En Bolivia, hace un buen tiempo que el Mercosur no es noticia ni tema de agenda pública, lo que seguramente se explica en que las prioridades gubernamentales en materia de integración cambiaron y en que el bloque del sur ha tenido escasas repercusiones en nuestro país.
Como ya ocurre en varios asuntos, el presidente Evo Morales hizo que el Mercosur sea objeto de interés por parte de algunos sectores, a propósito de la suerte del ahora ex presidente Fernando Lugo. Aquel sustantivo, llamado a ser sinónimo de integración, ocupó algunos segundos en televisión y algunos centímetros en el papel.
En buenas cuentas, la efervescencia de la política interna relegó aquel asunto vinculado con las relaciones internacionales. Llamó la atención que el viernes, el presidente Morales se pronuncie, desde Brasil, sobre la destitución del ex sacerdote y que no se haya referido a un motín policial que un día atrás había estallado en La Paz y que se convirtió en el más prolongado conflicto verde olivo de la historia reciente de Bolivia.
Desde la capital política del país, La Paz, el Mercosur es visto como un proyecto de integración inconcluso que entusiasmó en el pasado a los líderes bolivianos, los hoy llamados neoliberales. En cambio, desde la capital económica, Santa Cruz, es vista como una interesante oportunidad, si se plantea una estrategia que mejore la competitividad boliviana y si los socios cambian de actitud, hacia una más equitativa y flexible.
Cuando el director de MDZ On Line _a quien tuve el honor de conocer por un apreciado amigo mutuo_, me invitó a escribir este artículo con la interrogante: ¿Para qué me sirve el Mercosur?, saltaron algunas pautas que podrían tener el siguiente orden.
Para los ciudadanos, la Comunidad Andina de Naciones resulta mucho más cercana que el Mercosur. Un boliviano se siente mejor acogido por la CAN, gracias a que su cédula de identidad equivale a un pasaporte, sin ningún trámite ni mayor miramiento.
En términos de integración, el Mercosur podría tener efectos muy positivos y mucho más sanos si se considera que Argentina y Brasil son los países que más acogen a los bolivianos inmigrantes, junto a la lejana España. Pero no ocurre así.
Brasil y Argentina son las principales fuentes de ingreso para Bolivia, por los contratos de venta de gas natural. De hecho, los precios internacionales y las condiciones contractuales, abrieron un periodo de bonanza en las arcas fiscales. Pero, ¿qué hay más allá del gas?
En el 2011, Bolivia exportó al Mercosur 4.064 millones de dólares, superando en más de 15 veces su registro del año 2000. Las importaciones totalizaron 2.405 millones, casi 4 veces más respecto al inicio de la década; el 2011 fue el mejor año de comercio con un superávit de 1.649 millones, dice el prestigioso Instituto Boliviano de Comercio Exterior.
“Descontando el gas (negocio del Estado), las exportaciones bolivianas totalizaron apenas 232 millones de dólares, dejando un déficit comercial que supera los 2.000 millones”, apunta un documento del IBCE, lo que muestra que aquello que parece ser una zona de libre comercio para Bolivia, no lo es.
La relación de Bolivia con sus socios mercosurianos está gasificada y no se diversifica, por las condiciones que se imponen por los llamados a ser aliados. Ese es el caso de los textiles. Bolivia ofrece productos de buena manufactura, de mano de obra barata y de gran calidad, pero no se ve que el mercado del sur sea una opción real y de mediano plazo.
En esas condiciones, el Mercosur será noticia cuando se presenten situaciones como las que se presentaron la anterior semana. Verbigracia, ajenas.
Mientras tanto, el régimen de turno mantendrá su concentración en lo que será en algún momento el ALBA y aquello que va formándose con el Unasur, al menos desde el punto de vista político.
Grover Yapura A.
Es periodista boliviano y director del periódico digital www.oxigenobolivia.com