"Casi la mitad de lo que gano me lo saca el Estado con impuestos. Del porcentaje que me queda un 25% me lo lleva la inflación. Me trato de defender de ese agujero que me hacen en el bote familiar comprando algunos dólares, pero ahora los bancos no me dejan hacerlo y tengo miedo de transar en las cuevas. Encima, a varios vecinos les entraron ladrones con barretas y pistolas este verano y les robaron los billetes que tenían escondidos en casa. ¡No hay escape, hermano, no hay escape!" Estamos tomando un café en Palermo Viejo, mi amigo votó a Cristina Kirchner y siente por primera vez en ocho años que el agua de la olla se está calentando.
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