Acá estoy, de nuevo en el cerro, el camino hasta llegar a la pendiente de 90 grados está iluminado, me dieron vino los chicos de La Cámpora, después la trepada, hace calor, han puesto baños químicos, y agarrate de la silla: reparten bolsas para los residuos, dentro de las bolsas hay un almohadón para sentarse, la viñas nunca se secaron, las mantuvieron regadas todo el año, lo he estado vigilando.
Las sillas de aluminio y los sánguches y las bebidas en las dos mochilas hacen sentir su peso, pasa algo curioso, cada año tengo un año más, ahora subo como sexagenario, espero que hoy no llueva.
Cuando vos llegás al cerro lo único que pasa a preocuparte durante la primera media hora es asegurarte contra el piso, un falso movimiento puede crear el efecto dominó y podés terminar de pronto bailando el malambo en el escenario.
Las familias llegan y se arrojan, trastabillando, como el espectáculo, se arrojan por la pendiente sin saber qué va a ocurrir, igual que lo que sucederá más tarde allá abajo.
Logro atajar a Luciano, un niño hermoso, con ojos verdes y una canasta de rulos renegridos en la cabeza, ella, la cabeza no le envía órdenes adecuadas a sus piernas, pero su madre igual lo lleva y Luciano cae a mis manos, juntos hacemos equilibrio, como abajo, enseguida va a salir la Reina del año pasado y va a inaugurar la fiesta, y allí los escenógrafos tratarán de no caerse del escenario, del libreto; la música va a hacer equilibrio con los sujetos que cantan, es una fogata alrededor de lo mismo, los huarpes, los inmigrantes y San Martín y la Mar en Coche, y la Virgen de la Carrodilla...
Luciano logra sentarse, después la mamá se trepa arriba de las jarillas y las piedras y me regala un racimo inmenso y una sonrisa, y yo que soy un sexagenario pelotudo lloro por primera vez, después voy a llorar en el tributo de una bandita al flaco, cantan una canción de Spinetta, y más lágrimas, y miro al cielo, buscando la luna, la última vez que lo vi al flaco fue acá mismo, salió al escenario se deslumbró por la luz de la luna y dijo "no sabía que había un Cíclope también"...
Y arranca la fiesta, y después termina, y a vos te da ganas de cuerearla, de hacer un análisis. De compararla con la otros años, pero "no hay por donde" como dice El Chavo, es que la fiesta es como El Chavo, allí va a ocurrir lo que todos sabemos que va a ocurrir, todo gira alrededor de lo mismo, las cartas son las mismas, vos las podés barajar y cada partido parece diferente, pero el formato es el mismo... Vos te acordás del Manosanta de Olmedo? bueno tenía un formato que respetar, o Borges y Alvarez, variaban pocas cosas...
¿Por qué? porque ya lo dice el titulo: Fiesta de la Vendimia, es una fiesta, y una fiesta es una fiesta por definición.
Por ejemplo: la tragedia de Hamlet, si la ves veinte veces siempre es la misma, alguien la va a hacer con versiones contemporáneas, variaciones sobre el mismo tema pero seguirá siendo igual. Yo, honestamente creo que los periodistas deberían ahorrarse la crítica de la fiesta, deberían escribir un formato, y copiar y pegar todos años el mismo en el diario del domingo.
Pero algo ocurre, vos tenés ganas de que termine, porque ya te meás o porque te cansaste, pero al final te embarga una penita de que se vaya otra fiesta, y dejás de hacer equilibrio y bajás y te encontrás con gente que va al pie del cerro, allí donde la baranda de zoológico te inunda, porque los animales se hacen encima por los fuegos artificiales, y la gente, bah los yankees anoche le sacaban fotos a los guanacos y se fumaban el perfume, al final están las familias que van nada más que a escuchar el escrutinio...
Y salió la de Las Heras nomás, me enteré en mi casa y me alegré, yo nací y crecí allí, me reproduje en otro sitio, pero soy lasherindio de corazón y soy feliz con Wanda la polaca... y la gente grita por ella, por la nueva majestad, del reino del otro lado del zanjón de Los Ciruelos allí donde hay más gente a la que todo le cuesta un cachito más que a los demás, allí donde cuando te duele algo el dolor es lasherante.
Miguel Lisanti
La vendimia de Paco Awanda
"Y salió la de Las Heras nomás, yo nací y crecí allí, soy feliz con Wanda la polaca, la nueva majestad, del reino del otro lado del zanjón de Los Ciruelos allí donde a la gente todo le cuesta un cachito más que a los demás, allí donde cuando te duele algo el dolor es lasherante", escribe Lisanti.