Cristina Kirchner ha puesto sobre sus propios hombros varios récords alcanzados por Amado Boudou. Uno de ellos es que se trata del primer vicepresidente argentino en funciones acusado de prácticas corruptas. Tampoco hubo nunca en el Congreso, desde 1983, imputaciones tan enfáticas por acciones deshonestas contra un funcionario de rango parecido. Los calificativos escuchados contra Boudou agotaron los recursos de la lengua y el repertorio del lunfardo. Sin embargo, los bloques mayoritarios votaron con una disciplina casi militar la expropiación de la ex Ciccone. Esa disciplina sólo ocurre cuando existe una orden directa de Cristina. Será difícil en adelante separar a la Presidenta de su vice. El caso Boudou se ha convertido en un escándalo que compromete a toda la administración de Cristina Kirchner.
Una cosa era Boudou tocando la guitarra y otra cosa sería si hubiera tocado dinero del Estado. Es la diferencia entre la frivolidad y la corrupción. Fuentes judiciales seguras han afirmado que la investigación contra el vicepresidente avanzó en las últimas semanas. El juez Ariel Lijo está citando a personas que participaron activamente en la extraña venta de la ex Ciccone a dueños que nadie conoce. En los próximos días convocaría, por ejemplo, a los ex propietarios de esa empresa para que le digan a quién le vendieron la imprenta. Hay otro récord histórico: es la primera vez que se expropia una empresa y que nadie protesta por eso. Ningún dueño, real o aparente, se quejó. ¿O es que, acaso, entre los expropiadores están los dueños?
Para seguir leyendo esta nota entrar aquí.