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¿Por qué será que los mendocinos adoramos las noticias sobre escándalos vendimiales? El embarazo de la reina de la Vendimia de Lavalle puso en perspectiva la sexualidad de uno de los íconos de Mendoza y cómo el Estado provincial interviene en el cuerpo de las mujeres que se calzan una capa y una corona en este drama épico que es la principal celebración de nuestra tierra.
Como símbolos, las reinas de la Vendimia constituyen abstracciones. Se trata de mujeres que, bajo un contrato anual, son abstraídas de ciertas coyunturas. Es sabido, aunque no dicho, que las candidatas al cetro están vedadas de hablar sobre política y, sobre todo, de realizar cualquier tipo de cuestionamiento hacia el gobierno de turno.
Abstraídas también de su sexualidad. De acuerdo con el reglamento, la cultura manda que las jóvenes candidatas no pueden quedar embarazadas debido a sus obligaciones en calidad de representantes de Mendoza. En otras palabras, el Estado establece un control de natalidad sobre las soberanas por lo que dura el reinado.
Este proceso de abstracción se aplica con la fuerza de un correctivo.
¿Se acuerdan de aquella soberana de Luján cuyas poses sobre una cama en una sesión de modelaje marcaron el camino a un nuevo fenómeno de época? ¿Y de aquella candidata que sólo contaba con una hoja de parra -estratégicamente colocada- en afiches de vía pública, justo en la semana de la elección? ¿Aquel video tomado con celular de la candidata de Las Heras, cuando trabajaba como promotora de bebidas energizantes, incidió finalmente en su performance vendimial?
Hubo un antecedente singular que, quizás, unos pocos recuerden. Ocurrió muchos años antes de que se pudieran tomar imágenes por celular y de que YouTube tuviera un promedio de carga de videos de una hora por cada segundo.
Marinés Babugia, electa en 1997, aparecía en una de las revistas que renovó el periodismo mendocino en los años 90: Beztiario se atrevía a desnudar, mediante un fotomontaje y con un propósito humorístico, a la entonces Reina Nacional de la Vendimia, hoy titular de la Corenave. Aquella irreverencia provocó urticaria, amenazas de demandas judiciales y una tapa histórica que circuló muy poco.
En efecto, a los mendocinos nos causa horrores que la investidura vendimial se manche con fotos y videos que los titulares de los medios simplifican en tres letras y que provoca dolores de cabeza a coordinadoras de reinas, intendente o ministros de Cultura: HOT.
La tolerancia social sólo permite reinas asexuadas.
Pero el embarazo de Evelin Ramírez, de 18 años, puede permitirnos salir de la simple polémica para adentrarnos en un terreno más infructuoso. El de la educación sexual como política de salud pública.
Un retraso de años
En Mendoza, las autoridades de Salud reconocen que ha habido una demora de varios años en la aplicación de la Ley 26150, de Educación Sexual Integral, la apuesta más importante en la materia y que fue sancionada en 2006. La norma establece la forma y los contenidos en las escuelas públicas y aborda de manera completa los distintos aspectos de la sexualidad, desde el cuidado del propio cuerpo hasta el ejercicio de la sexualidad, sin descuidar un aspecto vital, los derechos de niños y jóvenes.
"En lo que se refiere a la educación sexual formal, hay que comenzar desde el jardín de infantes", aseguró Alicia Motta, directora de Maternidad e Infancia y bajo cuya órbita se encuentra el cada vez menos visible programa de Salud Reproductiva. "Hay que trabajar mucho en el autocuidado y en la idea de la intimidad, lo que prevendría en gran escala el abuso sexual infantil", puntualizó la especialista.
En la Dirección General de Escuelas han indicado que los contenidos curriculares se están distribuyendo en las escuelas de la provincia y que se están realizando jornadas de capacitación para que los docentes puedan abordar la problemática en las aulas.
"Es un derecho el de los chicos a recibir educación sexual. Creemos que tenemos que fortalecer el cuidado de nuestros adolescentes para que ellos sepan cuidarse. Una educación sexual es responsabilidad de todos", definió Livia Sández, subsecretaria de Gestión Educativa. Y añadió: "Los temas de la sexualidad son muy presentes en los jóvenes y negarlo es convertilos en un problema y la realidad es que hay que hacerse cargo".
Las inquietudes en las escuelas son diversas. Desde la prevención de las enfermedades sexuales hasta la importancia de evitar los embarazos no deseados. Y hay desafíos a los cuales la escuela tiene que enfrentar e hitos como la sanción del matrimonio igualitario, como la problemática de identidad de género y la tolerancia hacia la diversidad sexual.
Alicia Motta reconoce que hubo "resistencias" para aplicar el manual en las escuelas. La Iglesia y los llamados grupos pro vida han cuestionado que las aulas, en un marco didáctico y pedagógico, puedan reemplazar al ámbito de aprendizaje natural donde se enseña la sexualidad: la familia.
"En el Estado, hay una ausencia de la educación sexual como política pública", afirmó Silvina Anfuso, que pertenece al colectivo Mumala. Desde esta perspectiva, Anfuso consideró que la educación sexual se reduce a la entrega de preservativos, circunstancia que se ha visto reducida en los últimos gobiernos justicialistas.
El panorama es desolador en los barrios, sobre todo en los más humildes. Según Anfuso, en los centros de salud no hay campañas de prevención para los más jóvenes. El acceso a la información y a los métodos anticonceptivos están sujeto principalmente a la demanda individual. "A la mujer que quiere hacerse una ligadura de trompas, le presentan muchos obstáculos", remarcó.
"Si bien se han hecho avances, es todavía una deuda que tiene el Estado con la sociedad, pero con todos los sectores", afirmó Motta, pero aclara que pese a la oferta gratuita de los métodos en los efectores públicos, éstos todavía no son visualizados como una necesidad en los grupos socioeconómicos más bajos.
En este retraso para aplicar la ley de Educación Sexual Integral en Mendoza, las estadísticas oficiales muestran que los niveles de embarazo adolescente se mantienen: en el 2011, el 15,6 por ciento de los nacimientos en hospitales públicos y privados -en 2010, la tasa fue de 15,9 por ciento-. Pero en los grupos socioeconómicos más vulnerables, el porcentaje asciende al 22 por ciento en los hospitales públicos.
Lo que está en discusión en el fondo, entonces, no es simplemente si una joven tiene que seguir o no desempeñando su rol como reina de la vendimia.
Pero surgen al menos dos contradicciones palpables en un tiempo que adelanta cualquier polémica propia de marzo.
Que los mendocinos adoramos consumir por los medios las noticias donde las reinas se reencuentran con su sexualidad, ya sea para cuestionarlas porque deshonran la tradición, ya sea por la simple curiosidad a la que nos incita el escándalo local.
Y que la principal festividad de Mendoza, aquella que celebra la fecundidad de la tierra, niega al mismo tiempo la sexualidad de las mujeres que la representan.