Cuando abusaron de mí

Cuando yo era niño recién nacido fui abusado: me llevaron a una Iglesia y me bautizaron.

Después me mandaban a catequesis, allí yo ya era libre de escaparme y rumbear a la Plaza, a jugar con los amigos... antes de salir de la Parroquia de la Virgen Niña, jugábamos al metegol y al billargol, los niños se juntaban a montones y luego sonaba la campana para ir a misa y quedaba menos de la mitad, el cura se paraba en la puerta tratando de evitar la huida pero era imposible.

Ha pasado el tiempo y como siempre, los domingos me voy a trepar el Cerro de la Gloria, (hoy había mucha gente), me voy con guantes, un pasamontañas, un gorro de polar que me compré en el Open Persa Mall y que tiene la ventaja de taparme las orejas. Al llegar al cerro y previo a la trepada de las escaleras tarareo la música de Rocky, tarantan!! tarantan!! tararantarantan!! y con eso me motivo para hacer la subida corriendo. A veces me cuesta escapar de los flashes, (no son para mí) dirigidos al genial Monumento que construyó Ferrari. Debo confesar que siempre me quedo parado escuchando lo que dicen los guias turísticos, debo confesar que cada uno cuenta una historia diferente y eso me parece alucinante, es como si todas las versiones del Fausto se contaran una tras otra.

En la pared sur, están las Patricias Mendocinas. Allí está la mismísima Remedios de Escalada, ella lo conoció al José (yo le digo así), en una reunión de jóvenes revolucionarios, en su casa, ella se reenganchó con él apenas lo vio, fue amor a primera vista, quedó flasheada, y él también. Estuvieron poco tiempo de novios, se casaron al toque el12 de noviembre de 1812. Al novio lo nombraron gobernador de Mendoza, entonces se tomó el buque para estos pagos. Ella no aguantaba, lo extrañaba un toco... en esa época no había sms ni face, ni mail!!! había chasquis!! que demoraban muchísimo. Entonces ella se echó un pique y llegó unos días después. No hay nada escrito de cómo se reencontraron, pero yo me quiero imaginar que ellos no pudieron parar de darse abrazos y besos hasta que los sorprendió el sol. Ella le dijo: Mirá yo quiero ayudar con el Ejercito. Entonces... la Remedios se iba a las juntadas de mujeres, allí las damas de la sociedad llevaban las joyas, como siempre cada cual quería mostrar todo lo que tenía, mientras, ella junaba y anotaba en un cuaderno Gloria tapas blandas. El Monumento lleva el nombre del cuaderno. Un buen día San Martín organizó una reunión en el Cabildo, y les dijo "Todos somos ya soldados. A la idea del bien común y en nuestra subsistencia todo debe sacrificarse. Desde este instante el lujo y las comodidades deben avergonzarnos como un crimen de traición contra la Patria y contra nosotros mismos"...  Al toque la Remedios puso sus joyas en un bolso y las demás la siguieron de mala gana, luego les advirtieron que irían a sus casas a confiscar el resto, entregaron todo lo que tenían incluso el dinero y sus esclavos, quienes recuperarían la libertad al regreso. Groso, no?

Las mujeres más pobres, VOLUNTARIAMENTE, hicieron botas de cuero, tejieron ponchos y entregaron a sus maridos y a sus hijos al General. Cada anillo era un fusil decían las Patricias Argentinas de Buenos Aires.

Remedios caminaba una tarde por la ciudad, pasó por una tienda y trajo un trozo de tela celeste "color de cielo" como lo quería su marido el José. Se juntaron con la chicas y se pusieron a bordar la bandera y el escudo, allí quedaron algunas manchas rojas, Remedios tosía sobre la bandera su tuberculosis sin remedio.

Viajó a Buenos Aires en un coche, llevaban un ataud por si se moría en el camino, bajo la custodia de Manuel Belgrano y el General Paz, murió el 3 de Agosto de 1823 (cuando vayas a Buenos Aires la podés visitar en la Recoleta).

Esto es otro abuso que cometieron las maestras con nosotros, nos mostraron a las Patricias Mendocinas como damas generosas y de alcurnia, nunca mostraron su fase egoísta y nunca nos contaron la historia de las mujeres pobres y su voluntaria colaboración. Todavía quedan Patricias, todavía lucen joyas en los ghetos, ahora salen a las calles, no son las damas de hierro, son las Damas de Teflón.

El friso Sur del Cerro de la Gloria continúa con unos gauchos tirados en el piso curtiendo cueros, allí hay una mula, una extraña mula que ocupa una parte importante del borde del friso. Tiene los ojos tapados y ningún hombre la puede sujetar, las mulas tienen la extraña costumbre de patear como los caballos, con fuerza hacia atrás, pero lo curioso que también patean con mucha fuerza hacia adelante, allí donde normamente se encuentra el futuro.

Miguel Lisanti