"El subdirector de área empezó a vaciar su escritorio y empacar rápidamente sus pertenencias. “No sigas porque vos te quedás –le advirtió su jefe–. El que se tiene que ir soy yo”. Acababa de terminar el discurso que anunció la privatización del 51% de las acciones de YPF y los interventores ya habían llegado a la torre de Macacha Güemes 515 con la orden de desalojar las instalaciones en 15 minutos . Llevaban los nombres de los que debían irse para no volver. Un procedimiento a cara de perro, de un talante muy diferente del que mostraba Néstor Kirchner en las discusiones que solía mantener con los titulares de Repsol en torno a dos puntos excluyentes: inversiones y exploración".
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