Los sueños, sueños son

Dicen las viejas del barrio y algunos que saben (o creen saber) que cuando alguien sueña con tu muerte, en realidad te alarga la vida.

En mi caso, por desgracia, no fue asi, ya que soñaron con mi muerte y una semana después, espiché. O sea, dejé de tocar la guitarra para tocar el arpa. O sea, fui a donde San Pedro, que me atendió amigablemente y me dijo que tenía un tiempo de espera en el Purgatorio, donde evaluarían mi conducta por allá en la Tierra, como quien dice tomarían mi legajo personal, y de acuerdo a mi comportamiento, iría arriba (coro de querubines) o abajo (coro de diablillos).

Mientras estaba mi almita por allí, en el Purgatorio, en la parte real, o sea la Tierra, los deudos se amontonaban alrededor de mi féretro, donde yacía cómodamente instalado mi cuerpo, y así me enteré de varias cosas que opinaban algunos de mis amigos, que, ¡menos mal que me morí,pues en vida esos atorrantes no se hubiesen atrevido a decir tamañas cosas!

También fue el que me soñó. O mejor dicho, los que me soñaron hecho fiambre. Porque dio la casualidad, amigo, que varios habían soñado lo mismo, la misma noche, el mismo muerto aunque en distintas camas. Entonces, el comentario obligado era "Yo lo soñé, yo lo soñé" decían entre ellos. Yo creía estar escuchando al Indio Solari repetir un estribillo de una canción famosa de los Redonditos. "ibas corriendo a la deriva...." repetía yo sin que me escucharan, riéndome de la estúpida situación, y completando el estribilllo del peladito ricotero.

Mi vieja, pobre, compungida, preguntándose cómo podía haber sucedido. Los abrazos fraternales, los comentarios recurrentes y la crónica de una muerte anunciada que había llegado sin darme tiempo a arreglarme las mechas. O sea que no era tan anunciada la dichosa. O sí, pues me sorprendió el mensaje "soñé que te morías, amigo..." y la premonición que se hizo realidad. Ja. Qué buen chiste.

Lo bueno, si es que hay algo bueno en esto de morirse, es que flotaba entre nubes de algodón, tipo fantasma y podía ver la palidez de mi rostro, serio como perro en bote, desde una perspectiva efectivamente milagrosa y a la vez extraña. También recorría los pasillos de la sala mortuoria y las caras de los pocos que se habían arrimado a dar el pésame. Se ve que el "fisbuk" no había pasado todavía la noticia, pues si tenía tantos amigos que siempre estaban conectados para joder, pues ¿dónde estaban?

Algunos pasaban de ser meros amigos a ser contadores públicos, pues contaban y analizaban cuánto costaban los arreglos florales, el alquiler de la sala, la parcela donde descansarían los restos mortales. ¿Descansar dije? No, perdón hay un error. Mientras mi almita iba y venía del Purgartorio a la Tierra y viceversa, repasaba los hechos concretos y me decía a mi fantasma mismo, que tan mal no había hecho las cosas, que en una de esas zafaba y me quedaba a tomar mates eternos con don Pedrito.

¿Y mis amigos, los que me soñaron muerto? Si era cierto que se alarga tu vida, según mis cálculos, tendría que haber vivido más que Matusalén, o cerca por lo menos.

En fin, que no tengo idea cómo les va a llegar este pequeño relato, pero quiero que sepan que acá no se está muy bien que digamos. En el Purgatorio también hay quejosos, haraganes, colas para el baño, colas para cargar combustible ectoplasmático, acomodados que suben o bajan según la reputación de quien recomienda, alimentos racionados (somos muchísimos), puteadores, barras bravas, pro y anti mineros, etc. etc.

¿Cómo dice? ¿Qué por allá están igual? Bueno, no extraño tanto entonces. Lo que sí, tenga cuidado cuando sueñe y sobre todo, LO QUE SUEÑE, pues las viejas del barrio se suelen equivocar.