"Todo empezó con una ovación. Ocurrió esta semana en un auditorio repleto de intelectuales progresistas que han votado a Cristina Kirchner. Pero que se mantienen a prudente distancia de los dogmas oficiales y de la obediencia; también de las toscas mentiras del relato. Esos intelectuales son remisos a exponerse: el Gobierno castiga a los kirchneristas críticos".
Seguí leyendo en La Nación