Hace un par de años durante un viaje de trabajo a la ciudad de Tarija, Bolivia, fui a un kiosco y me atendió amablemente un niño que no tardó en identificar mi acento. “¿Usted es de Chile?”, me preguntó. Le contesté afirmativamente con un movimiento de cabeza. Después de un momento de silencio, con una mirada que hasta hoy recuerdo -mezcla de inocencia, ilusión y tristeza- me dijo: “¿Es lindo el mar?”.
La pregunta generó un sentimiento extraño, quizás de culpa, pero por algo en lo que yo no tuve nada que ver, consecuencia de una guerra que se sufrió hace más de cien años. No sé si algún día conoció el mar, lo más probable es que nunca lo sepa, y quizás nunca vea que Bolivia tenga salida al mar. Eso es muy probable porque vivimos en un continente marcado por la xenofobia, donde dentro de todo nuestro subdesarrollo, nos creemos superiores al otro por el sólo hecho de nacer en un lugar o por tener determinado color de piel.
Cuando vi las imágenes de los marinos cantando “argentinos mataré” me inundó el mismo sentimiento, una mezcla entre culpa y vergüenza, pero nuevamente por un hecho en el que no tuve nada que ver. Siendo chileno y viviendo en la Argentina pensé: “ahora voy a tener que hablar con menos acento, porque sino me van a mirar mal y no va a faltar el que me quiera cagar a piñas”.
Peor cuando leí los comentarios en el perfil de Facebook del MDZ, donde la noticia tenía más de 300, la mayoría cargados de una xenofobia terrible. Insultos y amenazas por doquier, un sentimiento de odio que lejos de repudiar lo que hicieron los marinos, sólo caían en los mismos falsos nacionalismos que sólo sirven para generar una bola de nieve que no hace bien a nadie.
Sin embargo, y luego de analizar la situación, me pregunté por qué me tengo que hacer cargo de los “condoros” de un grupo de marinos “cabeza de piedra”. ¿Acaso soy peor persona por haber nacido en el mismo país que esos “tarados”? Creo que no.
Luego vino el video de los policías mendocinos y no faltaron los que salieron en Chile a justificar -basándose en esas imágenes- la “actuación” de los marinos. ¿Pero qué tienen en la cabeza?¿Acaso esto se trata de ver “quién la tiene más grande”?
En mi caso, me sentí peor y me preocupa pensar que la xenofobia brota con una facilidad impresionante. La ligereza con que se hacen comentarios es alarmante y pensar que muchas de las personas que los hacen crían a sus hijos con el mismo sentimiento, es simplemente desalentador.
La xenofobia es repudiable acá o en cualquier parte, no se justifica ni se celebra bajo falsos nacionalismos, nos hace peores personas y como seres humanos caemos a lo más bajo. No hay que olvidar que la xenofobia fue generadora de las peores matanzas de la historia del mundo.
Dos videos encendieron el odio y mostraron lo peor de la gente. “Chileno traidor, no olvidamos lo de Malvinas”, es lo más suave que se leía. Hasta donde sé, y sin temor a equivocarme, Pinochet no llamó a una consulta popular para apoyar a los ingleses. Fue la decisión de un dictador que hasta hoy divide y que todos los chilenos que vivimos en la Argentina tenemos que cargar, porque en broma o en serio, te lo recuerdan.
Lo que me queda claro es que, lamentablemente, a los dos países los divide más que una cordillera. Pero esa división está en quienes no conocen y caen en la respuesta fácil, porque quienes conocemos la realidad en uno u otro lado de la cordillera lo vemos de forma diferente. Yo soy un agradecido de este país y me duele ver como algunos compatriotas cantan “argentinos mataré” y también me duele ver el sentimiento que hizo brotar en Mendoza.
No esperemos que los políticos se encarguen de unirnos, ellos se encargan de separarnos cada día más. Somos nosotros los que debemos mostrar que las imágenes de la polémica no reflejan el sentimiento de la mayoría. Yo como chileno residente repudio lo que vi de ambos lados de la cordillera y ojalá se castigue, porque dejar pasar estas situaciones no es más que justificar lo injustificable.
No somos mejores ni peores por nacer en uno u otro lado, somos lo que hacemos cada día y lo que entregamos al prójimo sin mirar un documento, un color de piel o una condición social.
El baile de la xenofobia: ¿y yo qué culpa tengo?
La visión y el sentimiendo de un chileno residente en Mendoza tras ver los videos de la polémica.