Los revolutos

Amigos y amigas todos y todas: he llegado a la conclusión de que estamos bajo la égida de un gobierno verdaderamente revolucionario. Y al que no le guste, que reviente (en realidad es inútil que lo diga yo, porque de eso se ocupa muy bien el mismísimo gobierno). El problema es que no todos se dan cuenta, y andan por ahí graznando que nos meten el mismo perro de siempre con otro collar, que lo único que cambió son algunos socios del poder que se reparten la torta, o que la actual administración solo persigue lo mismo que anhelan todas: Eternizarse en el poder. ¡PATRAÑAS!. ¡Estamos en presencia de una auténtica, verdadera y legítima revolución, canejo!. Que los revolucionarios ejecutantes del gran cambio usen Blackberrys en vez de metralletas es signo de evolución y cambio de paradigmas. Que en vez de rotosos uniformes camuflados gasten esplendidos trajes de Armani o de Etiqueta Negra significa que no nos deslumbramos con ningún disfraz anacrónico y podemos apreciar la verdad de la milanga  más allá de las fútiles apariencias. Que utilicen modernos vehículos con cargo a fisco para movilizarse por las ciudades en vez de andar a pata por esas selvas olvidadas de dios, implica que buscan la eficiencia y la rapidez para aplicar las transformaciones que (casi) todos soñamos. Son revolucionarios del siglo 21, como corresponde, libres de prejuicios y siempre predispuestos a la acción cual verdaderos héroes.

Claro, también están los otros. Y no me refiero a los que se oponen a la revolución, pobres de espíritu a quienes la historia borrará de sus registros, porque se lo merecen. Hablo de los abnegados que sostienen el andamiaje revolucionario; esos de las terceras, cuartas y quintas filas que en todo proceso revolucionario ponen la alta onda que se precisa para que los cambios profundos se realicen. Todos nos hemos topado con alguno, o con muchos. Andan por ahí sin que se les caiga la palabra “modelo” de los labios, delirando de amor por “ELLA”, venerando más allá de la vida y la muerte la augusta figura de “ÉL”, bancando a pie firme las más peliagudas discusiones sobre el “Proyecto Nacional y Popular” que al parecer les da hasta el aire que respiran, y poniéndole carne, sangre y rostro a la gran gesta argentina en curso. Y ojo, que no todos cobran de los fondos públicos, ni mucho menos. Como en toda epopeya que se precie, son y deben ser muchos más los que creen porque sí que los rentados, conste. De lo contrario, estaríamos en presencia de una falsedad, una movida de aparatos elitistas que (como ya ha sucedido alguna vez) pretenden ser “el cerebro del dinosaurio”, encabezando revoluciones de cotillón para acaudillar a las masas ignaras. No es este el caso, ni a palos.

Acá hay verdad, justicia distributiva y auténtica voluntad de cambio. Eso es lo que me explicaba uno de estos militantes, mi amigo Rinaldo kaketoni, uno que de tan kirchnerista no le alcanza con una sola “K “y tiene dos en el apellido, como Carlos Kunkel.

RINALDO KAKETONI: Es como yo te digo, Robert...estamos cambiando el país para siempre y para bien.
YO: No es que desconfíe, pero eso ya lo he escuchado unas cuantas veces, y como soy chimango cascoteado, prefiero guardarme el beneficio de la duda.
R.K: ¡No hay dudas posibles! ¿O no has visto como nos plantamos ante el mundo (sobre todo frente a los países centrales y opresores, empezando por los neocolonialistas ingleses) como se redistribuye entre el pueblo lo que el mismo pueblo produce, como las corporaciones parasitarias retroceden ante el impulso del gobierno popular?
YO: Es que si uno escucha a todos, lo que se dice a todos, va a encontrar unos cuantos que afirman que, en vez de plantarnos ante el mundo, el mundo nos está plantando a nosotros; que eso de la redistribución es un revoleo de guita indiscriminado para fomentar el consumo del pan para hoy y el hambre para mañana, y que lo de las “corpos” es pura escenografía para tapar negociados...
R.K: Bueno, si vas a estar tragando la basura mediática de los grupos monopólicos de la comunicación, no vas a entender nada. Vos mirá “6,7,8” y fumá...
YO: ¿O sea que solo hay que ver y escuchar los programas Nac&Pop?
R.K: Es lo mejor para tu salud. De lo contrario, te exponés innecesariamente a una intoxicación de falsedades. Vos clavá la tele en el canal público, en CN23 y en Encuentro. Bloqueá todos los demás, que solamente pasan idioteces.
YO: ¿No será mucho?
R.K: ¡Jamás es mucho si es por la causa! ¡Vamos por todo! ¡Nunca menos! ¡Todos unidos triunfaremos! ¡ELLA cumple, ÉL dignifica!
YO: Bueno, dejá algún slogan para después, no te los gastes todos ahora. Aunque en realidad, lo que a ustedes les sobra son slogans...
R.K: No son slogans huecos como los que usa el niño bien pretencioso y engrupido que quiere manejar la Capital Federal como si fuera un Mc Donald's. Ya rescataremos también a los porteños de las garras de esa derecha neoliberal y antipatriótica, que no desesperen. Nosotros tenemos las consignas y banderas que representan al argentinismo mismo, al país que es de todos y todas, el de San Martín, Rosas, Yrigoyen, Jautreche, Perón (por orden de aparición) y siguen las firmas, pero no son muchas más. Ahí está el problema.
YO: Ejemmm...A ver si entendí: en caso que algunos pocos descarriados no piensen como ustedes, me permito colegir que son unos asquerosos cipayos apátridas que no merecen ni un saludo...
R.K: Bueno, no nos permitiríamos descalificarlos de esa manera porque estamos en una democracia pluralista donde las diferencias son un valor fundamental que enriquece el debate...pero, entre nosotros...sí, eso es lo que son.
YO: O sea que son unos viles “papagayos” que solo graznan estupideces, al decir del fulgurante Vice Ministro de Economía...
R.K: El compañero camporístico Kicilloff dijo lo que dijo cuando lo dijo y donde lo dijo.  Pero sí, también está en lo cierto. Te lo afirmo entre nosotros, obvio...¡Y apagá ese jodido grabador, que me pone nervioso!
YO: Bueno, tranqui...Veo que “La gran Anibal Fernandez” hace escuela. Está bueno; si hay algo que admiro  de ustedes es la “unidad discursiva”, si se me permite la expresión. Palabras más o menos, todos dicen lo mismo. Y al que no lo haga así... ¡Ni justicia! ¿Pero han pensado que de esa manera espantan a mucha gente, con un discurso que deja afuera a los que no piensa exactamente igual?
R.K: ¡Para nada! Es es un proyecto inclusivo, abarcativo, disrruptivo...
YO: ¿Y no es también ligeramente corporativo, expropiativo y compulsivo?
R.K: ¡No, ni en joda! O sea: quizás un poquito, pero solo lo necesario.
YO: Entiendo. Pero no comprendo.

Ahí dejé a mi amigo, masticando su amor desaforado por el mundo K. Me fuí con la ligera sospecha de que allá arriba, bien por arriba de mi amigo y de todos nosotros, se cuecen unas habas que ni nos imaginamos. Y que detrás de tanto discurso petardista existen enjuagues que se deciden en mesas pequeñísimas, bien lejos de los que después se desgañitan pregonando las virtudes de lo que no terminan de entender. Como siembre, bah...

Hasta la semana que viene.

@robertomagno2