Sabemos desde hace por lo menos 14 años cuáles son las causas de la inseguridad. Desde al menos una década, contamos con estudios diagnósticos y recetas basadas en la realidad mendocina, qué debemos hacer para combatirla. En el medio de todo este tiempo, la situación ha ido mutando, tanto social como políticamente e, inclusive, el delito se ha tornado más violento.
A pesar de todo el sufrimiento y el dolor que ha sufrido nuestra provincia, se puede afirmar sin temor a equivocarnos, que seguimos repitiendo palabras con las que todos estamos de acuerdo, con la inconducente finalidad de encubrir la continuidad de una situación calamitosa.
El ministro de Seguridad, Carlos Aranda, ya no concurre a los lugares en donde se producen los crímenes, una tarea que siempre fue inútil, pero que lo mostraba preocupado. No puede hacerlo: la respuesta de la gente es violenta.
Por ello, elige a los medios para analizar lo que está sucediendo bajo su órbita y repite el rosario incuestionable en torno a que “hace falta un cambio cultural”, “el delito es multicausal”, “hay que hablar de las cuestiones de fondo”, etc., etc.
Del mismo modo, en el despliegue mediático para sostenerse en los cargos a pesar del reclamo popular, el titular del Consejo Asesor de Seguridad Pública, Roberto Godoy Lemos, (un sobreviviente a la reforma policial que cuestionó su propio accionar antes de 1998, que es el “rector” de las políticas en marcha) salió a respaldar el accionar del gobierno, como si se tratase de una batalla semántica entre víctimas y gobernantes y no de un sufrimiento real de parte de la población.
Una palabra que viene como anillo al dedo para analizar la respuesta que se da desde el gobierno a los dramáticos casos que nos despiertan del letargo, es que intentan construir su propio “relato” también con esto: su propia versión de los hechos que va, desde que “la culpa es de todos” hasta “ojo, puede ser un problema entre dos personas que se conocían…”.
La oposición no está mejor. Responsable de haber gobernado el área, sus representantes legislativos hablan del tema como si acabasen de salir de un repollo.
En Mendoza la problemática se trabajó con seriedad desde el Estado cuando se avanzó con la reforma y se hizo un aporte sustancial desde el empresariado en por lo menos dos oportunidades: cuando el Consejo Empresario Mendocino avanzó con el Plan Estratégico Mendoza 2010 y la Universidad de Congreso, con las propuestas para la continuidad de la reforma en seguridad, entregada hace siete años al gobierno de turno. La Universidad Nacional de Cuyo, además, elaboró su propio plan.
La sociedad civil, por su parte, también se organizó. Después de décadas en que la política delegó el tema en los policías, descabezando a su conducción cada vez que había un problema, y nada más, la sociedad civil cultivó y generó capital social en la materia, pariendo horizontes tales como el Acuerdo por la Seguridad Democrática.
Desde la Legislatura la reacción a los crímenes de esta semana fue absurda: una pelea de conventillo.
Las palabras esgrimidas por los funcionarios sobran, en casos como los que nos conmueven últimamente. Suenan bien, cumplen con el manual de estilo, pero está muy claro que no creen en ellas. Como no creen en ellas, insisten en el error. ¿Qué le impide al Gobierno abordar integralmente la seguridad, tal como declaman que “debe hacerse”? ¿Quién les pone trabas para que no empiecen a liderar ese “cambio cultural” del que hablan?
Es la política la que tiene que dar una respuesta concreta a la problemática, sin calcular cuánto tiempo durará el reclamo de la gente en la calle o los titulares en los medios, sin “operar” para que desconfiemos de las víctimas cuando el hecho de sangre es real, tangible y dramático más allá del conventillerío que levanten las usinas oficiales con el solo objetivo de interferir en el impacto de las noticias.
Es probable que no todos podamos decir cosas como estas, pero gran parte de la sociedad lo está pensando. Falta, en todo caso, los canales para que lo expresen. Aquí lo tienen y lo han tenido siempre, en los 5 años de vida de MDZ.
Aranda junto a los expertos Marcelo Saín y Alberto Binder en Desafío MDZ.
No es la primera vez que tocamos el tema. Lo analizamos cuando Julio Cobos era gobernador y dio marcha a tras con la reforma que inició Arturo Lafalla y continuó tímidamente Roberto Iglesias. Lo volvimos a hacer con Celso Jaque y sus promesas de reducir el delito 30 por ciento en seis meses, por lo que tuvo que pedir disculpas. Y lo analizamos con los máximos expertos del país y muchos de los que han probado su eficacia en el mundo.
Colaboramos con ideas, debates y críticas. Pedimos -como actores sociales de Mendoza- que se termine la hipocresía.
Nada de efectismo.
Nada de excusas.
A las palabras se las lleva el viento. Lo que reclamamos son acciones concretas y de fondo.