Reino de España: bienvenidos al cuatrienio negro

Tres meses después de la derrota electoral del PSOE –un descalabro sin precedentes en
esta segunda restauración borbónica—, y transcurridos ya dos meses desde la formación
del gobierno de “concentración marianista” (según la certera y divertida calificación del
periodista Enric Juliana), empiezan a dibujarse las grandes líneas de contrarreforma que
la derecha política en el gobierno pretende desarrollar, a fin de alterar substancialmente
(a su favor) una relación general de fuerzas cada vez más desfavorable para las clases
populares.

El contexto se le presenta bifronte al gobierno del PP. Una herencia de Zapatero que
provoca tal rechazo en el electorado, señaladamente en la izquierda, que el PSOE sigue
cayendo en las encuestas de opinión tres meses después de la derrota electoral de
Rubalcaba. Eso a babor. A estribor, están las procelosas aguas de las políticas de ajuste
neoliberal y consolidación fiscal impulsadas por Merkozy. Todo el mundo parece estar ya
al cabo de la calle (¡hasta los comentaristas y los “analistas” económicos de cabecera!): la
cosa es un puro sinsentido macroeconómico, un paquete de medidas económicas
procíclicas que han logrado hundir de nuevo al conjunto de la Eurozona en la recesión; en
el Reino de España, desde el famoso giro de mayo de 2010, todo ha ido a peor: más
paro, más ataques de los “mercados”, mayores diferenciales, desplome del consumo,
deterioro acelerado de los servicios públicos… la economía española se abisma hoy en
un pozo depresivo sin luz a la vista. Y todo el mundo asiste boquiabierto –pero sin decir ni
pío— al “suicidio intervenido” de Grecia y Portugal, aviso chantajista para navegantes del
resto de las clases trabajadoras de la UE.

Nada resume mejor la idea que  la derecha se hace de las posibilidades de explotar
indefinidamente el  bonus track de la catastrófica herencia del PSOE de Zapatero, que
este extraordinario aserto metafísico del actual ministro de cultura, José Ignacio Wert: "la
victoria del PP no fue solo por mayoría absoluta, sino universal", aunque reconozca a
continuación que "carece per se de cualquier efecto taumatúrgico" [1]. Reino de España: bienvenidos al cuatrienio negro

Una “universalidad”, ciertamente, muy barata para el PP: hasta José Borrell, la única cara
conocida del PSOE que parece mantener cierta capacidad para decir cosas inteligentes y
veraces, se reconocía “avergonzado” la semana pasada por el hecho de que los  gobiernos del PP hubieran hecho cosas que, en su opinión, deberían haber hecho antes  los socialistas (poner coto a las remuneraciones de los ejecutivos bancarios, entrar por  uvas en los sectores altos del IRPF....) [2].

Del pesimismo a una primera reactivación social

En diciembre pasado, el 96% de los encuestados opinaba que la situación económica y  social era mala o muy mala (Metroscopia,  El País 18-12-2011). Y esa proporción se  mantiene en la encuesta del CIS de enero [3] y en la de Metroscopia de febrero. Con este  fondo de pesimismo, el 49% consideraba los sacrificios una "necesidad". El 53% (el 83%  de los votantes del PP)  apoyaban las primeras medidas adoptadas por el Gobierno,  convencidos  de que Rajoy "sabe lo que hace" (60%). Los efectos de las medidas y el  miedo a la nueva recesión todavía no se hacían sentir. A pesar de ser el paro la mayor  preocupación (83,3%), el 75,3% de los encuestados con empleo no creían aún correr  riesgo de perderlo, si bien el 52,2% de los parados no piensan que volverán a encontrar  trabajo.

Pero en la encuesta de Metroscopia de febrero (El País, 12-2-2012), antes de la jornada  de protesta sindical del 19 de febrero y de las movilizaciones masivas de Valencia, se  comienzan a percibir los primeros efectos de erosión del nuevo Gobierno.

• El número de encuestados que piensan que Rajoy sabe lo que hace cae en un  mes del 58% al 47%.

• El apoyo a las medidas de ajuste pasa del 51% al 45%.

• La proporción de los que tienen poca o ninguna confianza en la acción del  Gobierno sube hasta el 66%, con un 26% entre los votantes del PP.

