No recuerdo su nombre. Sí su estampa, recorriendo a pie la distancia desde el barrio de Vialidad, hasta el centro de El Bermejo.
Según nosotros, los eternos pendejos desconfiados, "el alemán", vivía en la casa estilo victoriano que fue reemplazada con el tiempo por una cadena de estaciones de servicio. Otros aseguraban que vivía cerca de un telo que recuerda al único satélite natural de la Tierra, que mientras estaba en construcción, por esas cuestiones absurdas del destino, hacía que nos persignáramos como si estuviéramos frente a la Iglesia del Perpetuo Socorro.
La cosa era que "el alemán" (Fritz, Günter o como se llamase), recorría como dije antes, la distancia precisa con un trípode al hombro, con una cámara fija, para sacar "foutos familiares" o "foutos carnesss", según decía.
No éramos tantos los habitantes del lugar como para que el tipo se hiciera la América en Bermejo, pero todas las tardes recorría a pie el Mathus Hoyos, generándonos todo tipo de intrigas, con su infaltable sobretodo negro (tanto en invierno como en verano), con su pelo prolijo y muy corto, y sus modales de guerrero prusiano.
"Quetos, vaaaa foutoooo!" decía, y ja, olvidate del famoso "digan whisky" (familiar y cursi) o el "chissss" (más de barrio privado, che).
El pendejerío ya conocía la técnica del peinado achatado, engominado y a ponerse las mejores ropas que venía la foto familiar. Pero en nuestro interior, sospechábamos que ese hombre habia pertenecido a las SS o era un ex jerarca nazi escondido en un pueblo abandonado de la mano de Dios, escapando de la justicia. No entendíamos su rutina, y menos entendíamos qué hacía una persona con sus modales en un lugar tan infernal.
Llegados los ochenta, dejó de aparecer. De repente, su sobretodo negro, su trípode y su cámara fija, desaparecieron de las calles del Bermejo. Aparecieron otros fotógrafos, por cierto, en la zona, pero ninguno tenía el misterio del alemán, ni su rutina, ni su engorroso trabajo de ir y venir por los polvorientos caminos.
¡Lástima que cuando me saqué las fotos para mi primera licencia de conducir, no tuve el privilegio de que fuera él, quien me sacara de apuro!
Las "foutos" del extraño alemán, seguro siguen adornando muros despintados en algunas casas de El Bermejo. Pero la imagen de él, todavía ronda por las calles, a pesar del progreso.