La noticia de Kada día

Cada despertar de los argentinos tiene otro nubarrón que va tapando el anterior, asomando permanentemente una nueva tormenta que al día siguiente hace más oscuro el amanecer, aunque uno quiera ver siempre la aparición del sol en el horizonte.

 Una y otra vez nos sorprenden. En esta oportunidad, la salida de presos de las cárceles para asisitir a "actos culturales" como forma de reinserción del reo que ha cometido delitos. Según el ex Jefe de Gabinete de Ministros y hoy senador nacional, Aníbal Fernández (el mismo que dijo que ahorraba en dólares porque hacía con su plata lo que quería) salió a defender este programa y sostuvo que además de tener el permiso del juez que entiende en la causa de cada preso que sale a la calle, no se trata de algo hecho a escondidas. Sus dichos fueron corroborados nada menos que por el propio ministro de Justicia, Julio Alak.

Salgo a levantar mi voz sin pertenecer a lo que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha dado en llamar los medios del desánimo y del miedo sino que lo hago como una ciudadana ya cansada de que todo aquél que no piense igual es pasible de insultos, de improperios y hasta de vulgaridades como escuchamos hace muy poco en uno de los tantos discursos que se emiten usualmente en cualquier lugar y con cualquier motivo. El disenso y la libertad del pensamiento y de la acción son la base del sistema democrático con el que muchos se solazan y pocos lo practican. Por eso voy a expresar lo que siento y lo que pienso.

Cuando estamos viviendo en una sociedad en la que los hechos de violencia se incrementan, en la que los ciudadanos nos encerramos bajo cuatro llaves y ya no sabemos a qué sistema acudir para vivir más seguros y tranquilos, cuando escuchamos que desde lo más alto del poder se defienden programas para que los presos salgan de las cárceles con autorización judicial para participar de "eventos culturales" fuera de sus muros como forma de resocialización y reinserción social, realmente altera al más calmado o al más distraído. Peor aún si la propia Presidenta sale a defender esta postura, cargando una vez más sobre la "cadena nacional del desánimo, del miedo y del encubrimiento" en alusión directa al grupo Clarín -"la verdad les importa un pito, quieren causar daño político" (sic)-  como si todo fuésemos llevados de la nariz por lo que dice tal o cual medio, como si no tuviéramos capacidad de raciocinio, de discernimiento, de análisis propio.

Los eventos culturales, las actividades laborales, de estudio o de entretenimiento deben ser bienvenidas para   la reinserción de los reos pero dentro de los muros del penal porque están allí para cumplir una pena por haber cometido un delito, si no dónde está la justicia para quienes fueron blanco de esos delitos, hoy preocupados porque comparten espacios de libertad con quienes todavía no se han hecho acreedores de la libertad. ¿Qué pueden sentir quienes fueron el blanco de asaltos, robos, asesinatos y que no tienen el derecho a la libertad y mucho peor a la vida, a manos de aquellos que hoy pueden ir a eventos "culturales" ? Hay que reeducar al reo, hay que trabajar para que las cárceles sirvan para rehabilitarlo como reza el artículo 18 de la Constitución Nacional, pero no es permitiéndoles salir de esa forma ni tampoco anticipando las salidas. Porque también el encarcelamiento debe ser educación y educar implica poner límites, y poner límites importa crecer en el ámbito que sea.

En este sentido, trasladándonos a Mendoza, el proyecto del radical Luis Petri, también despertó la ira de los "medios del alineamiento". El legislador presentó esta iniciativa para limitar las excarcelaciones de los condenados, creando el Código de Ejecución de la Pena, tras los reiterados hechos delictivos producidos en Mendoza teniendo como protagonistas a personas condenadas y con el beneficio de salidas transitorias. Inmediatamente, el periodista de Página 12, Horacio Verbitsky, salió a criticar la iniciativa con una serie de argumentos alineados con la postura del oficialismo.

Mientras todo esto sucede, nosotros, ciudadanos comunes, vemos rodar la película muchas veces sin comprender el argumento, esperando que llegue el momento en que los protagonistas actúen con imparcialidad y sin la búsqueda de réditos personales.