• A la pregunta de si Rajoy va improvisando  –importante pregunta, dado que  Zapatero superó el 80% en su último período de gobierno, y parte básica de la  estrategia de autopresentación del nuevo gobierno es la de unos chicos seriecitos  y empollones, que se las saben todas—, el 49% de los preguntados piensa que sí,  y entre los votantes del PP, lo cree uno de cada cuatro (26%).

Diríase que, en esta incipiente recomposición postelectoral de la opinión pública,  comienza a abrirse paso la percepción de que el programa de contrarreformas  conservadoras del PP no sólo tiene premeditada vida propia, independiente de las  realidades de la crisis, sino que tiene precisamente mala tangencia con esas realidades:  que lejos de mitigarlas o corregirlas, las enquista y agrava. 

Lo poco espanta y lo mucho amansa. Es hasta cierto punto normal que las demasías del  arranque contrarreformista del PP se reciban con impávida resignación. Pero cuando  Metroscopia se refiere a la reforma laboral y a las posibilidades de una huelga general,  resulta que:

• mientras el 66% considera “inevitable” una contrarreforma del mercado laboral,

• el 70% se opone a cualquier bajada de sueldos

• y el 46% aprueba de antemano una huelga general, cifra que llegaba al 59% para  el caso de las personas con trabajo, es decir, las llamadas a hacerla. Reino de España: bienvenidos al  cuatrienio negro

En el terreno político, sin embargo, sigue pesando ante todo el rechazo de las políticas  neoliberales en curso desde el giro de mayo de 2010 del Gobierno Zapatero, causa  directa del desplome del 20 de noviembre.

• Según Metroscopia, en enero el PP seguía ganando apoyos (+1,5%), y el PSOE,  perdiéndolos (-1,9%). El CIS equilibraba su análisis con una doble caída de -1,9%  para el PP (42,7%) y -0,7% para  el PSOE (28%). Pero en febrero, la ligera erosión del PP (-0,2%) contrastaba con una  caída de 5 puntos del PSOE (23%) en la encuesta de Metroscopia. En Cataluña se  registra una caída paralela del PSC, que perdería tres escaños, a pesar de llevar más de  un año en la oposición (EIS-La Vanguardia 2-1-2012) y el euskobarometro de marzo  muestra un desplome del PSE de un 12%, que le costaría 9 de sus  25 escaños en el  parlamento vasco. El PSOE ha perdido tota autoridad moral entre la población, y como es  natural, nadie lo ve como punto de referencia en las primeras manifestaciones de  reactivación de la oposición social: tanto más  desapoderadas resultan  las peregrinas  acusaciones lanzadas desde la extrema derecha gubernamental, sólo IU-ICV y UPyD  aumentan sus expectativas de voto en más de un punto.

La última encuesta de Metroscopia confirma esa tendencia al ulterior desplome del PSOE,
una caída que parece no tener fondo:

“El 68% de los ciudadanos dice no tener confianza en Rajoy (dos puntos más que hace  un mes); pero el desgaste de Rubalcaba es aún mayor: el 75% no confía en él (ocho  puntos más que en el anterior sondeo) y el 52% desaprueba su gestión como líder de la  oposición. (…) El desgaste de la oposición afecta al líder, pero también al partido, porque  el PSOE ahora solo lograría el 24,4% de los votos, es decir, 4,3 puntos menos que lo que  obtuvo el 20-N. Ese descenso de votos lo aprovecharían Izquierda Unida y UPyD. El  bipartidismo sigue en retroceso, pero solo a costa de los socialistas, que siguen  profundizando en el fondo electoral que ya tocaron hace tres meses en las urnas. (…) A  los socialistas se le escapan los votos sobre todo por la izquierda: la formación que lidera  Cayo Lara es la más beneficiada por el disgusto social y obtendría el 9,1% de los votos,  frente al 6,9% que tuvo en las elecciones generales. El partido de Rosa Díez subiría del  4,7% al 5,1%.” (El País, 4-3-2012.)

En esta polarización creciente entre derecha e izquierda, gobierno del PP apenas habría  sufrido hasta ahora erosión entre sus propias bases. 

