingresos de los argentinos que trabajan y ven que sus sueldos ya no alcanzan para mantener mínimamente a su familia.
El dólar de $2,90 en 2003 pasó a los $5,20 actuales y a casi 10 del blue, producto de las trabas para la compra de moneda extranjera (con esto, algunos pocos ganaron).
La Ley de Medios nos iba a garantizar la pluralidad de opiniones, como nos contaban en las extensas propagandas del Fútbol para todos, que todos pagamos con los fondos del Anses y lo que permitió fue crear un multimedios K que controla el 80% de la prensa. El gobierno de los derechos humanos, después de bajar algún cuadro, avanzó con el Proyecto X, la Ley Antiterrorista y en la criminalización de la protesta social. A lo largo del país hay más de 4.000 dirigentes sociales presos, detenidos y reprimidos en su accionar de lucha.
Entonces, deberíamos preguntarnos quiénes ganaron y cómo en esta década.
Lo dijo Cristina, no yo: “Bancos y empresas nunca ganaron tanta plata como con este gobierno”. Claro que sí, más si tenemos en cuenta que pagan menos impuestos que cualquier ciudadano, no está gravada la renta financiera y siguen amparados por una ley de entidades financieras que elaboró Martínez de Hoz. Ellos ganaron, el pueblo no.
También ganaron las grandes empresas extranjeras, como la minera Barrick Gold, Monsanto o Chevron, que cada día saquean nuestro suelo dejando un saldo negativo en lo ambiental que terminarán pagando las generaciones venideras si no actuamos de inmediato. Ellos ganaron, el pueblo no.
Para ser sincero, creo que es una década desastrosa y desaprovechada. Porque las condiciones favorables que se dieron en la región y que países similares a Argentina aprovecharon, en nuestro caso pasaron de largo.
Ahora bien, ¿quienes seguro no ganaron? Los jubilados, que a pesar de la década ganada siguen reclamando el 82% móvil y que además buena parte de ellos viven con ingresos por debajo de la línea de indigencia. Jubilados que trabajaron y aportaron toda su vida, y ven cómo los dirigentes del modelo Nac&Pop usan los fondos de la Anses como caja y hace política con sus aportes. Ellos ganaron, el pueblo no.
También debemos incluir entre los “no ganadores con este modelo” a los trabajadores en general, ya que son los que soportan que este gobierno les ponga techo a las paritarias por debajo de la inflación, que les cobre impuesto a las ganancias como si el salario fuera ganancia y que uno de cada tres trabajadores se encuentren en negro.
Pero quienes más castigados salieron en esta década ganada son los más de 10 millones de argentinos que se encuentran en situación de pobreza, que ronda el 25% de la población. Y la cosa se pone aún peor, si tenemos en cuenta que las políticas sociales son dirigidas al porcentaje mentiroso que nos cuenta el Indec, que ronda el 6% de pobres, el resto de los millones de argentinos no entienden de la década ganada, sino de una década desaprovechada.
Y lo que más me indigna como argentino es ver cómo, después de 10 años, algunos países de la región lograron mejorar muchísimo sus índices sociales, excepto nosotros.
Me preocupan el kirchnerismo y su corrupción, su impunidad y el enriquecimiento de sus funcionarios (quienes tendrán que rendir cuentas ante la Justicia una vez que dejen el poder), pero me preocupa aún más ver cómo los partidos opositores no logran articular una fuerza común que cree propuestas para disponernos a ganar décadas futuras.
Me preocupa cómo el periodismo entrevista a funcionarios K sin preguntar por la corrupción, el enriquecimiento o los manejos discrecionales de los recursos.
Me preocupa que la interna peronista entre los PJ K y los PJ no K termine siendo dirimida en elecciones generales en 2015, porque si esta es la opción y le damos el gobierno nuevamente al peronismo, no sólo perderemos una nueva década, sino que además le garantizaremos a la corrupción actual más impunidad.
Debemos pensar el camino que tenemos que recorrer para que en la Argentina de los 203 años de la Revolución ganemos todos.