Parecía que nos íbamos de este mundo sin ver lo que nunca imaginamos que pasaría.
Pasamos la dura derrota, en todo sentido, pero especialmente la cultural: el reino de los mediocres asentado en los pasillos del poder, la tilinguería enseñoreada en las cámaras patronales y en los partidos políticos.
Y de pronto, ciertos espíritus se encarnaron y las voces de Raúl Scalabrini Ortiz y de Leopoldo Marechal con su Didáctica de la Patria, se hicieron presentes.
El Hombre que Esta Solo se comenzó a sentir acompañado. La Presidente lo tomó de la mano, esa que había quedado colgando del costado de la explotación.
La Novia del Suceder se transformó en la Patria recuperada. Y la Presidenta creció hasta el último confín del mundo. Y se acabaron las disminuciones y la Patria creció en su más claro día
Mientras, el Rey, con sus huesos corrompidos por la historia decadente de su linaje medieval, se desintegraba detrás de su doble caño y su mira telescópica, atacando a su pueblo
(conformado de elefantes indefensos y rebaños sometidos tras la otra derrota peninsular).
La de Picasso en su Guernica y la de García Lorca en su paredón, sometidos antes por el Franco padrino del Rey.
Espejos rotos, madres patria sin razón, tierras propias que dejan de trasegar sangre negra después de haberse dejado robar la roja de sus mejores hijos.
El Rey condena a su pueblo a su desprecio por la vida.
El Pueblo de la Presidenta se construye y crece por dentro.
(Dibujo de Hervi)