La construcción del Estado neoliberal tiene, como condición necesaria, eliminar la libertad de acción del Estado nacional. Es decir, crear restricciones tales que la libertad de maniobra de las políticas públicas quede severamente recortada. Como el objetivo político del neoliberalismo es permitir el libre despliegue de las fuerzas del mercado y consolidar los intereses hegemónicos establecidos, es imprescindible maniatar al Estado. Para tales fines, es preciso realizar reformas internas y crear compromisos externos que condicionen las políticas públicas. En ese último aspecto, un ejemplo clásico son las condicionalidades de los acuerdos para conseguir el apoyo del FMI.
En un sentido más amplio, el fundamentalismo globalizador cumple el mismo objetivo. Como, supuestamente, la globalización ha borrado las fronteras nacionales y transferido el poder a la esfera transnacional, el Estado nacional ha desaparecido. Por lo tanto, es impotente para administrar los mercados. Su acción queda reducida a transmitir “señales amistosas” para estimular el crédito y las inversiones privadas.
La construcción del Estado neoliberal en la Argentina se ajustó a los mismos principios. Es decir, maniatar al Estado y reducir, al máximo, la libertad de maniobra de las políticas públicas que no persiguen las “reformas estructurales” neoliberales.
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