Néstor Kirchner solía decir que sólo temía a dos cosas: a Clarín y a los cacerolazos. En 2008, ante las primeras manifestaciones, reaccionó instantáneamente. La guardia pretoriana, encabezada por D'Elía y Moreno, barrió a los manifestantes de Plaza de Mayo, suponiendo, como con la inflación, que lo que no se ve no existe. El jueves 13 la reacción no fue tan rápida: la manifestación se desarrolló sin conflictos, en la plaza, en los barrios, en las principales ciudades y hasta en la quinta de Olivos. En lugar de violencia física preventiva, hubo violencia verbal posterior. Los manifestantes siguen recibiendo una de las más descomunales descalificaciones que se recuerden. Sólo comparable con lo de "las locas de Plaza de Mayo", que la dictadura les aplicaba a las Madres.
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