Rajoy: un ajuste en dos tiempos

El principal problema político del PP será el de evitar que los efectos económicos y  sociales  de las políticas de ajuste exigidas por la UE -del 8,5% al 4,4% de déficit fiscal en  un año- erosionen su base social interclasista. De aplicarse, si fuera posible técnicamente,  un ajuste en un año de 43.000 millones de euros, provocaría una caída añadida de cerca  de cuatro puntos del PIB, cuando ya se preveía por el FMI una recesión para 2012 del - 1,7%. El precedente inmediato es que las políticas neoliberales que desplomaron más de  14 puntos el voto al PSOE, coincidiendo con la ligerísima recuperación económica del  2011, solo sirvieron para disminuir el déficit en 0,8%. Ello supondría recortar no solamente  derechos, sino desmantelar una parte fundamental del estado del bienestar que gestionan  las autonomías (el efecto en el gasto sanitario es ya de -10,42%) [4] y dan legitimidad a la  actual estructura constitucional. Reino de España: bienvenidos al cuatrienio negro

El Gobierno de Rajoy no ha tenido más remedio que reconocer a los dos meses de jurar  el cargo que un ajuste de estas dimensiones es irreal por sus efectos recesivos, y que  "hará todo lo posible" para ajustar el déficit pero que necesita que "Merkozy" extienda el  período de ajuste en al menos dos años, de manera que se sitúe anualmente alrededor  de los 20.000 millones de euros.

Rajoy centró su campaña electoral y su discurso de investidura en culpar al Gobierno  Zapatero y al PSOE de la herencia económica recibida, poniendo en cuestión la fiabilidad  de los datos de déficit, que debería cotejar con auditorias -a pesar de gobernar en 14 de  las 17 autonomías y de haber apoyado los presupuestos de CiU en Cataluña- y con el  informe de perspectivas económicas de la Comisión europea en febrero. Solo después  podría elaborar los presupuestos de 2012 a finales de marzo, celebradas ya las  elecciones autonómicas andaluzas (en las que se prevé una nueva derrota apabullante  del PSOE).

El cambio se produjo seis días después del discurso de investidura: con hechos. El primer  consejo de ministros del nuevo Gobierno Rajoy, el 23 de diciembre del 2011, estimó ya  que la cifra de déficit era del 8%  [5]. Que tenía que tomar la iniciativa "cara a los  mercados y a Europa". En el segundo, el 30 de diciembre, acordó un ajuste  presupuestario de 8.900 millones de euros y una subida del IRPF y del IBI con una  recaudación adicional de 6.100 millones de euros, lo que dejaría pendiente para los  presupuestos de 2012 en marzo, de confirmarse el déficit del 8% y el compromiso de  objetivos de la UE, de 21.000 millones más, hasta alcanzar la cifra total de 36.000  millones de euros.

Rajoy fió  la comprensión social de estos ajustes sin precedentes a su carácter  "equitativo". Se subía el tramo alto de cotización del IRPF en siete puntos, hasta poder  alcanzar un máximo del 55% para las rentas superiores a los 300.000 euros (el Gobierno  Zapatero había reducido este techo máximo en 2007 al 42%). Se elevó la contribución de  las rentas de capital al 21%. Pero el reparto de la tarta no podía ser más evidente: 4.100  millones de rentas de trabajo, 1.250 millones de las rentas de capital, 918 millones del IBI.

El primer tramo del ajuste fue acompañado de toda una serie de "reformas estructurales".

Las referidas al sistema bancario privado español, con una ley de reforma del sistema  financiero, apoyada por el PSOE, que entrega las Cajas de Ahorro a los grandes bancos,  y un aval del estado por valor de 100.000 millones de euros para apalancar emisiones de  bonos y obligaciones, con garantía del principal y los intereses, de la banca privada y  contribuir así a su recapitalización. Esta última oferta ha sido desdeñada por la banca  privada, que ha  preferido acudir a las dos grandes subastas realizadas hasta ahora por el  BCE, con tasas de interés al 1%, que han permitido asegurar beneficios sin precedentes  en la compra de bonos de deuda pública con rentabilidades de entre el 3% y el 4,5%, la  oferta de créditos a las autonomías y ayuntamientos al 5% y la financiación de la compra  de las Cajas de Ahorro a costa del contribuyente europeo.

