Con los niños no, La Cámpora

La semana pasada fui a la escuela de mi hija, que cursa el primario, para expresarle a sus autoridades que bajo ningún punto de vista acepto se le imparta charlas de adoctrinamiento por parte de la agrupación “La Cámpora” (ni de otra agrupación partidaria) y que de darse esa posibilidad se me comunique inmediatamente a los efectos de retirarla del colegio.

Salvo en el período 1994-2000 (en el cual trabajé como periodista en un medio de comunicación), milito en política en la UCR desde los 17 años. Fui cofundador y secretario general del primer centro de estudiantes secundarios elegido por el voto directo de los alumnos (post última dictadura), el de la ENET nº 1 Pablo Nogués (el CePaN, en 1985); fui presidente de Centro de Estudiantes en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo por la agrupación Franja Morada (en 1992); movido y conmovido por el drama familiar de tener un primo-hermano desaparecido (Jorge Pérez de Montoneros) milité (aunque muy brevemente) en el Laboratorio de DDHH de la UNCuyo (fundado por Luis Triviño);  formé parte de un gobierno democrático como director de un ministerio (2000-2005) y actualmente soy delegado gremial de ATE.

Cito mi historia de vida política no porque sea importante (es más, es muy probable que en la mayoría de esas funciones que cumplí, o cumplo, me haya equivocado, o me equivoque) sino para demostrar que pienso, y soy un convencido, que la actividad política (en cualquier ámbito social) es la mejor herramienta para cambiar las cosas que están mal en mi Patria, para tratar de conseguir una sociedad mejor, más democrática y justa.

Teniendo esos principios rectores (para que quede más claro por si alguien no lo entendió: no concibo la vida sin la política), a mi hija intento inculcarle, a diario, la solidaridad, el respeto, el valor de la palabra, la tolerancia, el sentido crítico. En definitiva, valores éticos y morales para que sea buena persona y, a partir de ahí, democrática y participativa. Pero yo, como militante de la UCR (filosofía de la ética que amo y defiendo fervientemente) aún no le enseño ni le inculco el ideario radical. Y lo hago porque considero que ella cuando tenga los elementos intelectuales suficientes, forjados a partir de “su” sentido crítico y no del “mío”, sabrá optar qué tendencia política seguir.

Por lo tanto no acepto que un grupo de militantes la adoctrine en “una” idea partidaria siendo una niña, y menos en un ámbito del Estado como el colegio primario reservado para todos los niños, sin distinciones de credo o raza o de las condiciones político-partidarias de sus papás.  Lugar que debe ser sagrado para la formación de las futuras generaciones, lugar donde hoy los niños deben ser formados en valores democráticos y no adoctrinados en una idea partidaria específica.

¿Fui claro?

Con los niños no “La Cámpora”.