Para los que tuvimos el privilegio de compartir con la delegación argentina la última Cumbre de las Américas no es una sorpresa que la política exterior que diseña y ejecuta Cristina Fernández de Kirchner arroje, entre otros logros, el de ocupar un lugar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para el periodo 2013-2014. EN Cartagena de Indias pudimos nuevamente constatar, no solo en su entrevista con Barack Obama sino también en su relación con los demás líderes de la región, la apuesta de la presidenta a una América Latina unida, democrática, prospera y socialmente inclusiva compatible con nuestro propio modelo de desarrollo como también pudimos reconfirmar su reclamo permanente por aquellas causas regionales que aún están pendientes de solución.
Por otro lado, si bien el país que aspira a ser electo miembro no permanente del Consejo debe representar acabadamente los intereses regionales, la Carta de las Naciones Unidas le exige adicionalmente haber contribuidoal mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales como también estar consustanciado con los objetivos y propósitos que persigue ese organismo multilateral.Nuestro país satisface sobradamente esos requerimientos.Además del poyo unánime conseguido para esta postulación, Argentina ha reiterado hasta el cansancio, en especial en la Causa Malvinas, la necesidad de respetar las Resoluciones de Naciones Unidas y de alcanzar, por la vía del diálogo y la negociación, una solución pacifica a los distintos conflictos internacionales que hoy se manifiestan.
Argentina tiene una política exteriorque, si bien está sustentada en un bloque regional, no tiene definido alineamientos automáticos. Su estrategia externa es además compatible con unmodelo democrático de desarrollo productivo con inclusión social. Eso explica porque nuestro país,representado por Cristina Fernández de Kirchner, se transforma paulatinamente en un actor que crece constantemente en el escenario internacional.