Pero la más importante, sin duda, ha sido la reforma del mercado laboral, ampliamente  analizada ya en Sin Permiso. Se trata de una agresión sin precedentes a los derechos  laborales, cuya consecuencia procíclica más inmediata será la de facilitar el despido de  más de medio millón de trabajadores en 2012 y situar la tasa de paro por encima del 23%.

Aparte, claro está, de la de abaratar las indemnizaciones por despido a 20 días por año  trabajado, acercándose en la práctica al contrato único vía justificación por necesidad, sin  autorización previa administrativa, y bastando para ello caídas reales o previsibles de Reino de España: bienvenidos al cuatrienio negro ingresos  de tres trimestres (una de las contribuciones de CiU). O la del descuelgue  empresarial de los convenios y la reducción unilateral de salarios. La agresión es de tal  calibre, que ha obligado a las timoratas direcciones sindicales españolas ha asumir  finalmente el cambio de escenario y a empezar a prepararse para una larga fase de
resistencia, con movilizaciones y huelga general, cuando hasta hace muy poco las  llamadas a la prudencia y a la táctica resignada del mal menor las habían llevado a firmar  un acuerdo de moderación salarial para 2012, que entrañaba una caída importante de la  capacidad adquisitiva de los asalariados [6].

Falta por conocer aún cuales serán las medidas para alentar a "emprendedores" y a las  PYMES en este marco brutal de recesión provocado por las políticas neoliberales y la  contracción del crédito privado. Todos los argumentos en esta dirección, que buscaban la  consolidación de un sector muy significativo del PP se van derrumbando por su ineficacia  o su utopía. Como ha señalado sin tapujos el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard,  "lo que los inversores quieren es recuperar su inversión". Y la fórmula de austeridad fiscal  y caída del crecimiento solo puede elevar las primas de la deuda y las tasas de crédito,  apalancando a sectores  crecientes de la economía española al "maná" de liquidez del  BCE de Mario Draghi que, a pesar del billón esparcido (28% a la banca española), no  puede ser ilimitado como su antecesor en la travesía del Sinaí.

La contrarreforma conservadora

El Gobierno Rajoy ha dedicado la mayor parte del mes de enero a explicar el carácter  inevitable del ajuste y de las reformas estructurales, antes de que se hagan sentir  plenamente sus efectos sociales o se aplique con los presupuestos el segundo golpe de  ajuste, cuya responsabilidad comienzan a compartir el extinto Gobierno Zapatero y la  implacable UE de "Merkozy". Empezando por la entrevista a Rajoy de EFE del 11 de  enero [7], en la que ya  responde al efecto en las "clases medias" de la subida del IRPF, la  del ministro de economía De Guindos en El País de 27 de enero [8]  y las que se han  seguido en los mismos parámetros. La línea argumental es la de aceptar inicialmente,  como único posible, el marco impuesto por el plan de estabilidad y ajuste de la UE ("la  ruptura del euro sería catastrófica"), pero hay que "compensar ajuste con crecimiento" o lo  que es lo mismo, "hacer un ajuste equitativo y general empleo"; la "contracción fiscal  general recesión, pero también confianza en la UE y los mercados", como demostraría la  compra de bonos de deuda española por el sector privado. De Guindos recupera además  un debate de la derecha empresarial sobre el balance de las políticas neoliberales de  Zapatero: "el debate sobre los estímulos económicos es equivoco", porque España ha  realizado el mayor esfuerzo de su historia en ese sentido del 2007 al 2010 y no sirvió,  porque el déficit se disparó a 11% y el paro al 22%. La conclusión que se insinúa no es  otra que el programa de "reformas estructurales" popularizado por FEDEA: el desmontaje  del estado del bienestar y sus "estabilizadores automáticos", aunque implique recortar  derechos sociales.

