Ernesto Bustelo, militante de la democracia

Ernesto Luis Bustelo nació un 20 de julio, razón por la cual es importante, creo yo, recordarlo antes de esa fecha, ya que el día del amigo y el nunca ausente recuerdo de la llegada a la luna colapsan todos y cada uno de los medios de difusión para la fecha en la cual debería escribir estas palabras.

Ernesto Bustelo fue, además de ingeniero y fanático de Serrat, decano de la UTN Mendoza durante catorce años. Comenzó en esa función junto con la Democracia como Decano normalizador, y dos años después fue electo por todos los claustros de la Tecnológica, situación que se repitió por tres períodos consecutivos.

Pero más allá de la información oficial, Bustelo fue un hombre que supo interpretar la necesidad de democratización que existió en los ochenta, y sostener esta bandera durante el menemismo, época en la que el neoliberalismo venía “a degüello” por lo que quedara de socialdemocracia, en el país y en los claustros universitarios.

Él compartió cada una de las actividades que los estudiantes hacíamos defendiendo la Universidad Pública; y cuando digo “compartió”, no es una forma de decir; la mayoría de las movilizaciones que realizamos por el centro de Mendoza, tenían a una autoridad universitaria (y solo una) acompañando a los estudiantes, graduados, docentes y no docentes: el Decano de la UTN.

Tan comprometido estaba Bustelo con la lucha de la Universidad Pública, que los docentes de derecha decían (nunca a viva voz) que los estudiantes de la Franja manejábamos al Decano. Casualmente, los alumnos de las demás agrupaciones estudiantiles de la Tecnológica, decían que Bustelo manejaba a la Franja… la verdad era que, la coincidencia ideológica de este hombre con las ideas Reformistas era tal, que no había discrepancias; nunca fue necesario que nadie manejara a nadie. Convergencia de ideas, para defender la Universidad Estatal, Pública y Gratuita.

Bustelo sufrió, a comienzos de los ochenta, las amenazas permanentes de aquellos a los que en esa época se llamaba “mano de obra desocupada”, en referencia a represores que, con la llegada de la Democracia, habían quedado fuera del poder. Él (junto al “Turco” Casal, viejo cascarrabias a primera vista, pero tipazo de gran corazón, que era el responsable de mesa de entradas de la UTN), recorrían las oficinas y las aulas cada vez que una amenaza de bomba perturbaba la paz de la Tecnológica; los represores se la tenían jurada: su primer acción como Decano normalizador fue echar a dos milicos contratados durante el “proceso” para controlar a los “subversivos” universitarios de Mendoza, y con ese dinero fomentó las actividades culturales dentro de la Universidad.

Yo lo he visto, y esta no me la contó nadie, defender en pleno menemismo la educación de excelencia en el Consejo Superior de la UTN, cuando para los decanos era recomendable mirar al costado si querían recibir los fondos que correspondían a sus facultades, en un método unitario de asfixia que sigue vigente en nuestros días. Bustelo le gritaba en la cara al resto de las autoridades de la Universidad su verdad: la excelencia no se logra con pocos alumnos inteligentes, sino con muchos avanzando hacia la construcción de un país más solidario, con inclusión de los más humildes en las aulas en las que se imparte la Educación Superior.

En fin, que el capitalismo salvaje estará ganado la batalla, pero la guerra por la igualdad y la inclusión de todos que llevaba adelante Bustelo seguirá, mientras haya aunque sea un alumno, un graduado, un docente o un no docente, en alguna de las universidades públicas, que mantenga en alto estas banderas.

Hacen ya casi ocho años que Bustelo no anda por Mendoza. Y no fueron solo virtudes las que marcaron su vida; defectos tuvo, como cualquiera, pero bajo ningún concepto sus errores humanos pueden ni tan siquiera llega al talón de lo que hizo por la Educación Pública mendocina y argentina. Su ausencia física en este mundo, no es suficiente para que olvidemos su obra.

Ingeniero Ernesto Luis Bustelo, en un nuevo aniversario de su nacimiento, lo saludo y lo recuerdo con cariño y respeto, y le dejo un fuerte abrazo militante.