Cuando el 2015 es hoy

La senadora Rojkés de Alperovich habló de la reelección de Cristina. O de su falta de interés. Es que, en medio del enfrentaniento con Moyano y Scioli, los "reformistas" empezaron a "caminar" el país.

Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

En Twitter: @villalongaj

"No me da la sensación de que esté en los planes de la Presidenta reformar la Constitución para prolongar el mandato (…) Hay posibilidad de generar espacios de discusión pero esto no es algo que haya surgido de la Presidenta ni está en sus prioridades".

La frase, con una mínima edición y sin cambiar el sentido, le pertenece a la senadora nacional Beatriz Rojkés de Alperovich (FpV-Tucumán), presidente provisional delaCámara alta y probablemente uno de los ejemplos más notorios, después del alicaído vicepresidente Amado Boudou, de alineamiento político absoluto con la presidente Cristina Kirchner.

A esta altura no parece ser un secreto para nadie que el 2015 ya se está jugando en estos convulsionados días del 2012. Con el telón de fondo de la crisis financiera internacional, la disputa política ha registrado algunos rounds interesantes. El enfrentamiento sin retorno entre Hugo Antonio Moyano y la Presidente tuvo su escenificación la pasada semana con el paro y movilización del Sindicato de Camioneros que contó con el apoyo y hasta la convocatoria de la CGT. Con la mira puesta en el congreso del próximo día 12, el moyanismo buscó mostrar su capacidad de convocatoria y consiguió lo contrario, desnudó los límites precisos de un llamamiento que decidió el líder sindical en un programa de televisión cuando fue avisado de que el Gobierno le había impuesto una multa de cuatro millones de pesos y se aprestaba a denunciarlo penalmente, cosa que finalmente sucedió.

Según pasan las horas, en la Casa Rosada comienzan a imaginar una salida de Moyano aún menos traumática de lo que imaginaban hace unos meses, cuando de igual modo la Presidente ordenó actuar con la mira puesta en desbancarlo de la CGT. Las declaraciones de Héctor Recalde, el diputado kirchnerista y ex abogado de Moyano en la central obrera, terminaron por convencer a propios y extraños de que al moyanismo le quedan días de vida. No más. De hecho, el objetivo de reducirlo a su menor expresión se habría cumplido gracias a una estrategia política y judicial concertada, que no cesará aunque Moyano se repliegue.

La “solución” que le acercaron a Cristina Kirchner, entonces, suponía que el ministerio de Trabajo convoque a una conciliación entre las partes, la CGT y los “gordos”, para forzar el quiebre formal de la única central sindical reconocida en el país. Carlos Tomada lo hizo este martes. Como no hay acuerdo, los sindicatos antimoyanistas podrían “vaciar” el congreso del 12 y convocar a su vez a otro para constituir una nueva CGT que, según los cálculos del oficialismo, dejaría en minoría a la existente, lo que terminaría por convertirla en una central “camionera” y poco más.

El otro “oponente” del “cristinismo”, el gobernador Daniel Scioli, atraviesa por estas horas uno de los peores momentos de su estadía en el poder. La contraofensiva del kirchnerismo contra el mandatario de la provincia más poblada de la Argentina puso al garete a la Administración bonaerense. La discusión sobre el dinero que le reclamaba Scioli al Ejecutivo nacional para poder pagar los sueldos de junio destapó la fragilidad de las cuentas provinciales. Y la decisión del Gobierno de Cristina de someter al gobernador hasta el límite de lo posible para exhibir su ineficiencia en la gestión. “No es incombustible, nadie lo puso en evidencia hasta ahora. Es eso”, explicó un funcionario nacional que, está claro, mucho no quiere al ex motonauta. (Resulta interesante ver cómo Scioli se halla instalado entre dos “fuegos” mediáticos: el de los medios filoK y el de los antiK, éstos últimos con el aparente objetivo de forzarlo a “saltar” el cerco kirchnerista).

La pretensión de Scioli de comenzar a “correrse” lentamente del destino de la Presidente, encarnada según la visión del oficialismo por su foto con Moyano, desató la ira del Olimpo kirchnerista. Y abrió la temporada de caza de los potenciales aspirantes al premio mayor en 2015, en particular de aquellos que podrían tener la aspiración de llegar “por afuera” del entramado cristinista. El cordobés José Manuel de la Sota es el otro que osó levantar la cabeza. Y así le está yendo: no tienen fecha de devolución los más de 2.000 millones de pesos que le debe la Administración federal.

Aquí se abren dos vertientes de análisis. Si es cierto lo que entiende la presidente provisional del Senado, en el sentido de que Cristina no aspira a que una reforma de la Constitución la habilite para un nuevo mandato, entonces tiene sentido que el oficialismo ataque a todo aquel que explicite sus ambiciones presidenciales mientras busca denodadamente un heredero que continúe el “modelo” más allá del 2015. Paralelamente, la misma frase del principio podría dar a entender que la Presidente no alienta una reforma de la Constitución “para” aspirar a un nuevo mandato, sino “solo” para reformar desde sus cimientos el sistema político. Aquella reforma “a la alemana” de la que hablamos hace algunos meses en esta columna. En este caso el candidato presidencial sería una “anécdota” y lo importante sería el nuevo sistema creado, de corte parlamentario, en el que lo crucial serían las mayorías o minorías legislativas. Tal reforma incorporaría una serie de cambios “revolucionarios”, según anticipan sus impulsores, entre quienes destacan el ministro de la Corte Eugenio Zaffaroni, el filósofo de Carta Abierta Ricardo Forster y el titular de la agrupación MILES, Luis D’Elía. “La idea es convocar a organizaciones de todo el país, como se hizo con la Ley de Medios pero a mayor escala, para que se debatan los contenidos de una reforma amplia”, apunta uno de los dirigentes convocantes, que ya han comenzado a “caminar” el país para coordinar “mesas de debate” previas a una convocatoria formal.

Son estos “los espacios de discusión” de los que habló la senadora tucumana. Cristina, entretanto, “dejará hacer”, pero se imagina como una conductora “espiritual” –aunque no le gusta demasiado la palabra por sus ecos históricos– de un movimiento social que debería trabajar para impedir que se reviertan las “conquistas alcanzadas” por el kirchnerismo al cabo de 12 años de ejercer el poder.

Si a alguno le parece que todas estas disquisiciones son pompas de jabón en el aire cuando se avecina una recesión y nadie puede garantizar un resultado positivo al oficialismo en 2013, bueno será recordarle aquel lejano 2008, el año de la guerra con el campo y la primera recesión, que condujeron a una derrota del kirchnerismo en las urnas en otro elección de mitad de mandato, la de octubre de 2009. El gran ganador de aquella contienda electoral fue el diputado nacional Francisco de Narváez, quien sin partido derrotó al mismísimo Néstor Kirchner. Dirigentes políticos y empresarios de entonces descontaban una salida del poder del kirchnerismo en 2011. Incluso algunos se ilusionaban con que sucediera antes.

Lo que pasó después es historia conocida. La nueva “coalición destituyente”, según la califican cerca de la Presidente, no tiene una composición muy distinta que aquella: medios opositores, Scioli, el PRO, ahora Moyano. Ni fuera ni dentro del panperonismo aparece un candidato. Igual que ocurre dentro del “cristinismo”. Por este vacío dirigencial se abre paso una reforma como la relatada.   

(*) Director de Gaceta Mercantil