"¿Para qué hemos ganado la mayoría absoluta en las elecciones si no es para aplicar  nuestro programa?", respondía en los pasillos del Congreso el futuro embajador en  Londres, el  exministro de defensa Trillo, al diputado del PSOE Ramón Jáuregui, que  ingenuamente exigía el respeto de los "pactos de estado" PSOE-PP como la  constitucionalización del techo de déficit, reinterpretado por el PP como un déficit cero. Porque frente a los mercados y la UE, el principal activo del PP es su mayoría absoluta y  la estabilidad política que, en principio, tiene asegurada durante cuatro años. Un rodillo  parlamentario que ha comenzado por intentar neutralizar a las izquierdas soberanistasReino de España: bienvenidos al cuatrienio negro catalanas y vascas con su confinamiento en un grupo mixto de imposible funcionamiento  y su exclusión de la comisión de gastos reservados.

Pero el peligro de erosión de su base social, la crisis constitucional del estado de las  autonomías que madura con su estrangulamiento financiero y la movilización  de una  oposición que solo puede ser efectiva desde la calle, obligan al PP no solo a un ejercicio  de revanchismo -desde la condena a Garzón por la derecha judicial hasta la purga de la  unidad antifraude del Ministerio de Hacienda que había destapado el caso Gurtel- sino a  polarizar ideológicamente para mantener su bloque conservador interclasista, sometido a  las brutales consecuencias del ajuste fiscal y la recesión.

La lista de iniciativas que configuran esta contrarreforma es apabullante: emplazamiento  de residuos nucleares y extensión de la vida operativa de las centrales en funcionamiento;   Ley Sinde-Wert de derechos de autor en internet; redefinición de plazos y autorización  paternal de menores en la Ley de Interrupción del Embarazo; limitaciones a la píldora del  día después; reformulación conservadora de la asignatura de educación para la  ciudadanía; la "puesta en valor del litoral" con la nueva Ley de Costas; cambio del sistema  de elección del Consejo General del Poder Judicial;  cambio  de la composición y  funcionamiento de los órganos rectores de RTVE y la Agencia EFE; abandono en el cajón  de la Ley de Memoria Histórica, sobre la base de la sentencia de absolución de Garzón en el caso de los juicios del franquismo, que ratifica el carácter de ley de punto final de la  de Amnistía de 1977.

El debate sobre las "clases medias", abierto en el PSOE primero y ahora en el PP,  expresa ante todo la preocupación por la desafección constitucional y al sistema  bipartidista encarnado en la alternancia del PP y del PSOE de sectores significativos de la  población, golpeada por la crisis y el desmantelamiento de un estado del bienestar que, a  pesar de sus importantes debilidades frente a la media de la eurozona, es el que sostiene  su estatus social. Las reacciones populares al "caso Urdangarin" son otra expresión de  ello. O las recriminaciones del   ultraderechista  Cardenal Rouco a las organizaciones  católicas obreras por denunciar la contrarreforma laboral. Las manifestaciones sindicales  del 19 de febrero han producido en este sentido una inflexión clara. Rajoy en la  conferencia de prensa con Monti en Italia -donde intentaba construir un frente europeo a  favor de la amortiguación y ralentización del ajuste que ha quedado en una mera carta a  Barroso- afirmaba: "Estoy convencido que no va a haber tensión social. No tengo temor,  si las medidas son percibidas como justas y equitativas" (El  País, 25-2-2012). O De  Guindos a Ben Bernanke: "la población ha asumido con alivio las medidas, en  comparación con la inseguridad de la gestión del anterior gobierno, y cuentan con un  amplio respaldo político" (El País, 25-2-2012). La búsqueda del santo grial son ahora  "medidas que favorezcan el crecimiento sin pasar por el gasto público" en plena recesión.

Entre la estrategia de ajuste europea y los efectos sociales de la crisis Conocido el déficit  público real el 25 de febrero, el  8,51%, el segundo golpe del ajuste  fiscal, anunciado por el consejo de ministros el 2 de marzo con Rajoy asistiendo al  Consejo Europeo, más que una hábil maniobra de justificación para el consumo interno  ha sido una apuesta de mal menor. A pesar de todas las declaraciones realizadas para  "dar garantías y seguridad a los mercados" del cumplimiento del objetivo del 4,4% de  déficit fijado por Bruselas, el "hacer todo lo posible" se convirtió en un techo de gasto de  118.000 millones de euros, que implica un déficit para el 2012 del 5,8%, es decir un 1,4%  superior al previsto.

