Es indudable que la situación de los dos principales partidos políticos de Mendoza no es igual aquí que a nivel nacional.
Aquí el radicalismo da la pelea, mientras que a nivel nacional se ha visto relegado notablemente. Aquí recoge su experiencia de la gestión municipal o de su paso por la gobernación, cosa que a nivel nacional no suma o mejor prefieren no mencionar cuando se trata de remontarse a la última vez que ocuparon el Sillón de Rivadavia.
Pero lo que sucede es que los radicales mendocinos piden diálogo, se lo dan y lo rechazan, acostumbrados a seguir el esquema partidario porteño o bonaerense en donde la situación es absolutamente opuesta. Un verdadero contrasentido cuando esa oportunidad de intercambio está vinculada a algo tan importante como lo es la reforma de la centenaria Constitución provincial.
El PJ prepara su proyecto de reforma de la Constitución. ¿Es importante? Sí. Porque facilitaría la inclusión de derechos de tercera generación y, asamblea mediante, permitiría clarificar los alcances de la representación por departamentos y distritos, la autonomía municipal y otros temas como la reelección o no de todos los cargos políticos.
Insólitamente la UCR, el principal partido local de oposición, se niega a discutir todos estos temas porque hay un ítem incluido en el borrador de diálogo que propone la reelección del Gobernador.
Los radicales salieron a cerrar todas las puertas apenas se escuchó el clamor del último e impactante cacerolazo por las calles del centro mendocino, reaccionando, una vez más, en sentido contrario, malinterpretando la protesta: lo que se pide es cambios a la actual forma de hacer política y eso los incluye.
La reacción casi instantánea no es otra cosa que una negación a participar del diálogo que tanto han reclamado y que, finalmente, les han abierto. Pueden manifestar su rechazo, su disconformidad, su plan alternativo. Pero negarse a discutir la reforma de la Constitución aparece como un desatino, como la negación de un derecho implícito en el sistema democrático.
Está claro que no en todos los puntos tienen que encontrar acuerdo y podrían quedar bajo el juego de mayorías y minorías. Pero por sobre todo, lo que queda en la superficie de esta pelea menor de consecuencias mayores es que bajo las reglas de una democracia madura no deberían negarse a discutir un proyecto tan solo porque no están de acuerdo con uno, varios o muchos puntos del borrador. Democracia es diálogo, negociación transparente y búsqueda de consensos. De hecho, muchas veces el propio radicalismo usó estas mismas palabras para reclamarle actitudes republicanas al gobierno nacional.
El PJ por su parte, frente al desaire radical, no tuvo mejor opción que enviar a sus principales espadas para tratar de “gallinas” y otras delicadezas al principal partido de la oposición. Un juego de palabras bajo, vacío de contenido e inconducente, como estamos viendo.
La política también se construye con gestos, apertura y con mucha grandeza.
Esas posibilidades las cerró el radicalismo con su portazo al debate sobre la reformas y las cerro aún más el PJ con sus descalificaciones. Con igual mezquindad que sus adversarios políticos sabemos que se niegan a discutir reformas que incluso son de cuño K, como las PASO, para asegurarse no tener competencia en los cotos cerrados de caza en que han convertido los municipios bajo su conducción.
De igual forma, hace años que unos y otros se las han arreglado para seguir con listas sábana que sólo existen en muy pocos países del mundo, evitar cualquier forma de participación ciudadana (referéndums, revocatoria de mandatos, voto por programa, etc). Hablan, hacen como que hacen, pero no hacen nada.
Todo esto que sucedió durante la semana pasada hay que ponerlo en contraste con una práctica sistemática puesta que fue echada a rodar en silencio y sin estos fuegos de artificio principalmente desde la Legislatura desde hace varios años. Allí, peronistas, radicales y demócratas han sabido funcionar como un verdadero "interbloque" cuando de defender algunas cuestiones bastante menos cruciales para el destino de la Provincia se ha tratado.
Esto quiere decir que no es imposible que se pongan de acuerdo: los hechos demuestran que lo han logrado en más de una oportunidad sin que se gaste en vano ninguna palabra del diccionario
Ahora estamos frente a una nueva oportunidad. La UCR tiene un proyecto con varias reformas al sistema político y el PJ un proyecto de reforma constitucional.
Se tienen que sentar a dialogar en serio, abandonar las chicanas y pensar en todos los mendocinos. Para eso están.
Los radicales y los peronistas, como el perro que se muerde la cola
Las discusiones de la semana pasada en torno a la reforma / no reforma de la centenaria Constitución de la Provincia resultaron una burla: se sublimaron las posiciones sectarias y se nos priva desde la política de la posibilidad de contar con normas que permitan transparentar su actividad y fijarle objetivos superiores a Mendoza.