“La seño dice que los chicos no leen.
Entonces, yo me metí en Internet y encontré una
encuesta que le preguntaron a mucha gente..
Y dice que los grandes leen menos que los chicos…”
Lautaro, 8 años , 3°grado(lector voraz)
“¿Mamá, sabés una cosa?
Estoy atrapado por las letras, estoy pensando todo el tiempo en letras,
Siempre tengo la cabeza pensando, cómo junto las letras,
cómo hago las palabras.”
Gianni ,6 años, 1°grado (aprendiendo a leer)
“Antes, cuando no sabía leer, yo era como un palo seco
Ahora llega la noche, me pongo calentita…
y agarro mis papeles, mis libros y… estoy bien.”
Tiburcia, 83 años, taller de alfabetización
de adultos, (aprendió a leer a esa edad)
¿Quién puede hablar de lectura? ¿Desde qué experiencias de lecturas se habla hoy? ¿Desde dónde se mira la lectura? ¿Desde un joven lector apasionado? ¿Desde el niño que está aprendiendo? ¿Desde un docente preocupado en su enseñanza? ¿Desde una persona a la que se le negó por décadas el acceso a lo escrito? ¿Desde el político y las evaluaciones de la calidad educativa? ¿Desde las familias que no saben o no tienen cómo acercarse al libro? ¿Desde los que escriben? ¿Desde los que venden lo escrito? ¿Desde los que deciden qué se puede leer y qué no?
Obviamente, la lectura tiene varios rostros, tantos como lectores. Entonces, ¿cómo escribir sobre la lectura reconociendo todos esos rostros?
Dar de leer, enseñar a leer, construir el hábito lector, formar lectores, acercar al libro, imponer lecturas obligatorias, orientar la lectura, promover la lectura , organizar la feria del libro, leer, son acciones que pretenden hacer frente a grandes titulares en los medios de comunicación que denuncian crisis de la lectura, que los chicos no leen, crisis en la escuela, que los universitarios no comprenden lo que leen, crisis de valores en la sociedad: tiempos de crisis, tiempos de cambios.
Dice Graciela Montes que, en realidad, lo que está en crisis no es la lectura, sino cierto orden de lectura y que frente a las destrucción de un orden de lectura se instala otro.
La pregunta es: ¿Qué nuevo orden de lectura se instalará ahora?
Nuevos órdenes de lectura que tienen que ver con el mundo de la imagen, desde el cómic hasta el videoclip, desde Youtube hasta los blogs, pasando por editoriales autogestivas, por donde circulan las nuevas narrativas que están reinventando la literatura. Evolución de la literatura que ya había visto Walter Benjamin en el siglo pasado con el cine y la fotografía: “Nos hallamos en el corazón de un enorme proceso de refundición de las formas de literatura en el que las posiciones desde las cuales estamos habituados a pensar pueden estar perdiendo vigencia”.
Si cambian los sentidos y las posiciones; ¿qué nuevos sentidos se están construyendo? ¿Quién tiene el poder para instalar nuevos sentidos?
¿Cuáles son los nuevos rostros de la lectura? ¿Quiénes son los nuevos lectores?
Los lectores no desaparecen, cambian, se transforman, resisten.
Estos nuevos lectores se enfrentan a un mundo globalizado, veloz, hiperinformado, que corre una carrera tecnológica, que abre nuevas brechas que se agregan a las que todavía se mantienen abiertas.
Esos lectores siempre han estado muy condicionados por los soportes materiales; el modo cómo se escribe y cómo se publica lo escrito impone formas de lectura completamente distintas, formas social y culturalmente diversas, con condiciones políticas y económicas desiguales de lectura.
El nuevo mundo virtual exige nuevos órdenes de lectura. Este mundo complejo cuya única certeza es la incertidumbre es igual que la lectura misma: muta, se transforma.
Decía Borges que cuando leemos un libro ocurre algo raro, que cambia cada vez. Y citando a Heráclito reflexionaba:
“ Nadie baja dos veces al mismo río porque las aguas cambian, pero lo más terrible es que nosotros somos no menos fluidos que el río. Cada vez que leemos un libro, el libro ha cambiado, la connotación de las palabras es otra. Además, los libros están cargados de pasado”.
Graciela Montes acompaña esta idea borgeana cuando escribe: “Toda lectura es provisoria, como una ciudad que estuviese siempre en obra”.
Pero advierte la escritora argentina que el poder no es como la lectura. El poder no se piensa a sí mismo, se consolida, busca instalarse y perdurar. Poder que instituyó el sistema escolar para transmitir un arbitrario cultural (Bordieu). Poder que impone una lectura de sumisión una lectura, como una actividad prescripta, coercitiva, para someter, para controlar a distancia, para aprender a adecuarse a modelos, inculcar “identidades” colectivas, religiosas o nacionales (Petit,1999).
Pero ese poder que nos vendió el fin de la historia, el fin del libro, que se instalaba y nos invadía con la certeza del “pensamiento único”, tuvo como contrapartida a los movimientos sociales de resistencia.
Esos movimientos se organizaron y emprendieron nuevas luchas para viejas reivindicaciones, e intentan construir nuevos y propios sentidos.
Esos movimientos contrahegemónicos hacen que hoy se esté volviendo a leer la historia con otras miradas, intentando reconstruirla, asumiendo la historia necesaria, y lo hacen a través de nuevas lecturas. Lecturas que los arman para resistir los procesos de marginación.