Tras la fuertes presiones del Presidente de la Comisión europea, Barroso, y del Comisario  de Economía, Rehn, rechazando cualquier ralentización de los objetivos, Rajoy se limitó a  decir que no se había discutido el tema en el Consejo, dando a entender que se  enterarían de la decisión de su Gobierno por la prensa. Que no estaba obligado hasta  abril a presentar su plan de ajuste para el 2012 y que el Consejo europeo no tomaría la  decisión definitiva hasta junio.

La apuesta de Rajoy implica un enfrentamiento sin muchos aliados con Merckel. A favor  de esta apuesta espera contar con el incumplimiento de muchos de los países de la  eurozona y, paradójicamente, con la posible victoria del candidato socialista en Francia,  Hollande, que ha anunciado su oposición a la actual política de "Merckozy". Pero por el  momento, a pesar de la carta firmada por 12  primeros ministros a Barroso, Merckel es  capaz de seguir imponiendo su disciplina germánica al conjunto de las instituciones  comunitarias, sellada en el Tratado de Estabilidad Presupuestaria, que exige no solo la  constitucionalización nacional de un máximo de déficit estructural del 0,5%, sino que crea  un mecanismo de control ex ante de los  presupuestos de los estados miembros por parte  de la Comisión y un consejo fiscal europeo, supuestamente independiente, para hacer el  seguimiento del mismo. Del Consejo europeo del 30 de enero al del 2 de marzo, Rajoy ha  dejado de ser el socio fiable del ajuste europeo que iba a recuperar el papel central de la  España de Aznar en el proceso de toma de decisiones comunitario. Una evolución del  principismo al posibilismo neoliberal.

Este giro estratégico operado en dos meses debe contrapesarse con el alcance interno de  las medidas presupuestarias adoptadas por el reciente Consejo de Ministros. Porque el  segundo ajuste adicional de 15.000 millones implica una caída de la demanda interna del  4,6%, 630.000 parados más (24,3%), una reducción del gasto público del 11,5% y  confirmar la contracción del PIB del -1,7% adelantada por el FMI. Es más, no hay ninguna  garantía de que estas previsiones alcancen su objetivo, por los efectos multiplicadores  negativos de la recesión y que en junio, si no gana la apuesta Rajoy de un cambio en la  orientación económica impuesta por Merckel, no se vea obligado a una rectificación con un ajuste adicional de otros 25.000 millones de euros en 2013.

Los informes de la Fundación FOESSA para Caritas sobre la pobreza en España [9] son  cada vez más alarmantes en relación con los efectos sociales de la crisis. La tasa de  pobreza supera el 21,8%, aumentando en cinco puntos desde 2007, cuando la media de  la UE es del 16% y la francesa del 13%. Sólo Rumania y Letonia tienen cifras superiores.

Las ejecuciones judiciales por impago de hipotecas se han multiplicado por cuatro desde  2007 y han alcanzado ya la cifra de 100.000 en 2010. Un 30% de la población declara  llegar mal a fin de mes y reducir sus gastos en comida y calefacción.

Este es el contexto que explica la preocupación del PP por la erosión de la crisis en su  base social de casi 11 millones de votantes. El éxito o fracaso de su política de ajuste  neoliberal tiene muy poco margen de tiempo para demostrar su eficacia y crear empleo a  pesar de la estabilidad política de cuatro años que le asegura en principio su mayoría  absoluta. ¿Cuanto tiempo tarda la inestabilidad social en convertirse en inestabilidad  política y transformarse en una crisis del marco constitucional del estado de las  autonomías cuando estas no puedan sostener el gasto social al que les obligan sus  competencias en materia educativa, sanitaria o de dependencia?

