"Épika" para todos y todas

El otro día andaba yo por una calle de cuyo (nombre no quiero acordarme) masticando improperios y farfullando barbaridades en 3D, cuando me encuentro con mi gran amigo el Doctor en semiología cognitiva constructivista Giancarlo Chamuyini, hombre docto si los hay, que al verme tan encocorado quiso, con su mejor buena fe, darme algo de contención; o al menos saber por qué yo estaba arrojando sapos y culebras hasta por las orejas.

-Nada, hermano, nada... -le respondí como pude. Es simplemente que estoy harto de tantísima “Epika” administrada en sobredosis casi diarias como para matar una manada de elefantes por ELLA y todo su coro de aplaudidores/cabeceadores/repetidores. Hasta ahora me la venía bancando como un señorito ingles, y vos lo sabés porque me hacés el honor de leer estas humildes columnas. Gracias totales por eso. Pero ya se me llenaron absolutamente las meninges y otras cosas. ¡¡¡NO es posible ni puede ni debe serlo que se presente una manganeta legislativa destinada a salvar un pez casi gordo como si fuera una gesta patriótica (más) en pos de la emancipación de esto, o la liberación de aquello, o la independencia de lo otro!!! ¡Finish, game over, stop! -Le grité, pobre, justo a él, que no tiene la culpa de nada. Pero fue comprensivo y cazó la onda.

-Creo entender, Robert...estás hablando de esos discursos presidenciales donde se presenta cualquier cosa, lo que sea, lo importante y lo que no lo es, lo urgente y lo que no calienta mucho, la biblia y el calefón, eso que es mera obligación de los gobernantes y lo realmente destacable, como si todo pero lo que se dice todo fuera una epopeya  extraordinaria, al lado de la cual el cruce de los Andes parece un picnic del 21 de setiembre...

-¡Si, amigo, si! ¡Eso mismo! ¡Lo que es haber estudiado...! Decime si no tengo razón: se han pasado de rosca para siempre. He soportado dignamente que cada cinco minutos me refrieguen en el hocico lo de la asignación universal, la estatización de las ex AFJP, la ¿recuperación? de YPF y Aerolíneas, la reducción de la deuda externa, la creación de empleo, el aumento de las reservas y todo cuanto se les ocurra. ¡Pero esto de mandar lo de Ciccone como la genial batalla para obtener “Soberania Monetaria” es “Too Much”, como diría la Gran Jefaza. ¡Hasta acá llegamos! -resoplé.

-Calmate...es fácil de explicar. Allá por 2003, teníamos la autoestima nacional en el quinto subsuelo después de las debacles seriales de los años 80 y 90, del 2001, y por la sucesión de  Presidentes a repetición que iban a gobernar como quien marca tarjeta en su laburo de empleado municipal con sueldo mínimo, casi con asco. En ese momento el discurso dominante era: “Es lo que hay, no pidan más. Arréglense, que todo podría ser peor. Den gracias por estar vivos” -Empezó a aclararme el panorama.

-Creo recordarlo. Eramos un montón de perros apaleados, excepto aquellos que se forraron de guita, porque siempre que pasan esas cosas es que algunos pocos se pararon  for ever -argumenté.

-¡Justamente! ¿Perros apaleados, dijiste? ¡De eso se trata! Seguro que vos, que me consta que amás a los animalitos, le habrás hecho cariños a algún perrito o gatito abandonado y hambreado, ¿no?. Bueno, si bien soy semiólogo y no “etólogo”, puedo asegurar que ese bicho se te pegó como una estampilla y después te costó un huevo sacártelo de encima, si es que lo hiciste...-siguió esclareciendome.

-¡Muy cierto! ¿Pero que tiene que ver con los discursos epiKos que ahora nos meten como si fueran supositorios los días pares  los impares también? -interrogué.