Allá por los años 70, Paulo Freire escribía y enseñaba que la primera lectura es la lectura del mundo. Grado cero de la lectura , tomar la posición del lector mirar lo que nos preocupa, lo que estamos viviendo y desde esa mirada encontrar pistas , leer señales, construir significados (Montes, 2001).
Miles y miles de rostros lectores que leen y releen el mundo desde su propia diversidad y cada relectura otorga nuevos sentidos que habilitan nuevas lecturas. Lecturas que los ayuden a construirse, a imaginar otros mundos posibles, a soñar, a encontrar su propio espacio en la sociedad, a ser sujetos de su propia vida (Petit, 1999). Igual que le sucede a uno de esos rostros, al que le podemos poner nombre: Tiburcia, que cuenta que la lectura la ayudó a vivir, a pensarse a sí misma, a modificar un poco su destino, a decirse.
Se puede afirmar que, a pesar de estas historias de resistencia, sigue vigente la hipótesis de Freire: la lectura del mundo es un derecho que se le niega a la mayoría de los hombres y mujeres, ya sea porque no conocen el alfabeto o porque conociéndolo no tienen forma de participar en la creación y recreación de su cultura y de su historia.
Leer, descifrar ese “códice” mágico que permite que los trazos se hagan palabras, es relativamente fácil. Pero tener “la capacidad para desarrollar un constante progreso cognoscitivo para pronunciar el mundo requiere de un esfuerzo mayor, es necesario que los hombres y las mujeres asuman un papel creativo y pensante ante su realidad” (Freire, 2003).
Podríamos reeditar entonces esa, a veces humillante, pregunta censal: ¿Sabe Ud. leer y escribir?
La respuesta se hace incierta frente a las nuevas demandas de la sociedad del conocimiento y de la información.
Esa respuesta incierta obliga a revisar a la lectura como práctica cultural y a generar una nueva praxis en todos los ámbitos donde ella circula. Porque sostener viejos órdenes de lectura, como lo es una concepción instrumentalista, es subestimar todo lo que está en juego si no logramos la democratización de la lectura.
Leer hoy es, entonces, leer en clave de derechos.
¿Qué significa asumir la experiencia de lectura desde un enfoque de derechos?
Significa entender a la lectura como un bien social y público. Apropiarse de la lectura es hacer de la palabra un modo de presencia social, una manera de intercambio vital activo y de interacción social (Barbero,2005).
Este enfoque de derechos se relaciona con un nuevo paradigma político-cultural en nuestro país planteado en la Ley Nacional de Educación 26.206: el Estado garantiza el acceso de todos/as los/as ciudadanos/as a la información y al conocimiento como instrumentos centrales de la participación en un proceso de desarrollo con crecimiento económico y justicia social. Y declara como fines de la política educativa la importancia de fortalecer la centralidad de la lectura y la escritura, como condiciones básicas para la educación a lo largo de toda la vida, la construcción de una ciudadanía responsable y la libre circulación del conocimiento.
Formar lectores es mucho más que alfabetizar, en el sentido básico e instrumental del término, y debe constituirse en pilar del ejercicio pleno de la ciudadanía. Dentro de este paradigma, la lectura y la escritura dejan de ser un lujo para las clases pudientes e ilustradas y adquieren el estatus de derechos que deben garantizarse a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones, de manera equitativa, desde el comienzo de la vida.
El reconocimiento de la lectura y la escritura como derechos asume el derecho a la literatura desde la cuna a través de las nanas, la tradición oral, la música y el juego, desde los textos de la cultura de cada comunidad y asegurando el acceso a todos los ámbitos de la cultura letrada.
El derecho a escuchar cuentos y poesías nutre la mente y enriquece las posibilidades de comunicación verbal y no verbal de toda la familia, brindando a los niños como a los adultos herramientas comunicativas para pasar de un lenguaje utilitario e instrumental hacia otro interpretativo, expresivo y simbólico que permita desarrollar la capacidad creadora de todos los miembros de una comunidad; garantiza la apropiación de la lectura como proceso dinámico de construcción de sentido.
Para ejercer los derechos imprescriptibles del lector; a saber : derecho a saltearse las páginas, derecho a no terminar un libro, derecho a leer cualquier cosa, a leer en cualquier lugar , derecho al bovarismo, el derecho a hojear, derecho a leer en voz alta, derecho a callarnos (Pennac, 1993), es necesario hacer efectivo el derecho a aprender a leer para asumir la palabra, para poder expresarse, para escribir.
El derecho a aprender a leer obliga a toda la comunidad a enseñar a leer a todos sus miembros, porque no existe una humillación mayor que sentirse rechazado por el libro , excluido de poseer el símbolo de la cultura.
Que todos puedan leer , darles a todos y todas la posibilidad de elegir si les hace falta o no los libros, significa ejercer el primer derecho de un lector que se precie: el derecho a no leer.
Laura Tocchetto
Prof. Educ. primaria
Prof. Educ. diferenciada.
P.D. : Leer el futuro:
“Con el paso del tiempo, Dan descubrió que hubo un tiempo en el que todo el mundo
podía ir a una biblioteca y leer artículos,incluso libros, sin tener que pagar.
Había investigadores que podían leer miles de páginas
sin necesidad de becas de biblioteca.
Pero desde los años 90 del siglo anterior,
tanto las editoriales comerciales, como las no comerciales,
habían empezado a cobrar por el acceso a los artículos.
En el 2047, las bibliotecas de acceso público eran solo un vago recuerdo.”
Stallman, Richard, El derecho a leer, 1997.