Además de la pérdida del estatus de "clase media" sostenido en el gasto social, el PP se  enfrenta al dilema de la financiación de las autonomías y de la legitimación de estas a  través del gasto social como alternativa al soberanismo republicano en Cataluña o Euskal  Herria. La segunda ola de reformas estatutarias, con todas las tensiones que ha  conllevado, se desmorona ahora con la imposibilidad de aplicar los mecanismos de  financiación previstos. Los 4.000 millones acordados y no transferidos a Cataluña, Islas  Baleares, Castilla y León y sobre todo Andalucía, no solo no serán satisfechos, sino que a  los recortes brutales ya iniciados siguiendo el camino de Madrid, Castilla-La Mancha y  Cataluña se añade ahora la exigencia de un techo de déficit máximo del 1,5%, con una  reducción del 50% en un solo año.

Primero ha quebrado Valencia, al que el Gobierno Rajoy tuvo que avalar en 123 millones  de euros. Pero finalmente, la tensión con los gobiernos autonómicos del propio PP solo se  ha podido encauzar con la promesa de que "el Gobierno se hace responsable de que  ninguna administración que cumpla (la política de ajuste) tenga problemas de liquidez".

La respuesta de la izquierda social y la "oposición útil" del PSOE

La rearticulación de la izquierda social es otro de los aspectos más importantes de estos  dos meses, como consecuencia de la polarización social que crean los planes de ajuste  neoliberales. Inicialmente se ha expresado en el voto de castigo al PSOE y la resignación  a un ajuste aun más duro del Gobierno Rajoy. Pero ante los primeros efectos sociales de  las nuevas medidas de ajuste, la vuelta a la calle de los movimientos sociales no se ha  hecho esperar. La "marea verde" de la enseñanza pública madrileña sigue manteniendo  un pulso ya largo en  defensa de 15.000 profesores contratados. Los funcionarios públicos  de Cataluña han  encabezado las movilizaciones contra los recortes el 20 y el 28 de enero,  tras la huelga de los médicos del Catsalut y antes de la de los transportes metropolitanos  de Barcelona. El 7 de febrero la marcha a favor de los presos políticos vascos volvió a  ocupar Bilbao y las  manifestaciones del 25 de febrero contra la reforma laboral en  Euskadi. Y a partir de la jornada de manifestaciones sindicales del 19 de febrero se han  sumado en oleadas un renacido movimiento estudiantil y universitario, la respuesta  masiva contra la represión policial en Valencia, en una cadena  in crescendo que debe  confluir el 29 de marzo en una huelga general, convocada inicialmente por los sindicatos  nacionalistas en Galicia y Euskal Herria y  posteriormente también por CCOO y UGT, tras  una nueva jornada de protesta el 11 de marzo.

Por eso, a pesar de que Rajoy pontifique de que la Huelga General "no sirve para nada",  la realidad es que esta reactivación de la izquierda social y su convocatoria en la misma  fecha por todas las centrales sindicales ha obligado al gobierno de la derecha a modular   progresivamente su discurso sobre los objetivos del ajuste exigido por la UE. De entrada,  la izquierda social ya ha logrado un margen de 1,5% en el plan de ajuste, que significa  miles de puestos de trabajo.

En esta situación nada sería más útil que el PSOE, aun en su limitado papel de  alternancia previsible en el actual régimen, colaborase a deslegitimar no solo la  contrarreforma laboral, sino el conjunto de las políticas de ajuste neoliberales de la  derecha de las que es solo una pata. Porque la actual orientación de "oposición útil" de  Rubalcaba es ridícula. Choca con el sentido común de la izquierda social y de una  mayoría de la población que comprende perfectamente lo que esta en juego en esta  confrontación de intereses sociales. Repugna a una razón  económica mínimamente  crítica, a la que le sobran argumentos para desentrañar la lógica del capital en esta merienda de intereses transferidos a la banca privada desde el BCE, que esta
capitalizando el sector financiero europeo con dinero público [10].

No deja de ser irónico que la melancólica obsesión rubalcavista por recuperar a unas  "clases medias" que cada día le dan más la espalda, a juzgar por las encuestas, sea  también ella prisionera de una polarización social de la que intenta escapar. Cuando la  derecha  conservadora le acusa de alentar las movilizaciones, comparándole en el colmo  de los dislates ¡con Largo Caballero!, lo que expresa en realidad es su miedo a que el  desprestigiado PSOE se vea obligado a un giro a la izquierda, por muy leve que sea, para  intentar recuperar a su base social y ello haga posible la movilización del conjunto de las  clases trabajadoras. Lo que la derecha teme es el espectro de la Alianza Obrera de los  años 30. Para ello es imprescindible una ruptura con la orientación económica de un  zapaterismo que, lejos de haber salvado al Reino de España de la "intervención" como  pretende Ramón Cotarelo, simplemente le ha abierto las puertas a la troika europea que  hoy se pasea por Atenas, Lisboa y Dublín.

