Rara fijación la que tenemos los argentinos, amigos y amigas, con la Plaza de Mayo. Todo pasa o debe pasar por allí en algún momento. Claro, en tiempos fundacionales de la Nación estaba frente a la sede del gobierno (primero el colonial, luego el patrio) cuando el bacalao se cortaba en el Cabildo. Más tarde, y ya reducido éste a su actual estado de triste maqueta mutilada de lo que fue, se irguió la Casa Rosada en la otra punta y siguió asentándose el poder político en esa zona. Además, en la esquina opuesta a la “Pink House” (Tato Bores dixit) está la residencia del gobierno de la ciudad, y a un costado vigila la Catedral metropolitana, como relojeando que la cosa no se desmadre, aunque de poco ha servido esa vigilancia, a juzgar por nuestra historia. Para completar el cuadro, frente a la sede religiosa se encuentra el Ministerio Economía, que parece recordarle a todos los demás que sin las habas que allí se cuecen nadie puede parar ninguna olla. Al medio, vemos la Pirámide de Mayo coronada con su representación de La República, que si fuera por lo que vio pasar ya debería haberse colgado de una palmera hace muchas décadas; menos mal que es solo una estatua.
Aparentemente, todo está claro: si esa plaza ejerce tal magnetismo en los argentinos, es porque expresa mejor que cualquier otro espacio o construcción al poder formal, ese que todos debemos acatar porque para eso está, de acuerdo a la vieja idea del “Pacto social” por el cual cada uno cede una partecita de su libre albedrío para bien del resto.
Pero igual, creo humildemente que nos pasamos de mambo. Parece que ningún dirigente nacional se siente tal si no llena una Plaza de Mayo alguna vez, sea a favor o en contra de quien ocupa el gran edificio color salmón que está ahí no más. A veces solo se amaga con ir a patalear y eso ya tiene efectos en las grandes decisiones. Es como si hubiera una asignatura que deben rendir inevitablemente para sentirse grosos: “Plazología Mayística Aplicada”, podría llamarse. Sabemos que en muchos países hay lugares de alto simbolismo donde van los que tienen perdida la fe o la poseen en demasía y arman grandes movidas... pero dudo que exista otro que le haga sentir a los líderes que ahí se da una especie de examen ineludible para poder dirigir los destinos del país o parte de él. Es casi como La Meca para los creyentes musulmanes: deben ir al menos una vez en la vida. Y coparla, claro. ¿Habremos inaugurado el “Fetichismo socio-político”?
Ahí tenemos otro tema: ¿Con cuanto llenamos esa plaza? ¿Con cuantos ñatos (¿Y con cuanta guita en concepto de “viáticos-bondis-choris-percusión-birra-pirotecnia-Etc.”?) Si hacemos un poco de memoria, podemos recordar que una vez Perón dijo que había metido ¡Un millón! de personas ahí...a menos que hayan armado muchas pirámides humanas de 25 metros como las que hacen en las fiestas populares de Valencia y Cataluña, no parece posible. Además, tenés otra: la cifra que echan los organizadores y la que manda la policía (Verbigracia: el gobierno, si es que la manifestación es en su contra; si no, no dice nada). El periodismo engorda alegremente la confusión general largando sus números al aire según sean más o menos adeptos al gobernante o al convocante de turno. Estudiosos de la zoociología argenta dicen que metiendo 80.000 almas ahí ya la plaza te queda corta de mangas...supongamos. Pero si habilitás las dos diagonales más la Avenida de Mayo, eso ya es otra cosa. Igual tenés que contar con el espacio para estacionar los micros (y/o camiones) y los móviles de los medios, dejando también pequeños pasillos para la gente que sale por las bocas de los subtes y la que escapa ratonilmente de las oficinas y negocios cercanos...Ufff!!!..
