Del estupro a la llama eterna que se apaga

Al parecer, la Sra. Presidenta pretende ahora que los menores, a partir de los 16 años de edad, puedan votar en elecciones generales, tal como lo hacemos todos los mayores de dieciocho.
Y al parecer estos cambios se realizarán así nomás, a pura fuerza de mayorías; no se escucha a la par de esta propuesta la solución a las situaciones que se generarán, similares a las que ocurrirían si se pretende ensanchar una calle sin eliminar las veredas: habrá sin dudas espacios que compartirán autos y peatones, en los que, como siempre, los platos rotos serán pagado por los más débiles, los de a pie.

Por esto, lo que me parece más preocupante es que el mismo Estado, en su normativa vigente, es quien protege a los jóvenes de hasta 16 años por sus incapacidades para discernir ciertas situaciones de la vida adulta, como por ejemplo el consentimiento sexual. Específicamente, la letra de la legislación protege a los menores de dieciséis frente a los  mayores de dieciocho, si es que estos, aprovechándose de la inmadurez sexual del menor, abusan de él aún con su consentimiento.

Y la pregunta que cabe entonces en este caso es, si a partir de este cambio en la edad permitida para votar, ahora suponemos que un pibe se acuesta la noche anterior a su cumple de 16 sin capacidades, y amanece a la mañana siguiente apto para elegir presidente, aunque no para comprar un auto o manejarlo…

Aceptemos algo: cuando la legislación realiza cambios en el status de la personas en alguna edad, otorga siempre en la mañana de algunos cumples derechos y obligaciones que no se tenían la noche anterior; pero actualmente, al menos hay un par de años de transición en situaciones importantes, como votar o elegir compañerit@ de cama…

Así las cosas, me pregunto cuáles serán los motivos que la señora Presidenta tiene para bajar la edad permitida para votar. Sería bueno saber si el espíritu es sumar derechos a un millón y medio de argentinos, o simplemente sumar a quienes supone que tiene convencidos.

Y acá es donde entra la llama eterna del Memorial de la Bandera de los Andes, esa que no debería apagarse nunca, pero que a primeras horas de la mañana se resiste a estar prendida: me parece que la Sra. Presidenta piensa que su permanencia en el poder será eterna, sin darse cuenta de que es solo una más de tantos dirigentes que vieron apagar su llama más temprano que tarde; y si no me cree, que le pregunte a su nuevo-viejo socio Menem como es eso de la eternidad.

Pero entre tanto, mientras esperamos que llegue el próximo que se creerá eterno, ¿qué vamos a ir rompiendo? Que es bueno recordar, como dice el poeta, que a veces los poderosos juegan con cosas que no tienen repuesto. ¿Mandará la Presi a la parrilla a los pibes, con el simple propósito de sacar unos votitos más? Como poder, puede. Deber, en mi opinión, no debe.