Ahora que hay hasta ejercicios sísmicos, me vuelve a la memoria el temblor del año 1985.
Sacudió la zona de Villa Hipódromo con dureza y castigó bastante las casitas de adobe (y algunas otras otras que no eran de ese material), llegando a poner en aprietos al gobernador de turno, don Santiago Llaver, que suspendió la Fiesta de la Vendimia y declaró el estado de emergencia en toda la Provincia. De la Nación llegaron algunas ayudas humanitarias, y desde los Municipios todos tratamos de colaborar con algo, pero siempre es poco cuando la miseria apura.
Lo peorcito fue que como tembló de noche, ni velas ni linternas alcanzaron, y durante varios días la gente durmió afuera, al sereno, por temor a las réplicas y sacudidas.
Lo bueno, si es que algo bueno se saca de estas desgracias, ocurrió con Manuel y Carmen, una pareja despareja, que tenían algo en común: se tomaban hasta el agua colonia, si esta olía apenas a alcohol. Ambos estaban internados en el Hospital El Carmen, allá por Godoy Cruz, para desintoxicarse, pues la situación en su casa con sus hijos primero y con sus vecinos después, se había tornado insostenible.. Escándalos en casa propia y en la vía pública, desnudos, corridas, gritos, insultos, persecutas con armas blancas, en fin, una batería de cosas que los "mediáticos" de hoy quedan como bebés de pecho. Esto llevó a denuncias, participación de la polícía, del Juzgado de Menores, y la decisión final fue internar a ambos para que se sacaran el diabólico engendro producto de las bebidas que solía frecuentar la feliz pareja.
Al principio, todo bien, que las cosas parecían bien encaminadas, pero cuando la abstinencia hizo su presencia, los enfermeros y demás enfermos, empezaron a padecer las rachas de falta de lucidez de los ex-beodos.
Manuel no perdió la costumbre, ya que algunos no tan amigos le facilitaban algo de alcohol disfrazados en la ropa, sumado a la escasa vigilancia del lugar, hacían que el buen hombre tuviese un traguito por lo menos una vez al día.
Hasta el día del temblor. Ambos, Manuel y Carmen, estaban acostados en camas contiguas, y Manuel, haciendo alarde de amor hacia su pareja, protegido por la oscuridad, le ofreció tomar "un traguito" antes de dormirse. No alcanzó a estirar el brazo, pues el temblor hizo su aparición en forma divina, tirando frasco y precios contenido por el piso. Perdón, debo aclarar que el temblor hizo su presencia en Mendoza, con un terrible estruendo que hasta el día de hoy no es explicado. Aclarado el punto y volviendo a la sala a oscuras, semejante ruido y semejante movimiento, convencieron a Manuel que había una intervención celestial en todo eso. Saltó de la cama a los gritos pelados, pidiendo perdón a Dios por todos los pecados cometidos y a cometer en los próximos milenios. Se arrodillaba, saltaba, gritaba y vociferaba perdón a los cuatro vientos. Carmen hacía su parte, lo que llevó a los demás enfermos presentes, creer que se trataba de una coreografía armada. Pero no, la desintoxicación había comenzado.
A partir de ese momento, ambos, Manuel y Carmen, juraron no probar alcohol en lo que les quedaba de vida.
Y cumplieron a rajatabla.
Y ahí terminó la historia del temblor de 1984. Las conjeturas chismosas se multiplicaron, "que un misil" "que una nave no tripulada", que vaya a saber qué cosas ayudaron a nuestra imaginación. Pero para dos ex-alcohólicos y familia, fue un presagio.
Por más que Soda Stereo (¡¡¡vamos Ceratti, carajo!!!) lo cante, para esta pareja fue despertarse antes "que pase el temblor"....