Por José Raúl Videla*
Que en las PASO la izquierda apátrida hubiera superado el siete por ciento de los votos podía tener su explicación en la bondad de la gente, en que las personas (sabiendo que los partidos hechos y derechos superarían el mínimo necesario para llegar a las elecciones legislativas) dieran su aval a alguno de esos partidos chiquitos e ilusos para que pasaran a las grandes ligas y vivieran la experiencia de participar en una instancia superior.
Pero que un representante de la peor lacra de la sociedad, de lo peor de las ideologías, llegue al Congreso de la Nación no puede explicarse más que de una manera: robaron votos. Y esto no lo decimos desde la nada, sino con el sustento que nos dan los hechos que a simple vista se puede ver.
Además, es indudable que estos extremistas de las ideas, negadores de los más profundos valores de nuestra Patria, compitieron deslealmente, aprovechándose de la bondad de los otros candidatos, quienes, sin saberlo, les estaban haciendo el juego a estos trotskistas.
Desentrañemos esto para que se entienda mejor y de esa manera queden al descubierto las sucias maniobras de la izquierda.
Con mucha inteligencia y tratando de salvaguardar las tradiciones de una provincia como la nuestra, la juventud del Partido Demócrata realizó un video en el que quedaba en claro el error que significaría votar a esos peludos malvestidos, a lo que se sumó la visceral lucha de uno de los mejores candidatos, Luis Rosales, contra esa izquierda atemporal. Tan clara fue la posición de tan preclaros políticos, que sin duda no faltó quien, desvariando, pensó que si ellos se oponían a Del Caño (utilizando el mismo razonamiento que algunos se hacían cuando el debate de la Ley de Medios: “sólo hay que ver quiénes se oponen para saber qué es lo correcto”), entonces había que votarlo, y de esta manera la izquierda se robó votos de un montón de gente que viene medio desilusionada con el kirchnerismo.
Los zurditos estos también supieron sacar ventaja de las palabras de ese enorme político que es Julio Cobos. Entre otros momentos, cuando el ex vicepresidente de la actual presidenta dijo que, durante un debate, al hablar con Del Caño, había sentido que lo hacía con un presidente de centro de estudiantes. Y, claro, no tiene que haber faltado el inmaduro que, ante estas palabras, habrá pensado algo así como “qué bueno, sangre nueva para la política, no contaminada con las viejas y eternas prácticas”, o cosas tan elementales como esas y fue y les puso el voto a los sucios rojos.
Y no nos debemos olvidar de los militantes kirchneristas, que salieron a decir por las redes sociales, así tan abiertamente, que el candidato del Frente para la Victoria no les gustaba, no los convencía, no era de su agrado, pero que lo mismo lo iban a votar para mantener la organicidad que pide la presidenta. Y, claro, después de una década machacando con eso de la participación y de la maduración en política y dando tantas herramientas para que la gente piense antes de actuar, seguramente a Del Caño no le faltó oportunidad para robar algún que otro voto de aquellos a quienes el argumento de la actuación orgánica no les va.
De esta manera (y de muchas más que no viene al caso nombrar) Del Caño y sus seguidores llevaron adelante su competencia desleal, sin entender de qué se trata el juego de la política como todas las tradiciones lo mandan, y robaron votos, se apoderaron de la voluntad de cuanto descuidado andaba por ahí.
Pero hubo un argumento con el que no podemos dejar de sentirnos mal, por lo hipócrita y demagogo. Dicen todos estos zurdos mugrientos, apátridas y malvestidos, que a los dos años van a ceder las bancas a los segundos de las listas… Son ilusos hasta para eso, porque ya van a ver cuando les agarren el gustito a los fueros y la comodidad del escaño… Ahí van a saber lo que es un político de verdad, comprometido con la Patria, y minga van a querer dejar el silloncito.
Los quiero ver, zurditos…
* El autor de este artículo no pertenece a ninguno de los partidos políticos a los que nombra en la columna.