Si uno quiere que su juntada Plazamayística sea un éxito, es mejor no dejar nada librado al azar y recurrir a los que saben. Por eso consulté a uno de esos amigos que no le presentaría a nadie pero que la saben lunga; un ex sindicalista luchador devenido en consultor-empresario-lobbista de alquiler cuyo nombre voy a reservarme por amable consejo de mi abogado y no tan amable de sus guardaespaldas. Lo primero que hizo fue darme su tarjeta, donde se leía: “¡¡¡ Animamos tu placita !!! Precios especiales a pequeños partidos de ultra lo que sea, caceroleros principiantes y sindicatos chiquitos, oficialistas o no. Su pregunta no molesta. Consúltenos sin compromiso al 0810...” Ante mi expresión de asombro, se me anticipó:
AMIGO: Ya sé lo que me vas a decir; que en este país los rebusques no tienen fin, y mucho menos si estoy yo de por medio...
YO: Exacto. Como siempre, me leíste el pensamiento.
AMIGO: No solo lo hago con vos, y eso me permite facturar tupido. Acá no junta millones el que no quiere, porque esta es la tierra de las oportunidades, enterate de una vez.
YO: Deduzco que en tu nueva reencarnación currística asesorás sobre como se llena una plaza, la de Mayo preferentemente...
AMIGO: Obvio; no todos pueden hacerlo, no todos saben como y muchos menos tienen claro lo que hace falta para no fallar patéticamente en el intento. Yo les allano el largo camino a la consagración popular que representa colmar de incondicionales (por un rato) la mayor “Ágora” del país.
YO: ¡¿La mayor qué?!
AMIGO: ¡La mayor “Ágora” o “Él Ágora”, bestia! Así llamaban los antiguos griegos a los espacios abiertos donde el pueblo se juntaba a deliberar y decidir, porque ellos tenían una democracia directa; con esclavos, pero democracia al fin, dicen los historiadores formales.
YO: ¿Y nosotros no?
AMIGO: Ni a ganchos. Esto es una democracia representativa, donde el pueblo no delibera ni gobierna si no a través de sus representantes...¿O nunca leíste la Constitución, salame? No obstante eso, nuestros líderes generalmente poco y nada de bola le pasan al Congreso, que es donde están los representantes prolijamente elegidos y organizados de antemano, y prefieren conectarse en directo con las masas mismas. Los únicos que pueden hacerlo más o menos prolijamente son los que tienen el gobierno agarrado por los fundillos, y el resto lo mira por TV. Me propuse reparar esa injusticia y darle a muchos más la posibilidad de tener su soñada plaza, no sin colaborar en la logística con el oficialismo cuando la ocasión lo amerite, porque lo que abunda no daña.
YO: ¿Y concretamente, qué le ofrecés a tus clientes?
AMIGO: Hay varios servicios, por ejemplo, el “cotillón”: bombos, cornetas, matracas, redoblantes, bombas de estruendo, gorro-bandera-y vincha, todo “customizado” como lo pidan, con los logos bien prolijitos y un amplio surtido de frases para pancartas, porque hay algunos que tienen menos ingenio que un garbanzo. Entonces los ayudamos a que se luzcan.
YO: ¿Transporte y catering?
AMIGO: Yes. Le buscamos presupuesto para esas cosas, y contratamos en nombre de ellos si nos firman un poder. Hay especial cuidado con el morfi, porque no es lo mismo una manifestación del Partido Obrerudo neorevolucionario que una de cacerochetos de Barrio Norte. No van a comer lo mismo...desde el viejo y querido chori hasta canapés servidos por mozos profesionales que circulan entre la gente como en las inauguraciones de muestras artísticas, podemos proveer de todo lo que se necesite.
YO: ¿Eso incluye gente?
AMIGO: Y...es la parte más delicada, pero si, podemos aportar concurrencia, formada por selectos militantes de alquiler que pueden mimetizarse con los de cualquier tendencia política que te pinte. Es gente con un montón de movilizaciones sobre el lomo, viejos lobos de mar en estas lides que se mueven como pez en el agua cuando en la calle codo a codo somos mucho más que dos. El mío es un servicio de excelencia, que en varios años no ha recibido una sola queja.
YO: Bueno, Ok...si sé de alguno que quiera llenar la Plaza de Mayo o algo parecido, te lo mando...
AMIGO: ¡Dale! Hay comisión para vos.
Me fui, pensando en cuanto habrá de auténtico fervor y cuanto de escenografía en las movidas multitudinarias que se ven cada tanto. Y llegué a la conclusión que saber eso será más difícil que chiflar abajo del agua. Qué se' le va a hacer, doña...Hasta la próxima.
Tw: @robertomagno2