He tenido muchas veces divergencias con los dichos de nuestra Presidenta, pero en esta ocasión me parece importante destacar una situación que, más allá de lo político, ataca arteramente a una de las principales Instituciones de nuestro país.
Y la verdad, que la Presidenta trate a los docentes argentinos, como los trataría el personaje de “Doña Rosa” de aquel periodista que tuvo su pico de fama con el gobierno de Menem durante los ´90 (Presidenta que, dicho sea de paso, tanto acompañó Cristina Fernández junto a su marido en aquel momento, tal como se acompañan actualmente) me parece poco digno de un Jefe de Estado.
Plantear que un maestro es una persona que trabaja poco y tienen muchas vacaciones, o puesto en otras palabras, que lo trate de vago, lejos (como dijo) de respetarlos y tomarlos como colegas, me parece injusto y un atentado al corazón del deteriorado sistema educativo.
No voy a poner en valor cuestiones que seguramente los gremios se encargarán de hacer respecto al trabajo docente, pero debo reconocer que la abstracción simplista y reduccionista de la labor docente a cuatro horas diarias y tres meses de vacaciones, es errarle al diagnóstico y por supuesto a la solución.
Los sueldos docentes están deteriorados, y no representan el esfuerzo y la responsabilidad de su tarea frente a (nada más y nada menos) nuestros hijos; y están deteriorados porque los aumentos que se han dado no alcanzan, y los que piensan dar no cubrirán la inflación que no se quiere ver; y porque no en todas la provincias (principales responsables de los sueldos docentes) se vive la misma realidad.
La Presidenta habló de los docentes, pero a través de ellos expresó una política de ajuste salarial que limitará las negociaciones paritarias, y posiblemente se extienda a distintos sectores del trabajo; de ahí su enfrentamiento con los sindicatos. El problema es que el ajuste va a producirse en contexto inflacionario, de retirada de subsidios insostenibles ya por el Estado, con desabastecimientos de todo lo que se quiere restringir, y con las importaciones que impulsarán aún más los precios hacia arriba; baste el ejemplo de los combustibles y las interminables colas para obtenerlos, y no hubo anuncios en el discurso de la Presidenta que dieran soluciones a estos problemas importantes, que son síntomas de inconvenientes estructurales de nuestra matriz productiva.
En un intento de desprestigio a los docentes la Presidenta le dijo a la sociedad que faltan mucho por enfermedad; si hay que buscar una causa al ausentismo, ésta no es el capricho de las maestras por quedarse en su casa para no atender sus responsabilidades, sino en el sistemático retiro que los estados provinciales y nacional han tenido sobre el sistema educativo, deteriorando las condiciones laborales que tiene un maestro al enfrentarse a sus alumnos.
Las provincias tienen la responsabilidad de enfrentar el pago de sueldos con recursos cada vez más escasos, porque el Estado nacional acumula para repartir en lo que a él (alejado del problema local) le parece resolver. Entregar miles de netbooks o proveer millones de libros a las escuelas, no necesariamente es dignificar la tarea docente.
En definitiva, no he dicho nada nuevo; los argentinos de bien conocemos esto, por lo menos aquellos que tenemos a nuestros hijos estudiando en el país. Pero me pareció importante ponerlo en palabras, para que no vaya a creer que, con nuestro silencio, avalamos sus retos a los docentes argentinos, que han sabido volcar su esfuerzo para colaborar con la grandeza de nuestro país.
Los docentes tienen que ser reivindicados
Laura Montero.