Mendoza, Estado ausente y pérdida de empleo

César Biffi y Enrique Vaquié ofrecen aquí su análisis sobre la pérdida de empleo en Mendoza y las culpas que recaen en la administración del estado.

Hace algunos días advertíamos sobre el  comportamiento del empleo en la Provincia de Mendoza.

Centralmente explicitábamos que durante el último cuatrienio (2007 – 2011) de acuerdo a datos de la web del Ministerio de Hacienda y de la Encuesta Permanente de Hogares, dos de cada tres empleos que se crearon en Mendoza correspondían al sector público. El dato podría ser aún peor si tomáramos los empleos generados en los municipios que terminarían por agravar el cuadro.

El segundo dato hacía referencia a la caída de la inversión pública en el primer cuatrimestre de 2012 con respecto al mismo período del año anterior. Concretamente, la disminución de la ejecución de las obras públicas tendrá fuerte impacto en el mercado laboral.

Si estos datos generales implican evidentes señales para la preocupación, las advertencias desde distintos ámbitos sectoriales de nuestra economía no hacen más que confirmarlas.

Es que en efecto, voceros de la industria de la construcción certifican que el sector atraviesa la doble dificultas de, por un lado la retracción ostensible del sector público tanto en inversión como en atrasos de los pagos en las certificaciones de obra, y por otro, en el sector privado, la caída de las ventas de entre un 20% al 30% por la desconfianza de los inversores ante un mercado confuso e imprevisible en precios, valor del dólar y condiciones de las operaciones.

Así mismo las Cámaras del Ajo, Cebolla; Fruta en Fresco, Duraznos y Olivícolas, solicitaron hace pocos días la declaración de emergencia económica tanto para la frutihorticultura y tanto como para la olivicultora por la crisis evidente no sólo en relación a la competitividad sino también por las trabas impuestas al comercio exterior por parte de las autoridades nacionales a dichos productos.

Nuestro sector más competitivo y organizado, con un desarrollo planificado desde hace muchos años, el de la vitivinicultura, se encuentra signado por serios problemas vinculados también a la pérdida de competitividad, trabas a su comercialización y, en franjas de calidades medias, trasladando su embotellamiento a otros países, perdiendo también en este sector empleos que considerábamos relativamente estables.

Las distintas consultoras dedicadas a la contratación de personal indican  baja o nula expectativa para la creación de nuevos empleos y como en otras épocas un marcado temor de aquellos que teniendo empleo pueden perderlo, con una caída fuerte de las demandas en el sector administrativo, de la construcción, servicios sociales, agrícolas y comercio.

Si el mundo “se cae sobre nosotros” o por el contrario, si nosotros, por políticas macro o micro económicas permitimos que “el mundo se caiga sobre nosotros” será una discusión para otro lugar y mas profunda que una nota de opinión.

Lo que si sabemos, que es en estos momentos, por lo menos para quienes  creemos en la intervención inteligente del Estado en la Economía, es que Mendoza y su gobierno deberían estar aplicando políticas “contracíclicas” que resolvieran en parte nuestra dificultades y aseguraran los niveles de empleo en Mendoza.

Está claro que para cumplir con ese objetivo hay que contar con ahorros fiscales, fondos anticíclicos u holgura presupuestaria, que Mendoza no tiene producto del despilfarro, ausencia de una visión estratégica en la planificación por parte del Estado en estos últimos cinco años y de una administración que a pesar de casi una década de crecimiento económico, es incapaz de pagar en tiempo la provisión de la copa de leche para nuestros escolares de sectores sociales más desfavorecidos.

Quien carece de virtudes para hacer lo menos es imposible que pueda hacer lo más.