La reconstrucción política de la izquierda, el desarrollo de una alternativa que no sea el  callejón sin salida de una mera alternancia en la aplicación de los planes de ajuste  neoliberal depende hoy ante todo de una resistencia social firme, sin medias tintas,  unitaria, a las  contrarreformas del Gobierno del Partido Popular. Por eso es tan importante  que tenga éxito la huelga general del 29 de marzo.

NOTAS
(1) José Ignacio Wert, Los españoles ante el cambio, FAES, pág. 126,
https://www.fundacionfaes.org/record_file/filename/3249/LOS_ESPA_OLES_ANTE_EL_CAMBIO_web.pdf
(2) Barómetro del CIS de enero, https://datos.cis.es/pdf/Es2672mar_A.pdf (3) Informe sobre los recortes sanitarios de las comunidades autónomas, FASP,   https://www.fadsp.org/pdf/INFORME%20SOBRE%20LOS%20RECORTES.2.2012.doc (4) FUNCAS, el servicio de estudio de las Cajas de Ahorro había estimado en el mes de noviembre una caída del PIB  en el último trimestre del -0,5%, un paro del 22,5% y un déficit público del 7,5%. Ver "El difícil camino de la  consolidación fiscal", Ángel Laborda  y María Jesús Fernández, CIE n 225,   https://www.funcas.es/Indicadores/Indicadores.aspx?Id=1. (5) https://economia.elpais.com/economia/2012/01/24/actualidad/1327393974_850215.html. La estructura del paro,  cuando ya se han superado el 5,3 millones de desempleados es significativa a comienzos de esta segunda Gran  Recesión, iniciada en el ultimo trimestre de 2011. La construcción supone el 55%, sumando 295.000 despedidos al  1,2 millones acumulados entre 2007 y 2010. La industria ha perdido en otoño del 2011 55.000 empleos y los  servicios 305.700. Con una reducción en 53.400 personas en la población activa (23 millones), el 50% de los  parados lo son desde hace mas de un año y 1,5 millones de hogares no tienen entre sus miembros a ningún  trabajador contratado. Por otra parte, territorialmente la línea del río Tajo divide en dos al Reino de España: las  cifras por encima de la misma son inferiores al 20%, mientras que en el sur, alcanzan hasta el 28%.

(6) https://www.youtube.com/watch?v=bC9b6MEbV3E&feature=youtube_gdata_player

(7) https://elpais.com/diario/2012/01/27/economia/1327618801_850215.html

(8) No conviene olvidar que una parte importante de las diferencias de status y consumo entre las llamadas "clases  medias", los trabajadores de convenio, precarios y distintos niveles de pobreza, son resultado de una gestión  redistributiva via fiscal de las rentas de trabajo en el "estado del bienestar". Ver Anwar Shaikh, Who pays for the  "welfare" in the Welfare State? A multicountry study. https://homepage.newschool.edu/~AShaikh/welfare_state.pdf

(9) https://www.caritas.es/noticias_tags_noticiaInfo.aspx?Id=

(10) El ejemplo mas importante es Bankia. El banco surgido de Caja Madrid, dirigido por Rodrigo Rato, es el  principal financiador de la deuda pública de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de Madrid, además del  grupo PRISA, cuya deuda global se acerca a los 20.000 millones de euros. Bankia ha sido el principal beneficiario  en toda la UE del "maná" de Draghi: 15.000 millones de euros en la subasta de diciembre de 2011 y 25.000  millones en la de febrero del 2012. El BBVA ocuparía el quinto puesto de este ranquing con 22.000 millones de
euros. "Draghi`s cash tonic makes banks smile", Financial Times, 2-3-2012.   Antoni Domènech es el Editor general de SinPermiso. Gustavo Búster y Daniel Raventós son miembros del Comité de  Redacción de SinPermiso.