-Simple; hasta 2003, veníamos escuchando lo que ya te dije: La resignación en camiseta. A partir de ahí, empezó el otro discurso, el que dura hasta hoy. Es decir: “Somos los más mejores, todos los otros son una manga de giles, no hay con qué darnos, la tenemos más grande que nadie (la autoestima) y al que no le guste o no esté de acuerdo es un asqueroso excremento de alimaña rastrera, especialmente si se le ocurre decir que nos va bien solo porque a otros les va mal”. Semejantes argumentos fueron arrojados en cantidades siderales y mil formatos sobre el subconsciente colectivo a lo largo de casi diez años, multiplicados ad infinitum por cientos de medios, y han calado hondo en el pueblo todo, al punto que casi no se discuten (¡Guay del que lo haga!) y terminaron siendo como las caricias que piden lastimosamente esas pobres bestias callejeras que tanto te conmueven -me dijo, sabiendo que me tocaba el corazón.

-¡Oh! ¡Ahora veo todo más claro! ¡Se ha hecho la luz, y sin subsidios en la factura! Eso explicaría el famoso 54 por ciento después de nueve años de tanto ruido y tanta furia -me deslumbré- ¿Pero hasta cuando puede mantenerse el embuste, en caso que lo sea?

-Es que no es exactamente un embuste, y no sé hasta cuando puede seguir tensándose esa misma cuerda...soy un académico, no un adivino. Y recordá, por favor, que mentir no es lo mismo que decir “medias verdades”. Seguramente, se presentará en algún momento cierto escollo mucho más difícil de sortear que todos los anteriores, y ante eso las argumentaciones oficialistas harán agua por los cuatro costados. Siempre fue así, pero ahora estamos ante la posibilidad (inédita de un siglo a esta parte) de tener un “aterrizaje suave”...O sea: Minga de estallido, como acostumbramos toda la vida. Tal vez (solo tal vez) podamos terminar un ciclo económico expansivo sin que todo nos reviente en las narices. Creo que en eso estamos al 50 por ciento de las posibilidades. Si es por el discurso oficial, seguiremos creciendo por siempre jamás...pero eso no puede ser, nunca sucedió en ninguna parte, y menos acá. La moneda está girando en el aire -afirmó mi amigo.

-¡Glup! -Me atraganté- ¿O sea que tenemos otro “final abierto”, como tantas veces? -y casi me atoró con mis propias palabras.

-Si, pero no. Hay alguna (solo alguna) certeza de que no todo vaya a ser tan traumático como de costumbre. Lo más preocupante es que, en presencia de una oposición cuya principal característica es la ausencia (paradójica y patológicamente, porque hay opositores pero no oposición propiamente dicha) los muchos problemas causados  por errores y chanchullos de este gobierno, más lo que provoca el desgaste de una década gobernando, deberán ser subsanados por quienes los causaron. Es decir que volveremos a llamar a los pirómanos para que apaguen el incendio que iniciaron. Para decirlo más claramente: solo el peronismo vencerá al peronismo, porque su dinámica discursiva y las construcciones semánticas que impone (entre muchas otras cosas) le dan la capacidad de ser a la vez oficialismo, oposición y bisagra entre ambos si quiere, cosa que has señalado vos mismo mas de una vez -me recordó

-Grrrr...¿Pero y esos otros que se andan autoproclamando “líderes de la Oposición”? ¿Están pintados?-

-Maso...A uno le cuesta demasiado hacer pie fuera de la Capital Federal, y para el 2015 andá a saber si no está en cana por aquello de las escuchas telefónicas y demás muertos que tiene en el ropero, todos exhibidos con lujo de detalles por los soldados K. Hay otro al que también le cuesta un Perú salir de su distrito (Santa Fe) y además de tener como 70 pirulos es más aburrido que De La Rua empachado de somníferos. Por el lado del Radicalismo ni miremos (no vale la pena) y la Gorda Catástrofe implotó por sus propias estupideces. Encima, cualquiera que quiera armar una opción de gobierno requerirá una o más “patas peronistas”, porque si no ni siquiera tendrá fiscales para todas las mesas de votación, ni hablemos ya de votos suficientes. Tenés “EpiKa” para rato...

Fue suficiente. Seguí mi camino con la cola entre las patas, aunque ya más calmado ante las tan ponderadas explicaciones de mi amigo. ¡Ah, si todos fueran así de racionales, otro gallo nos cantaría!... Bueno, nos estamos viendo.

Tw: @robertomagno2